9 junio, 2019

ARRASTRE LENTO

VERGÜENZA NO ES VESTIR DE HARAPOS SI EN EL INTERIOR SON LAS GALAS DE LA HUMILDAD, LA SENCILLEZ, Y EL AFÁN DE CULTIVARSE LOS QUE SE VISTEN

VERGÜENZA NO ES VESTIR DE HARAPOS SI EN EL INTERIOR SON LAS GALAS DE LA HUMILDAD, LA SENCILLEZ, Y EL AFÁN DE CULTIVARSE LOS QUE SE VISTEN

Hablábamos de la gran cantidad de toreros que, hace años, vestían con pena para los ojos, y tristeza para el alma: sus zapatos –tenis por lo regular- con agujeros en la suela, dejando ver los dedos trepadores de los pies que avergonzados unos sobre otro se encimaban para ocultase; camisa con botones prestados, y pantalones que daban risa, eso sí, muy acinturados y limpios. ¡Y ALGUNOS DE ELLOS FUERON FIGURAS DEL TOREO!

Por eso me pareció placentera la oportunidad de revivirlo en la plática.

Comprendo que no todo lo visible agrada la vista; entiendo que no todo lo que se mira complace a los ojos; advierto que no todo lo expresado conforta al entendimiento. Alcanzo a vislumbrar que en cuestión de opiniones en el medio –del toreo- se genera una curiosa confusión pues al taurino de “alcurnia” le resulta simple creer que el que viste harapos es tanto o más indigno que las hilachas de su vestimenta.

Por eso le dije a mi comadre “Toña” que no insista en suponer que las “apariencias” nada tienen que ver pues nunca verán sus ojos a un gerente de cualquier institución bancaria de prestigio atender a la clientela con el desaseo que sugieren las barbas no rasuradas y el rostro no acicalado.

-“Y si bien es cierto lo que dices comadre -ya entrados en plática- en el juego de las relaciones sociales las “apariencias” cuentan más de lo que suponemos. Y aunque es cierto lo que afirmas comadre –muy de ella es insistir en la sentencia que pese su cortedad tiene una extensa dimensión en su significado –“aunque la mona se vista de seda mona se queda”- hay vestimentas que no corresponden a la realidad, o realidades que no corresponden a la vestimenta toda vez que seguir tal ordenamiento sería como negarle a un pobre –en lo económico-, aún siendo mendigo y pordiosero, la virtud de ser rico en lo espiritual y millonario en lo intelectual”.

Y es que mi comadre “Toña” se aferra en que si bien su apariencia no es precisamente la de una “dama de élite”, y no por que ande –en su casa, y a veces hasta en la calle- con tubos en la cabeza y garras en el cuerpo, está impedida a emocionarse prestándole atención a la “cátedra” expuesta en libros, artículos y ensayos de las grandes eminencias de la cultura taurina.

Ni hablar, me gusta hasta el enamoramiento la rebeldía de mi comadre. “Soy como soy “compita” pero no (pdja) “tonta”, por eso me da un no sé qué contigo cuando me cuentas que hay varoncitos que afirman que solamente los hombres de reconocido prestigio académico pueden opinar –en los medios- y como ellos, así lo creen muchos “machitos” que al frente de un micrófono o de un lente de la cámara de televisión, o hasta con una pluma –computadora pues los bolígrafo ya no se usan en el periodismo- se eleva a las alturas de los globos que, “pinchados”, causan lástima cuando se estrellan en el piso.

-“No insistas “Toña” – argumenté con el propósito de disuadirle el afán de rivalizar con tanto aficionado “snob” que no ha leído ni la tercera parte de lo que la “cultísima comadre ha devorado con sus ojos, y asimilado con su espíritu. Ella, pese a su pobreza material, sabe que tiene el derecho de “presumir – cosa que jamás haría- su vasta cultura humana y taurina.

Hablábamos en su “cueva” de lo que según don FEDERICO GARCÍA LORCA, al respecto de lo que para él significaban el torero y el toreo, escribió en torno al hombre torero, entendido éste como el “sacerdote del misterio religioso –rito sacro- del toreo”. Y con su voz delicada en el timbre, pero recia en el concepto, leyó el último párrafo de la página. “Pero el hombre, si quiere ser verdaderamente hombre, debe disciplinar y conducir la fuerza con inteligencia, debe ennoblecer y sublimar el sexo con el amor. Le corresponde matar en sí mismo la animalidad primigenia, vencer el porcentaje del bruto –toro- que hay ante él. Su antagonista más evidente, en su voluntad de purificación, ES EL TORO. El hombre debe matar los elementos taurinos que hay en él: matar la adoración de la fuerza muscular agresiva y de la fuerza erótica, igualmente agresiva.”

-“Esto “compita” son conceptos que no está escritos en una papel callejero, por tanto no los pueden ver –acaso ni entender- el aficionado nuevo que no tiene por gusto y disciplina hacer que sus sesos se activen en la búsqueda de soluciones espirituales –y mentales- que dan explicación y justificación al símbolo y significado del toreo, por eso me río “compita” de tanto aficionado rico –que va hasta el fin del mundo a ver una corrida vistiendo y presumiendo sus galas- pero que en lo interior visten harapos, hilachas y garras tan usada que dan vergüenza al inventor de las miserias.

-“Por eso me caes bien “compita”, por tu ingenuidad y remolona tristeza, sobre todo cuando entre lamentos recitas eso de que –del mismo García Lorca, “la llevé al rio creyendo que era mozuela…”

¡Hay compadre”, nunca te diste cuenta de que la ingrata sabía nadar…”

La fotografía de la portada es Federico García Lorca.