30 junio, 2019

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DUELE QUE LOS AFICIONADOS AL TORO USEN LAS PALABRAS CON DENIGRANTE Y OPROBIOSA FALTA DE DIGNIDAD HUMANA

DUELE QUE LOS AFICIONADOS AL TORO USEN LAS PALABRAS CON DENIGRANTE Y OPROBIOSA FALTA DE DIGNIDAD HUMANA

Hay de payasos a payasos.

Los ojos de él, y seguramente los míos también, -el pasado miércoles en la calle Venustiano Carranza- al encontrarse de frente unos a otros, sin poderlo evitar delataron complaciente sorpresa y gozosa incredulidad. La última vez que nos habíamos saludo físicamente fue en diciembre de 1980; ello ocurrió cuando el grupo al que pertenecía –BOMBERO TORERO- realizó la que sería su postrera incursión en Aguascalientes.

La intensidad emocional del instante nos obligó a despreciar el solemne protocolo de cortesía, y lo que fue una impresión vacilante y confusa en seguida, y luego de un fuerte abrazo, confirmó la solidez de nuestra amistad. La historia es larga: por tal motivo es conveniente abreviar. Lo cierto es que, por la noche, lo invité a compartir con un grupo de aficionados. Sin poderlo evitar aquello se convirtió en tormentosa pesadilla.

¡Vaya temple y control de mi invitado!

Con inmutable serenidad soportó la metralla, y con pasmosa entereza y tolerancia dejaba que el amargo rumor de la voz que, fastidiosa, con patética alegría y sonoro entusiasmo denigraba a ciertos toreros calificándolos de “payasos”. Palabras a las que la inflexión y el sentido expresivo las hacían sonar como suenan las que acusan tan grave falta de dignidad humana que por sí mismas son despreciables; aquellas eran palabras injuriosas, palabras contenedoras de los bajunos vocablos de la ruindad.

Su apariencia era cierta. Adentro de él todo estaba en orden en tanto en el aire sonaban hirientes conceptos que a cualquier otro hubiera hecho explotar de rabia y malestar. Mi amigo, modesto diestro que en sus inicios actuó en la cuadrilla de toreros cómicos –charlots o chirotes- española –EL BOMBERO TORERO-, renunció a dejarse llevar por la ira, y con ejemplar estoicismo “puso la otra mejilla”.

Menuda vergüenza sintió el parlante cuando, puesto de píe “EL APAGA FUEGOS” Y “MODESTO MATADOR DE TOROS” para despedirse, y sin dibujar nada que reflejase aires retadores, el sencillo personaje tomó la palabra, y con ejemplar y admirable afabilidad

pronunció conceptos que, seguro estoy, conmovieron al ofensor al grado de moverle hacia la sincera contrición.

–“Maestro, dijo el caballero dirigiéndose al locuaz que vociferaba, permítame comentarle que, puesto que de joven fui torero cómico, y sé de lo que se trata, lo cual hice con mucho orgullo y afición, sus opiniones me hacen creer que, o confunde usted los términos, o desconoce de lo que está hablando. No creo que sea sano que un aficionado como usted se burle de los matadores de toros llamándoles “payasos” y menos que a éstos –a los “payasos”- les crea ser incapaces de tener “dignidad”.

Debo agregar que cuando la concurrencia aplaudió la valentía de mi amigo, el “modesto matador”, el rostro del “ignorante” parlanchín y aficionado con “guasa” y leche aceda se tornó caleidoscópica faz de mil colores.

Serenados los ánimos, y ya con claridad en el oriente, a la velocidad del rayo me llegaron a la mente múltiples ideas que bien podrían equipararse a las enriquecedoras reflexiones nocturnas que suelen llenar de luz los pantanos y las sombras. Y recordé, recordé lo que mi amigo el “modesto matador de toros y pintoresco torero cómico” –“payaso”- me comentó hace muchos años.

“En el toreo, siendo una actividad que impulsan las alas de la inteligencia, el espíritu, la imaginación y la sensibilidad, convertida en una manifestación ritual y solemne a la que enmarca el exigente rigor de la seriedad, también caben, aunque en sitio aparte, el humor y la risa. Y no es la “burla burlona” quien los patrocina”.

Y recuerdo que me decía:

“Al humor noble -toreo cómico-, a la risa envuelta en frescura y libertad, y a la luz celeste de la alegría, en el ruedo las eleva el gesto de un hombre que con humildad ama la belleza y adora la bondad; es el gesto de quien, disfrazando su verdadera identidad, y transformándose en forma llamativa, da vida al “charlot”, típico personaje insignia del sano y buen humor torero”.

