30 julio, 2021

DOMINGO DE GLORIA… DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Me gusta mi ciudad. Me gusta porque sigue siendo ritual, litúrgica, solemne -cuando de ceremonias se trata- simbólica, alegre, calidad e íntimamente religiosa. Me gusta porque ha sabido, respetuosa de la tradición, cumplir su cita con el ceremonial de la “Semana Santa” asumiendo no si dejo de histrionismo la doliente actitud de penitencia.

Me gusta mi ciudad. Me gusta porque sigue siendo ritual, litúrgica, solemne -cuando de ceremonias se trata- simbólica, alegre, calidad e íntimamente religiosa. Me gusta porque ha sabido, respetuosa de la tradición, cumplir su cita con el ceremonial de la “Semana Santa” asumiendo no si dejo de histrionismo la doliente actitud de penitencia.

Catedral

Recomponiendo los recuerdos que se escurren por los ventanales del olvido, viene a mi mente la luz dichosa de la evocación del Aguascalientes en los días de recogimiento y reflexión guardando silencio para escucharse a sí misma. Recuerdos, arrepentida laceraba su orgullo y mortificaba su vanidad. Recuerdo, que me impresionaba el murmullo de su rezo, maraña de hilos de oración que, tejidos con el corazón conmovido, labraba el tapete reparador de la absolución.

Y me gustaba Aguascalientes celebrando los efectos de la compasión divina que olvidaba las penas ocasionadas por las ligerezas y devaneos de la ciudad. Y, puesto que las estrellas con el prende y apaga de su jaleo así lo daban a entender, comprendía que debía haber rejuego en el cielo pues, conforma la prosa de sus querubines, dicen que habrá más bendiciones cuando una ciudad pecadora se arrepiente, que cuando cien justos departen en el remanso de sus bondades.

Me gustaba Aguascalientes el viernes santo luego del viacrucis y la confesión pues, purificada por el exorcismo de la misericordia, festejaba el perdón obtenido esparciendo inciensos perfumados con el suntuoso aroma flotante de sus huertas, de las trepadoras, los jazmines de granadas abiertas y de los higos a granel. Y me gustaba la piedad de los toreros que se creaban inmolándose con heroísmo sobre las brasas de la pasión que hervía en la piar del ruedo. Recuerdos…

Todo por nosotros

Hoy me gusta recordar el dulce canto del sentimiento vivo de los domingos de mi infancia ya que vuelvo a escuchar el repiqueteo de los templos que anunciaban la alusión remembrada del milagro de la “resurrección”.

Y es en la recomposición de los recuerdos cuando me imagino la época romántica en la que las damas de sociedad, pulcras y risueñas, llegaban con rítmico apresuramiento al coso –plaza de toros San Marcos- oliendo a Colonia. Recuerdos, cuando fuera de los templos engalanadas con las blondas que lucían sobre las ruidosas crinolinas de las grandes ceremonias las abuelitas repartían sonrisas con sabor a perdón.

De nuevo en la plaza, me absorbían las damas aireando el abanico sus rostros apenas cubierto con matilla y tocado con la peineta. Recuerdos, ahora veo -imaginando- las multitudes que sudorosas y blasfemas se reunían en el teatro taurino que hoy es reliquia y monumento de la historia de Aguascalientes.

Aguascalientes, porque es como es, me gusta… Me gusta tal y como me gustan mis recuerdos que nacieron en un domingo de resurrección, en un domingo de toros.