11 junio, 2019

2 ARRASTRE LENTO 2

¿POR QUÉ EN EL MOMENTO PRECISO LOS “DUENDES” -FUENTE MÁGICA Y MISTERIOSA- SON INCAPACES DE EVITAR TRAGEDIAS Y DESGRACIAS EN LOS RUEDOS?

¿POR QUÉ EN EL MOMENTO PRECISO LOS “DUENDES” -FUENTE MÁGICA Y MISTERIOSA- SON INCAPACES DE EVITAR TRAGEDIAS Y DESGRACIAS EN LOS RUEDOS?

Asombrado, y violentamente impresionado, me resulta imposible quitar de la mente las imágenes del brutal “cornadón” que Román recibiera ayer en Madrid. Espeluznante, horroroso, pavoroso. ¿Cuál será el adjetivo propio del dramático trance que ha conmocionado al medio taurino?

Ante la crueldad de la realidad conviene la satisfacción a ciertas preguntas: ¿Existe el cielo como consuelo para los toreros si es propiedad de los poetas, si pocos toreros lo son -POETAS- en el ruedo? ¿Existe el infierno como castigo para los toreros si es propiedad de los pecadores, si pocos toreros lo son -PECADORES- en el ruedo? ¿Existe el purgatorio como ajuste de cuantas para los toreros si es propiedad de los arrepentidos, y los toreros no gustan de QUEDAR A DEBER ENEL RUEDO?

A Román las circunstancias lo bajaron del cielo; y las circunstancias en razón del sufrimiento lo aproximan al infierno, sede del dolor; y las circunstancias le obligan a “purgar” delitos pecaminosos que no cometió. Delito hubiera sido que haberle visto correr con el pavor dibujado en el semblante.

Preferimos mi amiga Toña, mi querida comadre, ante nuestra impotencia para responder con certeza tan ambiguo cuestionamiento, disfrazar nuestro sentimiento y, olvidando hasta donde es posible el “horror visual del trance”, tranquilizar nuestro asombro recurriendo a la charla, al intercambio de ideas y opiniones. Y dijimos –estaba con nosotros don Roberto, primo hermano de ella- y dijimos…

Dijimos –en todo caso dije- que es muy posible que nunca se unifiquen las teorías que expliquen la “realidad del cielo”. Unas no dejan de ser versiones fantásticas, y otras, incorporadas a la fría dimensión de la ciencia, no hacen sino sumar incógnitas sin solución. El cielo existe para los poetas pues lo tienen ante sí como revolucionada fuente de emocionada inspiración, y también existe para aquellos que, teniéndolo como consuelo, creen que en tal “morada” -paraíso- “fincarán su posada” cuando muden de albergue; pero para los “científicos”, empecinados en el ateo e irreligioso “raciocinio de la objetividad”, dicho “edén” no es más que una incoherente suposición extraviada de ciertos fragmentos de la invención humana.

Lo cierto es que cuando se habla del “cielo” el científico manifiesta una desdeñosa sonrisa que delata despreocupación pues no quiere perder el tiempo en encontrar algo que, de existir, es absolutamente inalcanzable. Pero los otros, los “poetas y el religiosos”, los que saben que “el sol no se va sino que duerme”, y que la luna y las estrellas no se esconden al amanecer sino que “se sumergen en el mar de las ilusiones” para acicalar sus mágicos perfiles que, conforme el giro de su rotación, brillarán con el espectacular esplendor “de la fantasía” para adueñarse del cosmos, y de los corazones, lo tienen tan cierto como cierto es el cohete que, incendiados los motores del alma, los transporta, empujándolos con la fuerza de la fe, al universo celestial donde la “física” carece de sentido.

Ya salió el clavo que hería la planta del pie… Y salió el origen del motivo de la reflexión que puso fuego como el sol al medio día en la reflexión que ayer ocurrió en la “casona vieja” –su pequeña casita en la que dos cuartos son muchos- de mi comadre.

