28 abril, 2019

EXTENSA FUNCIÓN QUE SALDA CON DOS HERIDOS Y TRES OREJAS

FOTOGRAFIAS POR: PEDRO JULIO JIMENEZ LOPEZ
Quinta de Feria…
De los seis ejemplares que despachó el patrón de Jaral de Peñas, desuniformados en tipo, cuajo y tamaños, destacó el primero, un animal bravo, con fijeza, clase y recorrido. Más se esperaba de la partida de reses.

Quinta de Feria…

De los seis ejemplares que despachó el patrón de Jaral de Peñas, desuniformados en tipo, cuajo y tamaños, destacó el primero, un animal bravo, con fijeza, clase y recorrido. Más se esperaba de la partida de reses.

El coso Monumental de la antigua rambla “López Mateos” casi se llenó y el público fue testigo, además, de dos percances, afortunadamente sin réditos graves. El primero lo sobrellevó “El Cejas”, y el segundo el subalterno Rafael Zenón Romero, cuando el manso que obsequió el “Payo” le apretó para los adentros luego de un par de banderillas estrellándolo brutalmente contra la barrera, sacando la frente abierta y una posible fractura en la muñeca siniestra.

El autor: Sergio Martín del Campo. R.

De caja recogida, cortito y muy baja estatura fue el que abrió plaza, sin embargo, musculoso y de buen tipo; agréguesele bravo y noble; con la testa baja embistió surcando su huella largamente. Y el hidrocálido Arturo Macías (oreja, al tercio y oreja en el de obsequio) se puso a torearlo bien a pesar de las impertinencias de “Eolo”. Abrió con lances y un variado quite quedándose bien encajado en la superficie, luego corrió la mano sobre ambos lados, proyectando a los pases temple y longitud, sellando lo hecho con un espadazo contrario. Pero el toro bravo no dispensa la mínima incorrección, y antes de la suerte suprema le propinó un puntazo en el glúteo siniestro cuando practicaba “joselillinas”.

Ya “zurcido” en la enfermería, se volvió a apersonar en el círculo viéndose obsesivo y dispuesto, pero el astado pronto pegó las pezuñas en la arena y su esfuerzo no se vio redituado. Por ello decidió regalar un octavo, éste de Bernaldo de Quiros, plaga de la que no se puede aliviar la fiesta. Aunque manso, se dejó meter mano y el diestro le ejecutó una faena entusiasta, hábil y dinámica que fue de menos a más, que tuvo estructura y en la que brillaron varios naturales formidables. Con el público ya complacido, se fue tras el acero y lo dejó delantero y atravesado, habiendo de utilizar tres ocasiones la espada de cruceta.

Otra buena entrada en la Monumental

La más notada cualidad del precioso segundo fue su pelaje berrendo en negro, alunarado, gargantillo y calcetero, ya que resultó soso y sin clase, viéndose obligado el rubio torero de la heroica Querétaro Octavio García (pitos, oreja y palmas en el de regalo) a quitárselo de enfrente, no sin batallar para matarlo.

La faena a su segundo tuvo varias caras. Una, la inicial, en la que engranó estupendamente los muletazos, otra en la que los desunió, dando un pase, poniendo distancia de por medio y atrasando la muleta –lo que hizo cambiar de lidia al burel- y otra en la que, por estancado éste, acortó las distancias hasta casi hacerlas desaparecer; sin duda que arriesgó, y ello le fue bien aquilatado por el cotarro. Aunque la estocada fue tendida, a la clientela le pareció injusto el premio de una oreja y pidió insistentemente la segunda, asunto que desatendió el juez.

Insatisfecho, regaló un séptimo, llegado de los terrenos de Bernaldo de Quiros, y en la misma culpa llevó la expiación, pues el bóvido fue manso y exhibió marcados resabios.

El sudamericano Roca Rey (al tercio y palmas) presume, quitado de la pena, un sitio soberbio y una técnica formidable. Ya no es el atrabancado de antes; hoy, su sólido denuedo lo deja a disposición de su inteligencia, y con tales condiciones le forjó un emocionante trasteo al primero de su lote, un toro fijo, que pasó con franqueza, pero sin clase, y que terminó afianzándose al suelo. Lamentablemente atinó la estocada al tercer viaje, esfumándose el posible premio de un apéndice.

Cerró su paso por el serial cumpliendo decentemente delante de un bello toro que manifestó un durísimo juego, siendo su mayor inconveniencia el haberse pasado toda la tarde enviando violentos cuchillazos al final de cada muletazo.