Y agregaba. -“La distensión del rigor de todo festejo serio que ocurre en las charlotadas, permitiéndole al espectador familiarizarse con las suertes más habituales, nos da a entender que el “payaso”, poseedor de cierta fuerza de espíritu, recurriendo a la pirueta artificiosa y a la hilarante gesticulación ¡TAMBIÉN TOREA!”

“Y es éste “payaso”. -no el bufón de la máscara fría y la sonrisa postiza, sí el de rostro que calca la ingenuidad de niño; no el que marcha, sí el que baila- ¡TORERO AL FIN! el que, con su vestuario poco habitual, y maquillada su cara, realiza trucos, malabares y rutinas

inteligentemente habilidosas, el que crea las situaciones absurdas y comprometidas a voluntad para causar que emerja la hilarante explosión sonora del público en las plazas de toros”.

Lo cierto es que, con ellos, con los charlots y “payasos”, se gesta la oportunidad de visualizar el ridículo toda vez que en las rutinas truculentas que realizan, aparentemente contradictorias a los cánones, permiten que el espectador pueda reírse de “LA TRAGEDIA MAL LOGRADA”.

“ASÍ DE NOBLE Y GENEROSO ES EL TOREO”. Ello nos hace entender que el toreo cómico en el fondo es un deseo de desalojar del medio, “haciendo reír”, los asfixiantes aires de solemnidad y tragedia en que vive envuelto el toreo serio. Y queda claro que con el toreo cómico se abren grandes posibilidades para que se oculten las soporíferas ventiscas del cansancio, del miedo, y hasta de la tristeza, presencias asiduas en la rutina acostumbrada en la celebración de los festejos “normales”.

Así las cosas, no queda sino aplaudir a quienes con sus malabares toreros son capaces de invocar la risa, y la carcajada fácil. No queda entonces sino entender la bondad del toreo que, generoso, nos permite asimilar que la risa en el ruedo, “QUE NO LA BURLA NI EL RIDÍCULO”, ES SALUD, QUE ES BÁLSAMO EXITENCIAL, QUE ES BRISA PLACENTERA.

Y puesto que en cierto sentido el toreo cómico como expresión cultivada también es una realidad que se acerca a la dimensión del arte teatral, al aficionado no le queda sino agradecer su existencia.

Y qué bueno que existan “grandes caballeros”, como mi amigo el “modesto matador de toros”, y también “torero cómico”, que estimulan al aficionado a concederle respeto y “dignidad” hasta el más humilde de los toreros en cualquiera de sus formas.

Cuando nos despedimos le pregunté a mi amigo el torero cómico si su apariencia era impostura para engañar: su cabellara blanca, tan blanca como la nieve de los polos, y su rostro ajado, parecían cómico disfraz. Me dijo que no, que era el obsequio de la vida a un vagabundo que cuando joven, y todavía de viejo, SIGUE BUSCANDO LA GLORIA EN LAS FALDAS DEL TOREO.

José Caro

ARRASTRE LENTO 30 DE JUNIO DE ENERO DE 2019

¿DESDE CUÁNDO LA MARAVILLOSA “AVENTURA EMOCIONAL” DE LA “POESÍA” TORERA ES COSA DE INÚTILES Y PARÁSITOS?

POETAS, ¡PRÉSTENME SU MÁGICA PROSA Y SU ENCATADA RIMA!

Para no fomentar infundios, ni promover confusiones, antes que nada, deseo hacer pública mi admiración a los “poetas” pues éstos, rara especie humana, siendo seres excepcionales, no suelen compartir el mundo –su mundo- en el que viven enclaustrados a manera de prisión. Lo cierto es los “bardos”, tocados por el misterioso influjo de la “inspiración”, tienen la facultad de abrir la puerta de lo real poniendo de manifiesto lo que, siendo también real, por intrincados designios celestiales permanece oculto.

De tal suerte que, descubierta mi fervorosa tendencia e inclinación admirativa a los “poetas”, -¿cómo no rendirle admiración y veneración a uno de los máximos “poetas” del toreo mexicano: DON ALFONSO RAMÍREZ “El CALESERO”?- en seguida intentaría relajarme con el mágico y encantado decir de los “vates” que, usando el lenguaje, sencillo o rebuscado que sea, tiene la gracia de obsequiar luz y remanso. Así, imitándolos, y para que mis palabras las escucharan los océanos, y mis sentimientos pintaran de colores los cielos diría –escribiría-: “HOY ME SIENTO EMOCIONADO”, y recurro a los poetas.

