3 agosto, 2021

ARRASTRE LENTO

PARA LA IMAGINACIÓN CUALQUIERA ES REALMENTE INDESCIFRABLE EL MUNDO DE LOS TOROS

Nadie podrá poner en tela de juicio la afirmación nada especulativa que sentencia que el toreo se genera, se explica y se entiende a través de un código tan exclusivo que sus valores extremos oscilan entre “LA LOCURA Y EL ÉXTASIS”.

PARA LA IMAGINACIÓN CUALQUIERA ES REALMENTE INDESCIFRABLE EL MUNDO DE LOS TOROS

Nadie podrá poner en tela de juicio la afirmación nada especulativa que sentencia que el toreo se genera, se explica y se entiende a través de un código tan exclusivo que sus valores extremos oscilan entre “LA LOCURA Y EL ÉXTASIS”. Coloquialmente se dice que al universo del toreo solamente acuden los que saben traducir a su propio idioma el lenguaje de la LOCURA.

Sí, en el cosmos del toreo, acaso como en ningún otro, se transcribe la excitante partitura de las emociones más encontradas que la imaginación pudiera concebir. Y es que en ese maravilloso mundo se funden con inusitado vigor la pena y la alegría, la duda y la repuesta, la curiosidad y la certeza, y se combinan tan sutilmente en un sortilegio tal que la alegría más ardiente se hace dolorosa soledad, y la pena se hace exquisita miel toda vez que es el dolor el rayo de luz que reconcilia al torero con la vida colmándolo de honores místicos y emblemáticos muy propios de los dioses de barro.

Sí, el mundo del toreo es diferente a todos los demás, Y es que, la mente de grandes genios -¿Habrá genios pequeños?- así lo ha descrito. Universo, cosmos, mundo, ambiente extravagante, único, indescifrable misterio de sombras de colores. Tan acusada es su controversial naturaleza que para algunos el toreo es como un “milagro redentor”.

“Milagro” que lleva, especialmente a quienes tiene el privilegio de sumergirse en sus íntimos abismos, a la extasiarte profundidad de la alegría y a la perturbadora solemnidad del dolor. “Milagro” para pocos; solamente para aquellos que pueden percibir la HERMOSURA DE LA CRUENTA BELLEZA DEL TOREO.

Sí, definitivamente el ambiente del toreo es un espacio tiempo paradójico, encontrado, incompatible con la razón que se sustenta con los argumentos lógicos del sentido común. Tan paradójico resulta que a los toreros los enorgullece simbólicamente lucir un cuerpo cocido a cornadas. Para ellos lo remiendo quirúrgicos en sus anatomías son medallones de premio, y equivale, al menos así lo equiparan, a las altas insignias merecidas por el valor exhibido en el fragor de la batalla.

Realidad que sugiere, al menos por la vía del reconocimiento, a rendirles tributo de admiración a los mártires del toreo que por la vía del dramatismo y belleza elevan y cultivan el espíritu de quienes tenemos la dichosa fortuna de sentir e interpretar el portentosos “milagro” del toreo. Sí, en definitiva, el toreo es una manifestación que se ajusta, con lógica semántica, a ser definido como un milagro que da luz y vida.

Sí, en definitiva, tal y como se estableció al principio de esta argumentación reflexiva, el universo del toreo es un cosmos diferente, exótico, extravagante, intensamente emocional, intensamente sentimental, espiritual, sobresaturado de colorido de luz, de aromas, de misterios y plenitudes, de alegría, música, poesía, drama y dolor. Arte, sangre: vida, muerte. Luz y sombra en una amalgama que da vida al milagro del toreo y sentido a los mártires héroes de la Fiesta, causa y origen de la notable admiración y respeto que merecen los toreros.