8 mayo, 2019

LA “PELEA DE GALLOS”, SI BIEN ES SÍMBOLO DE AGUASCALINETES, AL NO SER “PASODOBLE” POCO TIENE QUE HACER EN LA PLAZA DE TOROS

Si bien es graciosamente estimulante, abrasivo y contagioso el canto del “viva Aguascalientes”, poco tiene de los aires conquistadores de torería. Se acepta, se tolera, pero que nunca jamás adorne y profane el ambiente con su pachanguera musicalización.

Si bien es graciosamente estimulante, abrasivo y contagioso el canto del “viva Aguascalientes”, poco tiene de los aires conquistadores de torería. Se acepta, se tolera, pero que nunca jamás adorne y profane el ambiente con su pachanguera musicalización.

Platicaba ayer –antes del festival de aficionados y ex-novilleros en la San Marcos- con aficionados. Cuando los escuchaba se apilaron los recuerdos. Me quedó claro que hay recuerdos productores de sentimientos que resuenan por su intensidad no menguada, y hasta llegan a tener resonancia sorprendente pues parecen hacer estallar el barro del cántaro que los contiene. Son efectos dormilones que plácidamente yacen en espera de los labios murmurantes que los despierten. Y es la nostalgia la que, a una voz, como eco timbrado, hacen que se incorporen y suban a la superficie vibrantes y estremecidos. Me gustaría recordar el primer “pasodoble” que escuché en una plaza de toros.

José Caro

Hoy suben a mi mente los que, cual estela viviente y danzante, labraron con sus majestuosas notas de rítmica marcialidad el “pasodoble”. Si bien no recuerdo el primero que escuché en una plaza de toros, si se desentume la sensación que me produjo. Fue afuera de la plaza San Marcos –por aquellos años la banda Municipal instrumentaba en la acera poniente de la calle Democracia antes de las corridas de toros-. Y en el interior de la plaza, sus notas me produjeron el doliente efecto gozoso de quien se estremece con los compases de las armonías de un más allá misterioso y cautivador. Aquella vistosidad sonora, la que conocí cuando la prestancia y gallardía de los toreros deslumbraba haciendo el paseíllo, al haberse convertido en el himno a la bizarra elegancia torera, a la majestuosidad solemne, al donaire gracioso, y a la vistosa liturgia del maravilloso espectáculo del toreo, se hizo del pasaporte a la perpetuidad que se ha quedado en mí para siempre.

Lo cierto es que el “pasodoble” tuvo la suficiente persuasión para despertar en mí sentimientos de piadosa devoción profana destinados al misterio glorioso del toreo. Lo cierto es que la elocuente arquitectura sonora del “pasodoble” me habló con vigor, dulzura y flexibilidad para contarme historias pasadas que cuando las evoco producen un estremecimiento tan dulcemente violento como el que se experimenta cundo se está en el punto exacto de la transición espiritual y emocional.

¿Para quién se compone el “pasodoble”? Solamente debiera componerse en honor a los diestros cuya singularidad radiante les obsequia un sello tan luminoso que, al convertirse en soles, son capaces de inspirar para que se les alabe con las misteriosas y mágicas armonías del brío y la delicadeza torera. Componerse únicamente para toreros que lo son en verdad toreros, y para circunstancias especiales…

Y es verdad que, bien me lo dicen mis recuerdos, el “pasodoble” me hace sentir tocado por un impulso rítmico que me abraza y lía a la torería galana, a esa clase privilegiada de seres humanos a quienes se les compone con especial dedicación composiciones musicales que en una sola unidad sonora y expresiva armoniza lo decorativo con lo sustancial, lo litúrgico y ceremonial con lo pinturero y gracioso, eso que hace uno lo grave con lo artificioso.

Finalmente, y en base a mis recuerdos, acabo de comprender que es el contrapunto del “pasodoble” el que sabe inspirar el canto del alma torera cuando es verdaderamente alma, corazón, cuerpo y espíritu toreros.

CON EL ENÉRGICO ALIENTO DEL “PASODOLE” ¿PARA QUÉ SE INVITA A LA PACHANGUERA “PELEA DE GALLOS” A PARTICIPAR EN LA COREOGRAFÍA DE LAS FAENAS DE MULETA?

¡QUE NUNCA JAMÁS VUELVA A SUCEDER TAL PROFANACIÓN!