5 agosto, 2021

“SEÑO” VERÓNICA CASTAÑEDA…

Ayer, “Día de la Madre”, me fue imposible contradecir el heroísmo de las personas que, siendo “madres”, no se rinden ante el dolor, ni se doblegan ante la fatalidad. Y puesto que eres “madre de familia”, con el afecto de un condiscípulo de infancia –el cual se agigantó ante la influencia de tu hermano Carlos- me atrevo a compartir las ociosas reflexiones que la maternidad, el toreo, el dolor y la alegría me han llegado a promover.

Ayer, “Día de la Madre”, me fue imposible contradecir el heroísmo de las personas que, siendo “madres”, no se rinden ante el dolor, ni se doblegan ante la fatalidad. Y puesto que eres “madre de familia”, con el afecto de un condiscípulo de infancia –el cual se agigantó ante la influencia de tu hermano Carlos- me atrevo a compartir las ociosas reflexiones que la maternidad, el toreo, el dolor y la alegría me han llegado a promover. Espero no distraerte, y mucho menos predisponerte a malestares que para ti no tienen sentido. Pero como dichosamente eres “mamá”, bien sabes lo que sufre una madre ante el dolor de sus hijos…

Vero, déjame contarte…

Porque la he visto comportarse como tal, sería absurdo negar que HILDA TENORIO merece los mejores calificativos que se pueden adjudicar a un ser humano cuando es en verdad torero <a>. ¡Qué buen torero <a> es HILDA!

La he visto actuar desde niña: diría que desde párvula la imaginé jugueteando con trapos y garras que ya dibujaban siluetas de imaginación, trazos de fantasía con rasgos de imperio y perfiles de creatividad y mando. De niña llamó la atención; y de adolescente, sorprendiendo, no evitó que se anticipara el futuro al que le llevaría su precocidad. ¡Qué buen torero <a> es HILADA TENORIO!

Recuerdo haber platicado con ella cuando, en compañía de “Joselito” Adame, hicieron que los aficionados voltearan a mirarlos con admiración. Me sorprendió que su ternura natural no se hubiera encontrado satisfacción en el deleitoso juego de acariciar, poniéndoles nombres, muñecas y monitos de peluche. Todo pude haberme imaginado, menos que en la “chiquilla” hubiera un diseño existencial tan recubierto de valores profundamente humanos, propios de un mundo lejano a la niñez y adolescencia. No logré adivinar que esa vocecilla era la de un torero <a> excepcional; excepcionalmente tierno <a>, excepcionalmente valioso <a>. ¿Cómo, me preguntaba, era posible que ella, sabiéndose mujer –mujercita en edad- tuviera apetencia de volar alto en un mundo -atmósfera- en el que el triunfo tiene exclusividad masculina?

Lo cierto, y lamentable, es que las circunstancias impidieron que ayer –viernes 10- luciera el sobrio virtuosismo de su proceder torero en la –plaza- San Marcos. Una cornada la tiene convaleciente, demolida, más no derrotada. Viendo la tarde noche de ayer a sus compañeras en el añoso coso no pude sino lamentar la suerte de HILDA, y espantarme ante la gravedad de la pavorosa cornada que sufre. Y en ello he pasado los minutos reflexionado…

Aunque desconozco el sentir y pensar de HILDA, y siendo ella un ejemplo de torería, puedo adivinar y anticipar que ya querrá ponerse de nuevo el terno de luces y reaparecer. ¿Cómo le hacen los toreros –cómo le hará HILDA- para resistir los embates de las cornadas sin pretender hacer un giro existencial de manera radical y dedicarse a otra cosa toda vez que, por el contrario, reaparecen con mayor brío y enjundia?

Porque conozco el medio aseguro que los toreros <HILDA entre ellos> cuentan de manera natural CONUNA FUERZA SUPERIOR… COMO EL DE LAS MADRES.

Me queda claro que, a través de un proceso de aprendizaje, y de factores de carácter cultural, los que inciden en el manejo del dolor, la preocupación, la angustia y el sufrimiento, en la predisposición anímica, mental, moral y afectiva, los toreros y las MADRES establecen los límites de los nieles de conciencia y en tal proceso clarifican el hondo sentido de la realidad torera –humana- que con las experiencias van perfeccionando. Cuenta para ello con un componente psicológico que está adherido a su integridad “cuerpo-alma”. Así me queda claro que el valor y la vocación -torera y maternal- son parte sobre la que se realiza la cimentación de los grandes monumentos: las “mamás y los toreros”.

Cierto es que las vivencias dolorosas de las cornadas pueden modificar, y en algunos casos así ha sucedido, la personalidad de los toreros –y las mamás- al grado de hacerlos renunciar a su volátil vocación fingida. Y es que, en paralelo al valor, la vocación es parte fundamental en la historia de ambos de tal suerte que quienes no tiene vocación ni aires de torería –ni de maternidad- no cuentan con razones para convertirse en un ser pasivo y tolerante del estupor de las heridas.

¿Lo verán mis ojos? Por lo menos lo adivino, pero no está lejano el día en el que sin ocultar el dejo de una pasajera angustia, HILDA reaparecerá con profunda alegría toda vez que el torero, muy en estrecha proximidad con su “yo” integral, NO TIENE OTRO SENDERO POR EL CUAL LLEGAR A LA “CONTEMPLACIÓN” DEL SER QUE LOS DOTÓ DEL DON DE LLEGAR AL CIELO POR VIA DEL “MARTIRIO”.

José Caro

“La felicidad bienaventurada que se halla en la “contemplación” de las cosas divinas disminuye la intensidad del dolor del cuerpo; por eso soportan pacientemente los “mártires” sus tormentos, porque estaban completamente sumidos en el amor de Dios”. SANTO TOMÁS DE AQUINO.

Seño Vero… PUESTO QUE ERES MADRE DE FAMILIA, CELEBRO QUE ANTE TUS OJOS TENGAS UN MUNDO SORPRENDENTEMENTE MARVILLOSO: “LA PRESENCIA DE SUS HIJOS”.