Empero el sentido común me pone la alerta pues raudo me recuerda lo que grandes celebridades –orates del pensamiento- han dicho de mis venerados creadores de fantasías: “los “poetas” son animales parásitos, bestias estériles, y su oficio, divertimiento de inútiles, simplemente no sirve para nada”. ¿Sera cierto tan agresiva afirmación?

Aún así, e intentando expresarme como ellos, diría –escribiría-: “HOY ME SIENTO EMOCIONADO”.

Y es que un anti-taurino, helado su pensamiento, y fríos sus sentimientos, tanto o más que las cimas del Everest, -no en balde es maestro de filosofía en la Universidad Autónoma de Guadalajara- me insinuó que mi locura es grave: ¿Por qué crees José que por el sólo hecho de que tú seas taurino el mundo tiene que conmoverse con LAS TORMENTAS DE TU ALMA TORERA, esas que, según lo confiesas, LLENAN TU CORAZÓN DE SENTIMIENTOS?

Por alguna razón creo entender a los “poetas” que, contra la opinión generalizada, nunca están en soledad. Por experiencia propia me atrevo a confirmar que “LA POESÍA ASUSTA A LA SOLEDAD, Y EN CIERTA MANERA DESPRECIA LA TRISTEZA”. El “poeta” nunca está solo, “pues siempre vive en compañía de sus sentimientos”, Y SI LLEGA A SENTIR LA DOLOROSA CARICIA DE LA TRISTEZA, AL RECREARSE EN ELLA LA CONVIERTE EN HADA MADRINA DE SU INSPIRACIÓN”.

Pues sí, hoy domingo al amanecer me sentí desconcertado pues si bien pude gozar con los alegres y luminosos “pequeños grandes detalles poéticos” de los toreros artistas, los que admiré en la continuas repeticiones de la noche de ayer en la computador “la tristeza” se hizo presente al ver lo que para mi amigo el filósofo constituye “un tosco remedo de bravura” –como tosco remedo es la suerte de varas según el académico- en los animales que se vienen lidiando en México -débiles y sin brío corporal-; y luego mi sentimiento sintió la tristeza –otra vez- al entérame que las entradas –afluencia de espectadores-, es nula en casi todas las plazas en las que se reproduce el espectáculo.

Me descorazona lo real: “El desaire social al toreo”. Pero creo entenderlo a condición de contemplar lo que está oculto en el ancho pozo, hondo y oscuro, de la mecánica administrativa de la Fiesta de toros en México.

Me duele decirlo –siempre y cuando sea una verdad expuesta- pero poco tiene de “poética” la administración del espectáculo. No es pocas ocasiones las empresas han dado la impresión de estar convertidas en simples tartanas en la playa: “una mitad adentro y otra mitad afuera”. Una mita adentro, su legítimo derecho a lucrar y ganar, verdad que no puede estar oculta.

Y la otra mitad afuera, su fingido romanticismo y “poesía” pues, lo que menos les conviene es comportare como los grandes vates que por inspiración, romanticismo y poesía prefieren la moralidad de sus sentimientos al engaño que apetece sin misericordia las grandes bolsas de dinero como ganancias.

Por ejemplo. ¿Cuándo habrán de invertir los empresarios, o los apoderados, inclusive los mismos toreros, en equipo médico que los salve de cualquier emergencia en plazas que, increíblemente, carecen de los servicios elementales para la salud corporal de los actores y protagonistas en los ruedos?

NI HABLAR, HOY DOMINGO ME SENTÍ EMOCIONADO, Y AUNQUE ME RESULTE NADA POÉTICO RECONOCERLO, UN CON UN POCO DE TRISEZA.

POETAS, ¿POR QUÉ CON SU MÁGICO DECIR Y SU INSPIRADA CONTEMPLACIÓN NO ELEVAN LA FIESTA DE TOROS PARA QUE LOS OJOS DE LOS SERES HUMANOS PREFIERAN LA ARMÓNICA CONVIVENCIA RESPETÁNDOSE UNOS OTROS, Y NO CONTINÚEN CON SU DOLOSO DE ACABAR CON EL ESPECTÁCULO?