30 julio, 2021

FERRERA Y VALADEZ, EN VOLANDAS

FOTOGRAFIAS POR: PEDRO JULIO JIMENEZ LOPEZ
Media entrada se vio en los escaños del inmueble taurómaco de la Expo-Plaza de Aguascalientes a cuyo ruedo salieron astados de dos ganaderías: Los Encinos, Montecristo (primero) y Cieneguilla (fracción de Montecristo que hizo quinto), formando una partida terciada y variada de tipo.

Media entrada se vio en los escaños del inmueble taurómaco de la Expo-Plaza de Aguascalientes a cuyo ruedo salieron astados de dos ganaderías: Los Encinos, Montecristo (primero) y Cieneguilla (fracción de Montecristo que hizo quinto), formando una partida terciada y variada de tipo.

Destacaron el cuarto, que se ganó el arrastre lento, y el quinto que fue despedido con las palmas de la concurrencia.

La lógica consecuencia del triunfo torero es la salida en hombros de quienes lo cuajan; y eso pasó como corolario de esta sexta de feria, protagonizando el hecho Antonio Ferrera y Leo Valadez.

El primero dejó otro sello brillante en la tierra de las aguas tibias con una faena de muy alta nota que si no se evaluó con el rabo fue por la colocación de la espada, y el segundo más esperanza de que se concrete como un diestro importante a corto plazo. Se le observó preparado, sereno, seguro y dispuesto, procurando en todo momento el éxito, mismo que llegó de manera sonada.

Dio apertura un gordo novillo venido a más y de una nobleza borreguna ejemplar, como mayor filial. Con clase fue tras la muleta en los primeros compases, pero fue más fuerte su mansedumbre y pronto se ancló en la arena. El extremeño Antonio Ferrera (silencio y dos orejas) solo ofreció detalles y estuvo decoroso, sin embargo, no pasó la frontera de lo regular, granjeándose cierto repudio, mismo que se acrecentó cuando dejó el estoque bastante delantero y caído.

Bonito de hechuras, apretado de carnes, pero sobre todo bravo y noble resultó el cuarto. Embistió franco de principio a fin, con recorrido y clase, condiciones que el extranjero hizo suyas para diseñar una faena tremenda. Centrado y concentrado manejó la muleta de modos exquisitos, dando dimensión extraña a cada pase, acompañando con la cintura y con su sentimiento el trazo del bicorne. Trasteo formidable dejó como una pieza torera muy valiosa en el que el cálculo y la expresión fueron puntos clave de su hacer emocionante. Se fue tras la espada y dejo ésta muy trasera, lo que redujo el rabo a dos apéndices.

Nítida, variada y completa labor capotera fue el aperitivo de lo que vendría luego de parte de Luis David Adame (división y palmas discretas), una faena asentada, llena de pases templados y tersos por ambos pitones en la que muy bien comprendió a su adversario, aquel toro soso, descastado y débil al que sacó el mejor provecho, pero al que no atinó a matar sino hasta el cuarto viaje y de un espadazo cabalmente defectuoso.

Inflado, abotagado de grasa, pero con rostro de juventud fue el segundo de su lote, aunque de buena calidad genética; mejor que evidenciada quedó ésta en su fijeza, buen estilo y recorrido. En algo le correspondió el joven prospecto a las virtudes acotadas y le forjó excelentes lances al saludarlo, posteriormente muletazos extensos y templados sobre ambos flancos; no obstante, dejó cierto hueco y una sensación de vacío, no pudiendo evitar que finalmente se le desmoronara un trasteo que tampoco supo bien terminar a la hora buena de la suerte suprema, dejando la estocada demasiado tendida al segundo intento.

Abiertamente dispuesto se desprendió del burladero Leo Valadez (oreja y oreja) y enfrentó a un toro bravo, recio y exigente al que no le logró una faena limpia pero si denodada y vehemente en la que destacaron las saltilleras del quite, los pases por bajo al inicio del episodio muletero y varios derechazos y naturales largos y templados pero un tanto desligados, terminando su hacer de estocada tendida y contraria.

Verónicas formidables, cargando genuinamente la suerte, iluminaron el ruedo cuando recibió al que cerró plaza. Pero vendría más, un quite por zapopinas bajando bastante la mano de la salida antes de entregar la capa al refugio de su espuerta. Lucido y atinado estuvo durante el segundo tercio y luego se encontró con un toro noblón y de modesto poder al que comprendió con exactitud, mostrando además ansiedad por el triunfo. Le dio el tiempo y el espacio justos burilando derechazos e izquierdazos de extensa dimensión, ritmo, limpieza y temple, siempre plantado en el palmo correcto, correspondiendo a su hacer con una estocada muy decente en ejecución y colocación.