18 febrero, 2020

EL SUEÑO POR UNA FOTOGRAFÍA

Lic. Isidoro Cárdenas Rodríguez, está Usted servido.
HABÍA UN joven que nunca negó su reverencia y arrebato por el quehacer taurino de don Carlos Arruza, que es de quien hablaremos hoy ya que está cumpliéndose un siglo de su llegada a este mundo, el posteriormente también llamado “Ciclón Mexicano”.

Lic. Isidoro Cárdenas Rodríguez, está Usted servido.

HABÍA UN joven que nunca negó su reverencia y arrebato por el quehacer taurino de don Carlos Arruza, que es de quien hablaremos hoy ya que está cumpliéndose un siglo de su llegada a este mundo, el posteriormente también llamado “Ciclón Mexicano”. Ese adolescente, el seguidor, inclusive ya había tenido ciertos casuales acercamientos con el torero sobrino del poeta León Felipe, hermano de doña Cristina, la madre del coletudo.     

“SU PERCHA” impresionaba, a leguas se notaba que era un torero, aclarando que siempre vestía de manera normal y semejante a cualquier ciudadano, si acaso las botas camperas que acostumbraba, nada de paliacate o gazne al cuello, menos sombreros o boinas tan usados por taurinos de antaño y actuales. No se disfrazaba de eso, de taurino, no lo requiera, era un espada de pies a cabeza, un ídolo allá y acá, una figura del toreo por el lado que le busquemos.

Grandes amigos.

DON JOSÉ Miñón “Toriles”, presentó a ambos, ellos ocasionalmente se veían, inclusive se saludaban, sucedía en casa de uno de sus parientes del espada ya que uno de sus menores familiares menores asistía al mismo colegio que el adolescente admirador, quien al paso de los meses decidió dejar los estudios para intentar hacerse torero. Hablando de eso…

FUERON VARIOS los años que las pequeñas placitas de pueblos le sirvieron de aula al neofito, nada de cuadernos o libros, capote hilachudo al igual que la decolorada muleta salvadores de noches heladas a la orilla de las carreteras, tierra por doquier, desaires en infinidad de tentaderos, siempre soñando, visiones y espejismos con un pollo asado, con un gordo trozo de carne magra entre ensalada avinagrada, prometiéndose, algún día, al retornar a la casa materna, recorrer su cama hasta donde con solo estirar el brazo encontrara el refrigerador. Divina ilusión que la tenía convertida en pesadilla constante.

CONFORME EL tiempo pasaba asimilaba los consejos de sus mayores, llegó a sumar un corto número de novilladas formales y presente estaba la tarde del 17 de abril de 1966 cuando su ídolo hizo acto de presencia en la plaza San Marcos, fecha en que “El Ciclón” pasaporta a su enemigo desde la jaca logrando un estoconazo nunca antes visto en ruedos nacionales. Creció la admiración, pero la vida continuaba y había que seguir buscando torear donde y lo que fuera.

Sin trucos.

LA TEMPORADA en el fronterizo Ciudad Juárez estaba por iniciar, era publico que en la plaza Alberto Balderas sería un largo ciclo de manos a mano y se requeriría de sobresalientes, por ello no lo dudo dos veces y de inmediato se dirigió a esa población. En su momento el gerente operativo de la plaza, don Jacobo Haboba, le aviso que saldría “de sobres” en la corrida del día 22 de ese mes ya de mayo sin saber quiénes conformarían el cartel para esa fecha.

DESANDANDO DOS semanas… Si, dos semanas antes de llegar a la frontera hubo de pasar forzosamente por la ciudad de Chihuahua, ahí vio anunciado a su ídolo en corrida pasada, muy para sus adentros continuó su camino imaginando como serian esas tardes de don Carlos llenas de vítores gracias a sus triunfos al lado de figurones españoles y mexicanos. Un hombre educado, noble, de buenos sentimientos y respetuoso con sus semejantes, prueba de ello fue el anuncio de cancelar varios contratos y su temporada de 1945, ciclo en que sumó 108 festejos y esto lo hacía por humildad y respeto a Juan Belmonte, así veneraba el palmarés de don Juan Belmonte que había toreado 109 en 1919… ¡¡¡Oleé por los bien nacidos!!!… Proseguimos.

“La percha”

LLEGÓ LA fecha en la debía de salir la publicidad dando, desde luego, a conocer a los aficionados quienes pasaportarían 6 de Carranco -misma que debutaría en esa fecha, propiedad por entonces de don Ricardo Gómez Meade y don Carlos Gómez Muriel- y el soñador adolescente no lo podía creer… ¡¡¡Carlos Arruza, claro que, a caballo, alternando con Guillermo Carvajal y Jaime Rangel!!!

MIEL SOBRE hojuelas, la ilusión a punto de hacerse realidad, si no se le permitiera hacer un quite de seguro lograría el anhelado recuerdo de la fotografía al lado de don Carlos, en el patio de cuadrillas, partiendo plaza, en el callejón, donde fuese, pero la gráfica debía de lograrse. Pero…

CIERTO ES que el destino es irrebatible, tan solo dos días antes de la tan esperada fecha la muerte le había extendido una invitación al torero y debía asistir puntual a la cita, un tramo de la carretera a Toluca escuchó, y vio, como la lujosa camioneta donde viajaba el sobrino del poeta León Felipe se hacia pedazos dejando en la incredulidad a la afición mundial. Carlos Arruza muerto, nadie lo quería creer, el amigo de Manuel Rodríguez “Manolete”, dejó la vida en la carretera contando con solo 46 años.

Su último paseillo

LA CORRIDA de ese domingo desde luego que se suspendió en respetuoso luto. Para el siguiente fin de semana el paseíllo se hizo en silencio, en el tendido había de Aguascalientes estudiantes de la Escuela de Agricultura Hermanos Escobar, al llegar al coso saludé a los hoy titulados Enrique del Valle de Alba, a Marco Antonio Díaz Lara, a Leopoldo Ramos Ángeles, hijo de El Ahijado del Matadero, a Jorge Oviedo, y a un pequeño puñado más de excelentes amigos que iban en compañía de los paisanos.

LA FOTO del recuerdo quedó para el futuro, para cuando el soñador adolescente deje este mundo. Puedo dar fe de lo escrito, quien anhelaba la fotografía era yo.

EN PAZ está el Maestro, pasaran años pero su recuerdo, cariño y respeto siempre ira in crescendo, así de grande es “El Ciclón”.

… Nos Vemos.