Y es que entre poetas y toreros –“científicos” de las magias y los misterios- no hay duda de la existencia del “cielo”… Ah, pero entre los doctores de la ciencia taurina, aquellos aficionados para quienes las suertes del toreo –lances- no son más que repeticiones físicas sin instrumentación espiritual –disposición del ánimo y la conciencia-, la certeza –razón- los lleva a afirmar que “cielos” y “duendes” no pasan de ser soldados de la ignorancia toda vez que el torero profesional y responsable de su compromiso no requiere de auxiliares fantásticos para expresarse en el ruedo a plenitud. Para éstos, fríos como refrigerador en invierno, los toreros, habiendo mostrado su maestría sin la intervención de motores objetivos, no requieren ni de “cielos” -“reinos de la pureza-”, ni de “duendes” -“guardianes del paraíso-” y a veces íntimos -“emisarios del dolor y del llanto-”, o “-consejeros de la tristeza y la agonía- para adquirir la relevancia de los pilares del majestuoso universo del toreo.

Ya lo mencioné, nos acompañaba don Roberto, pariente de mi comadre, viejo aficionado que tiene pocas pulgas en el poco pelo que le queda -según propia confesión prefiere los piojos pues son más fáciles de liquidar-, no pudiendo controlar su irascible naturaleza, la que explota cuando alguien se aferra a las necedades, controlando su sentimiento por la desgracia de Román, pronunció palabras que, una vez pasados los vendavales huracanados de su apasionado torbellino verbal, compartiendo la tertulia con atención aceptó mi discurso…

Y fue cuando dije.

-“Estoy seguro que la poesía, la que no puedo tocar, mucho menos agarrar con éstas mis toscas manos, le ha dado vida a la canción que, siendo la misma, hace que la cuerda vibre

de diferente manera según las manos que la hacen vibrar, estoy seguro que la poesía se ha expresado en los ruedos. Claro que existe la poesía.

-“Estoy seguro que los duendes, pintorescos personajes a quien nadie conoce, al silencio le han dado tal sonoridad que su percusión ha estremecido montañas y catedrales, estoy seguro que han estado en los ruedos. Claro que existen los duendes. ¿Dónde estaban ayer?

-“Pero también estoy seguro que la inteligencia de los toreros “cumbre”, aquellos tenidos por “hieleras”, han dictado tan esplendorosas cátedras que el sentido y significado del toreo, elevadas –las cátedras- a la cumbre de la perfección –severidad en la regla- puntualidad en el tiempo, exactitud en la distancia-, a tales diestros se les han admirado como soles, ello muy al margen de los distintos tipos de ambientes en los que torearan.

-¿Y el cielo compadre? -preguntó ella.

-El “cielo” lo tienen los toreros sobre tu cabeza, y a veces se les esconde en la intimidad del sentimiento, y se calla en el silencio de la emoción, pero que los toreros han creído sentirse en él estando en el ruedo, es tan cierto como el azul de su color.

-Y los duendes están por ahí, y vagan por allá. Si para unos no existen, para otros son sus principales consejeros que, cuando faltan a la cita, destrozan la constitución creativa de los toreros. Pero eso de verlos -al cielo, a los duendes, y a los misterios y a la magia, nunca será posible hacerlo, al menos en este mundo que, por limitado, hace fantasmales a los impulsos creativos de la imaginación– creatividad de espíritu- EMOCIÓN SAGRADA- de los toreros…

“DOLOR SAGRADO HA DE EXPERIMENTAR EL CUERPO DE ROMÁN EN MADRID”.

2.- ARRASTRE LENTO

¡ALGO PASA!… “DENTRO DE UNO MISMO”

NO HE PODIDO ENTRAR EN EL TÚNEL DEL ENTENDIMIENTO CON QUIENES NO TIENEN IDEA DE LO QUE PARA EL SER HUMANO -EL HOMBRE TORERO- SIGNIFICA, A CAMBIO DE HONOR Y COMPLACENCIA ESPIRITUAL, SOPORTAR EL GLORIOSO SACRIFICIO DE LA CORNADAS. Y HASTA LA MUERTE.

La expresión -ALGO PASA DENTRO DE UNO MISMO-, poco contenciosa de argumentos filosóficos, por su simplismo parece decir nada. Empero, entendida con buena voluntad, en su fondo resguarda ciertos matices humanos que sin ser balas de cañón “matan” a quienes niegan la validez de contemplar y admirar al toreo -TEMOR Y ENCANTO- con ojos soñadores y románticos.

