6 julio, 2019

LEONARDO HERNÁNDEZ CORTÓ CUATRO OREJAS Y TRIUNFÓ DE VERDAD EL CAPEA

El ganadero lidió cuatro toros extraordinarios y uno de ellos fue premiado con la vuelta

Leonardo Hernández cortó cuatro orejas, salió a hombros y nadie le va a negar la íntima satisfacción de alcanzar un triunfo tan importante en la feria de San Fermín.

El ganadero lidió cuatro toros extraordinarios y uno de ellos fue premiado con la vuelta

Leonardo Hernández cortó cuatro orejas, salió a hombros y nadie le va a negar la íntima satisfacción de alcanzar un triunfo tan importante en la feria de San Fermín.

Es un buen rejoneador y hace tiempo que lo ha demostrado, posee una buena cuadra y cuenta con una cualidad esencial: conecta con facilidad con los tendidos, gesticula exageradamente con manos y brazos a la salida de cada suerte, dirige el caballo hacia las tablas a galope tendido mientras el público, puesto en pie, lo jalea como si acabara de presenciar una maravilla.

Leonardo Hernández salió a hombros tras cortar cuatro orejas.
 

Estuvo bien Hernández en Pamplona si por ello se entiende que divirtió a los tendidos. Pues, sí, estuvo bien. Templó con torería a lomos de Enamorado ante su primer toro, un animal bobo y borrachuzo, y alcanzó su punto culminante al clavar tres banderillas cortas al violín y matar de un rejonazo fulminante.

Un toro de bandera fue el quinto, y Hernández alcanzó, por momentos, la altura de su oponente. Se lució en banderillas con Calimocho, y de nuevo enloqueció al público con otras tres banderillas cortas al violín, pero esta vez el rejón de muerte cayó contrario, lo que no fue impedimento para que volviera a pasear dos orejas, en esta ocasión acompañado por el mayoral de la ganadería.

¿Fue una actuación redonda la de Hernández en sus dos toros? No. No mereció el doble trofeo en su primer toro, inválido y tonto, ante el que solo pudo destacar en el tramo final. Y mejoró sensiblemente ante el quinto, de menos a más, correcto casi siempre, pero clavando a la grupa, defecto importante y habitual en el rejoneo moderno.

Añádase un dato fundamental: esta plaza de Pamplona es una tómbola que concede trofeos si se encandila a los tendidos de sol y se mata con rapidez. Y algo más: la presidencia es de broma. En dos palabras, la exigencia, condición fundamental en plaza de primera, no la conocen por estos lares.

En veterano maestro estuvo Hermoso de Mendoza ante el cuarto, encastado y codicioso, y ofreció toda una lección de temple con Disparate, torero de verdad, y se lució en banderillas con Arsenio, y en un par de las cortas a dos manos con Pirata, pero como no acertó a la primera, se quedó sin puerta grande, aunque sea paisano. El primero fue un toro mecánico, un juguete, un autómata, parado y moribundo de salida.

El mejor toro de la tarde le tocó a Roberto Armendáriz. Fue el tercero, que embistió con brío, alegría y calidad durante toda la faena, pero el caballero no está preparado para triunfar ante un oponente tan serio. Le sobra ánimo y disposición, pero carece de la técnica que, se supone, se gana con la experiencia. Mejor ante el sexto, otro buen toro, en especial con las banderillas, montando a Farruco, pero tampoco acertó con el rejón final.

Total, que el triunfador de ley fue El Capea, que lidió cuatro toros extraordinarios.

La corrida de hoy. Toros de Puerto de San Lorenzo, para Emilio de Justo, López Simón, y Ginés Marín.

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