29 mayo, 2019

AGRADABLE DISGUSTO CON MI AMIGO EL “REPARADOR DE HISTORIAS”

Se me hicieron nudo las tripas cuando me dijo que… “La historia del toreo es un simple basurero”… Aunque mucho de su contenido pueda reciclarse.

Se me hicieron nudo las tripas cuando me dijo que… “La historia del toreo es un simple basurero”… Aunque mucho de su contenido pueda reciclarse.

Fue hace tanto tiempo que, sacudiendo el polvo que recubre el recuerdo, me doy cuenta de que con él -recuerdo- se podrían llenar bodegas y furgones. Tanto así. Lo cierto es que encontrándome ayer lunes en los pasillos del mercado Terán -Aguascalientes- sentí el jalón de la rienda de la memoria: llegué a ella, y luego de solicitar determinada cantidad de chorizo, y otro tanto de carne para asar, me di cuenta que las paredes de la carnicería, a la que domingo a domingo acudía siendo niño en compañía de mi tía “Quel”, ya no lucen como cuando, de chaval, me atrapaban los destellos de los cuadros, imágenes, utensilios y almanaques en los que los signos y señales taurinas eran los protagonistas de los murales y paredes.

Recordé a mi tía Raquel cuando, para evitar que se enturbiara la “pureza de chiquillo”, me decía que no escuchara el palabrerío del viejo carnicero que, entre frases y oraciones de matancero, “mataba a los santos con el cuchillo de la barbarie –en forma de blasfemia- religiosa”. ¡Qué mal hablado era “el marchante”! Pero qué pegajosos eran sus “decires” en filetes de groserías.

Hablaba con lujo de vulgaridades, y las prodigaba a favor de los “curas”. Y todo porque al hijo del ilustre matancero no le permitieron ingresar al seminario como aspirante al sacerdocio pues, estando establecido en el código interno del instituto conventual, a quienes provenían de una familia “sanguinaria” les estaba vedado acceder a tan insigne academia religiosa. Mi tía, pícara mosca muerta reía no sin amonestar al tablajero recordándole que “los matanceros de hoy, mañana pueden ser los puercos matados”.

En fin, eso fue ayer…

Lo cierto es que, tal y como sucedía en las carnicerías, en las peluquerías, en los talleres de costura –sastrerías-, en las reparadoras de calzado, e infinidad de boticas y tiendas, a las paredes las adornaban banderillas, cabezas de toros, divisas y montón de cuadros emblemáticos relacionados con la Fiesta de toros: manolas, almanaques, fotografías, muletas en miniatura, capotes del mismo tamaño, sin faltar desde luego el rostro afligido de la Virgen de la Macarena,… y a un lado el de la virgen de Guadalupe. Más allá, pero también como protagonistas de gala, las caras de Jorge Negrete, Agustín Lara, María Félix, Dolores del Río, y Pedro Infante, y abajito, la del Padre Femat, y la del padre “Toño”.

Eso fue ayer.

Y se lo conté a un mi cuate…

“Eso, -el asombro que te da la metamorfosis- me advirtió, te va a suceder cuando veas que todo cambia, tal y como han cambiado las carnicerías, las peluquerías, las tiendas y las boticas. Y todo en general…” ¿Qué mundo aquél, ¿lo recuerdas José?

Y cuando eso afirmé, y confirmé, me convulsionó la declaración del excelente aficionado a la historia –catedrático de la UAA- cuando, asombrado de la inclinación que sufro por el pasado del toreo, me dijo con delicada imposición…

“José, las cosas pueden cambiar en tu mente, pero en la realidad nada es posible cambiar ni modificar, por tanto, deberías de tomar en cuenta que la humanidad jamás se ha querido enriquecer lo suficiente y ser un poco más feliz aprendiendo de la Historia. A ella mírala como un “basurero”, y podrás entender muchas cosas que ahora te tienen cautivo en el romanticismo y la nostalgia.

¡Jamás!, mi querido amigo. ¡Jamás! podré ver como un basureo la Historia del toreo. ¡Jamás!

Luego recordé lo que ese mi amigo el reparador de historias –prepara su último ensayo versando sobre la “mentira histórica” que es la modificación -sub-posición dice él- de personajes y circunstancias- en alguna otra ocasión me había dicho de la Historia del toreo.

-“No es que no crea en ella –en la Historia del toreo-. Lo que ocurre es que en el teatro de los aficionados los personajes históricos brillan gracias a la iluminación y los efectos especiales en los que juegan notablemente la melancolía y el melodrama, pero en realidad son una sobre posición de ellos mismos modificada. Ten presente que la Historia es el cúmulo de lo que fue, no lo que ahora dicen que fue, por eso a los taurinos de hoy les importa un bledo que los aficionados viejos insistan en que el toro de ayer era más bravo, más arrogante, más primitivo, más salvaje… El aficionado moderno únicamente conoce lo que ha visto, y pese a que literalmente y hasta en imágenes se lo presenten ¡nunca lo conocerán tal y como fue! ¡Se imagina cómo fue! que es distinto.

Me dejó ciertamente confundido. ¿Cómo es posible –insistió- que los aficionados olviden la notable “actuación de los significados” si los toreros pasan a la ¿historia porque “significan” y no por ser capítulos numerados en estadísticas y cifras anecdóticas?

Y me puso un ejemplo: Si dicen que “todo tiempo pasado fue mejor”, ¿cómo explican por tanto que se argumente que hoy se torea mejor que nunca?

¿Usted –amable lector- que piensa?

¿Es o no es un basurero reciclable la historia del toreo?