5 agosto, 2021

ARRASTRE LENTO

De los placeres que cubren la tierra, el toreo es el que, facultado por la alegría del alma, a “locos” como yo nos lleva a la gloria emocional.

Ayer todavía seguía las discusiones: toscos alegatos sin conclusión. Unos cantan gloriosos que “Joselito” petardeó en Madrid; otros corean que Luis David haya dejado ir un toro de bandera sin provecho

De los placeres que cubren la tierra, el toreo es el que, facultado por la alegría del alma, a “locos” como yo nos lleva a la gloria emocional.

Ayer todavía seguía las discusiones: toscos alegatos sin conclusión. Unos cantan gloriosos que “Joselito” petardeó en Madrid; otros corean que Luis David haya dejado ir un toro de bandera sin provecho; aquellos replican a los primeros; éstos reprochan a los segundos. ¿Quién tiene la razón? Preferí escuchar, y hasta donde pude evité mi participación en la acalorada rebatinga.

Sonó la alarma de fastidioso teléfono celular; para contestar la llamada me retiré unos pasos del centro de las discusiones. Me sentí cómodo en mi querencia –la soledad- y distanciado unos pasos del grupo parlanchín, mis oídos me alertaron. Lo que escuché, sin ser novedad, ni sorprenderme siquiera, confirma que mi aislamiento tiene razón de ser. Hablaban de mí, pero no conmigo.

El comentario que escuché –no muy amable, por cierto- en relación con el “vicio” -alimento de mi alma- que sin lloroso arrepentimiento padezco y “gozo”, me dejó en claro que escribir es un placer de “locos”. Deleite que, sin proponerlo como objeto directo, causa risas, burlas y desprecios. En el –comentario- me decían de todo: lo menos fue “declararme patrimonio perpetuo del manicomio, haragán, gandul, iluso parásito que cree ganarse la eternidad añadiendo letras y palabras a sus incomprensibles textos y discursos que solamente entienden los orates como él”. ¡Pobrecito, se siente en el “paraíso”…!

Creo que tienen razón…

Y es que solamente a un perturbado como su servidor –o sea yo, José Caro- se le ocurre preguntarles a los seres humanos por qué, existiendo en la tierra asombrosos deleites –COMO ES EL TOREO- con afanoso empeño a otros –placeres- los buscan en la lejana distancia del “paraíso perdido”.

Tienen razón si me tildan de “loco” y todo lo demás –adjetivos impronunciables y de escritura prohibida en espacios como éste que llega a sus ojos- puesto que solamente a un “desequilibrado” como yo –aunque somos varios- se le -nos- ocurre afirmar que hay “placeres” que, ya en su ejecución, o ya en su admiración contemplativa, convierten al hombre en etérea sustancia romántica y poética. Placeres que, como ENAMORARSE del toreo a la VERÓNICA en su más pura y clásica expresión, o como el natural ejecutado al compás del recostar de la luna entre las estrellas a la gloria nos hacen llegar, siendo tan poco el parecido con los otros placeres mundanos que al cielo aspiran pero que en el infierno se quedan, no logran elevar al hombre tal y como lo eleva el placer del toreo en su ejecución y en su contemplación.

Me pregunto si ese mi placer “ESCRIBIR” que nada tiene de secreto, ¿será cosa de “locos”? Afirmo que, en todo caso, el placer no es en sí mismo un deleite “loco”, sino que más bien el “loco” es el que en él –placer- y con él –placer- vive.

Y tienen razón si creen en mi “locura”. Cómo no voy a estar “loco” si insisto en que hay placeres que, siendo un verdadero engaño, no han logrado que de mi ser manen, sin duelo, lágrimas corriendo de dicha. Lágrimas que han lavado los caminos al cielo, digo yo, lágrimas que, siendo nubes –nubes y agua son lo mismo-hieren como espinas.

Pregunta de “loco”: ¿Por qué nadie puede creer –me- que en el invierno DEL TOREO Y LA ESCRITURA se esconden tan íntimos e intensos calores que a la esperanza dan vida, a los sueños ilusiones, a los placerse venturas, y al arrepentimiento el cielo sin las quemantes brazas del purgatorio?

Ya me lo decía mi madre… “No sueñes hijo con los sueños que no sean soñados entre los pasillos de la tierra pues, mandándote al infierno, los hombres que no son como tú se creen habitantes del cielo”.

Después de todo, aceptando mi “locura” -APEGO Y AMOR DESMEDIDO AL TOREO Y A LA ESCRITURA- la que es contrahechura de la razón, si bien para los demás merece que se me expulse de los espacios terrícolas, para un servidor –o sea yo, José Caro- es suficiente para que confirme que LA FIESTA DE TOROS, EL TOREO Y LA ESCRITURA SON DIVERSIONES NO APTAS PARA CUALQUIERA. Son, en cierta manera, entretenimiento SÓLO PARA “LOCOS” COMO YO. Cuando esto escribo me viene a la mente –y al corazón- el sufrimiento de los “locos” que, enamorados hasta la “locura”, nunca su sueños y sentimientos han sido bellamente rematados, “con la revolera que pinta glorias en el firmamento”.

De tal suerte que, lo expreso entre las risas de un corazón que nada -o poco en todo caso- tiene de malvado, hay infinidad de placeres mundanos que son ridículas y engañosas ficciones, creencias huecas y fantasías fugaces –reglas celestiales de la religión- que cuando acaban colapsan al ser humano hundiéndolo en el inmenso océano de la insatisfacción.

¿El toreo –y el amor- son para siempre? No lo sé, lo que sí sé es que mis ojos han visto llorar a los ojos de naturaleza tan dura como el mármol que a las rocas tiene por quebradizas. ANTE LA MAGIA DEL TOREO “HE VISTO LLORAR DE GOZO A CORAZONES MÁS DUROS QUE EL ROBLE”.

VERDAD ES ENTONCES QUE MI “LOCURA” -VICIO DE ESCRIBIR- ES UNA FANTASÍA QUE NADA TIENE DE ENFERMEDAD.

NO IMPORTA, CELEBRO QUE MI ENFERMEDAD SE ENREDE EN MI SER TAL Y COMO LOS VUELOS DEL CAPOTE SE ENREDAN EN LA FANTASÍA DE LA “VERÓNICA”.

TERCA NECEDAD DE “LOCOS” ES LA MÍA: ¡SEGUIRÉ ESCRIBIENDO!