23 febrero, 2020

¿LA FIESTA EN PAZ?

Temporada como grande: las cuentas alegres y no tanto

Como si hubieran armado un rompecabezas propio de su edad, los señores que gestionan la Plaza México –los más adinerados en la historia de la tauromaquia, no olvidarlo-, una vez concluida la llamada temporada grande 2019-2020, celebran el puntual cumplimiento de sus particulares expectativas, la cabal realización de sus proyectos y el eficaz alcance de los objetivos fijados.

Temporada como grande: las cuentas alegres y no tanto

Como si hubieran armado un rompecabezas propio de su edad, los señores que gestionan la Plaza México –los más adinerados en la historia de la tauromaquia, no olvidarlo-, una vez concluida la llamada temporada grande 2019-2020, celebran el puntual cumplimiento de sus particulares expectativas, la cabal realización de sus proyectos y el eficaz alcance de los objetivos fijados. Dicha celebración se sustenta en la autocomplacida autorregulación de las empresas medianamente responsables, tanto con su especialidad como con su nivel de profesionalismo y el sentido de servicio con el público, en teoría el que posibilita su negocio ya que la autoridá se convirtió en convidado de piedra de los prósperos autorregulados. En la fiesta de toros y en lo demás.

Empeñados en su obsesión de hacer de Joselito Adame el torero más importante de México –ninguneado en España, no obstante la supuesta fuerza de la FIT y la ganadería de Zalduendo, propiedad de Bailleres–, señalan que en el serial recién concluido el citado diestro numéricamente alcanzó los mayores dividendos, pues en su paso por la Plaza México cortó un total de siete orejas en cuatro corridas, gracias en buena medida, les faltó confesar, a los manirrotos, por maniatados, jueces de plaza.

Jubilosa, como si de juguete nuevo se tratara, la empresa aclara que al de Joselito debe sumarse el nombre de Antonio Ferrera, con un palmarés de cuatro tardes, cuatro orejas y un indulto, además de haber cautivado a la afición con su sentimiento y entrega hasta ser identificado ya como un torero consentido. Pues sí, habida cuenta de que Ponce ya se va, Morante necesita el de la ilusión, Castella no calienta, El Juli no quiso venir y Roca Rey no triunfa con los bueyes de arado que le sueltan, pues entonces ¡ya tenemos nuevo consentido importado y aprobado, yupi!

En su informe, la empresa afortunadamente no olvidó el desempeño de José Mauricio, que causó un gran impacto y es la revelación de una temporada en la que obtuvo cinco orejas en igual número de actuaciones, lo que sin duda le está abriendo las puertas de muchas plazas de provincia, donde ahora mismo es una novedad, no obstante su veteranía. No, pos sí. Te dejo parado, te haces veterano, por fin te doy chance en mi plazota y te vuelves novedad. Es lo que se llama el rigor de resultados a la inversa.

“En lo tocante a Uriel Moreno El Zapata –prosigue el informe de la empresa–, se llevó tres apéndices en dos tardes, demostrando, una vez más, su rentabilidad como torero”. Mire, torero rentable sí es, pero si a su discreta administración ustedes añaden la incorregible colonización que se cargan, contratando banderilleros espantamoscas, figurines aguados y yernos de antiguos consentidos, pues ni para dónde hacerse. Lo bueno es que la rentabilidad en su caso no es prioridad. Y esta perla no tiene desperdicio: “de la totalidad de trofeos concedidos, que fueron 32, los aztecas –sicucha con penacho– se llevaron un total de 22, por apenas –para que aprendan– 10 de los extranjeros”.

Sin perder el humor, remata: “la afluencia de público tuvo sus vaivenes –olé–, y fueron mejores las entradas en la segunda mitad del ciclo, un hecho que debería de servir para hacer una revisión del formato de la temporada, a la que le urge un cambio que vaya acorde con las necesidades de un público que ya no está habituado a ir a los toros todos los domingos”.

Como bien observa El Bardo de la Taurina, refiriéndose a la nueva empresa: ¿Por qué continuar con los ojos vendados al grado de confundir un formato de feria con uno de temporada? Un año más la falta de sensibilidad empresarial.