Desde mi etapa de “vaquero”, la que ocurrió cuando fui aspirante a novillero, en la que se toreaban “vacas” toreadas en las ferias de los pueblos, y luego como novillero formal, supe que “ALGO PASA, DENTRO DE UNO MISMO” cuando te encuentras con la verdad. Supe también que cuando se es auténtico la verdad del toreo repulsa y rechaza el torbellino siniestro de la mentira. Alguien (*) me decía que la verdad del toreo es asombrosamente conmovedora por dentro, y espectacular por fuera; y que la mentira es seductora por dentro, y encantadoramente artificial por fuera; supe que la primera hace gozar a plenitud, y que la segunda se vive con arrepentimiento.

La frasecilla “ALGO PASA DENTRO DE UNO MISMO” me la dijo un aficionado sorprendentemente dolido e ingenuamente irritado. ¿Cuándo don José, me preguntó, “EL AFICIONADO MODERNO VALORARÁ EN SU JUSTA DIMENSIÓN LAS GRANDES MARAVILLAS QUE SE SUCEDEN ACTUALMENTE EN LAS ARENAS DE LAS PLAZAS”? ¿ ¿CUÁNDO ENTENDERÁN QUE LAS CORNADAS NO SON UN NÚMERO ESPECTACULAR DEL CIRCO”?

Huésped de su mundo noble y “soñador”, compartí la tesis del aficionado que como excursión melancólica al pasado me remitió a la infinita grandeza de las monumentales obras de los gigantes constructores del toreo. Y es que, olvidando el ayer, me queda claro -convencido estoy- que ahora se han creado notables maravillas que hacen que “ALGO PASE DENTRO DE UNO MISMO”. Y coincido con mi amigo aficionado: “aún sobreviven toreros cuya actitud y pericia en los ruedos hacen las delicias despertando notables niveles de entusiasmo en la concurrencia –cada vez más escasa- a las plazas de toros”.

Penosamente. ¡Sí!, “penosamente” hay “infracciones” que, cometidas por personas del medio desprestigian la sublimidad ganada con la “sangre y nobleza” de los toreros que elevaron la categoría del espectáculo. No es necesario referirlas ni apuntarlas pues el “buen aficionado” sabe cuáles son las máculas modernas que denigran la “sagrada” historia del toreo.

Lo cierto es que no deja de parecer extraña y hostil la relación del taurino viejo con la realidad presente del toreo moderno, sobre todo con la realidad promocional de los empresarios que, ahora en su modalidad de “regentes” y “formadores de toreros”, ignoran al aficionado que fiel y honradamente mantiene la Fiesta de toros comprando su boleto para acudir a las plazas convertidas en abandonadas bóvedas que en tiempos pretéritos fueron recintos de excitantes audiciones emotivamente dramáticas y estéticas.

En la charla con mi amigo el aficionado tan sólo me quedó el recurso de prestar oídos a sus reclamos. ¿Por qué se empeñan hoy ciertos aficionados en denostar LAS GRANDES MARAVILLAS QUE SE SUCEDEN PARA ADMIRARSE EN LAS ARENAS DE LAS PLAZAS?

Lo que no pude negar es que en la actualidad hay aficionados que tristes y abismados abandonan las plazas pues YA NO ALCANZAN a posicionarse de las alturas en las que los elevados sentimientos y estados de ánimo les permitan que sus espíritus se consuman voluptuosamente en la orgía de sensaciones tan dichosas que el mismo cielo no encarnaría en la tierra.

Vaya ocurrencias las de mi amigo el aficionado: lo real es que platicando con él me volvió al cuerpo la necesidad de confortar la sensación de sed, de aquella sed en la que el toreo no es sino una excitante dulzura, dulzura increíble que, solicitándola a cada instante, nos permite reconocer que el toreo SE APRECIA Y SE VALIDA únicamente cuando en el interior del practicante y el observador, ALGO PASA DENTRO DE ELLOS MISMOS”.

¿Qué ven los ojos de los aficionados don José que cuando están ante la verdad del toreo NO PASA NADA DENTRO DE ELLOS MISMOS?

Y verdades son LAS CORNADAS.

Y verdad es HASTA LA MUERTE.

(*) Don Rafael Rodríguez Domínguez “El Volcán de Aguascalientes.