1 marzo, 2020

SOLVENTES NOVILLEROS SIN TROFEOS

Noblemente se encaminó la afición hidrocálida al viejo inmueble taurómaco de la colonia San Marcos hasta completar un lleno de “No hay boletos”. Hasta las canales se vio completado el aforo para lo que fue la segunda función menor de la campaña 2020.

Noblemente se encaminó la afición hidrocálida al viejo inmueble taurómaco de la colonia San Marcos hasta completar un lleno de “No hay boletos”. Hasta las canales se vio completado el aforo para lo que fue la segunda función menor de la campaña 2020.

Para dar consecuencias a lo anunciado la empresa se entroncó comercialmente con los ganaderos de Cerro Viejo, dehesa jalisciense, quienes desembarcaron un encierro con seis novillos cuajados, de excelentes piensos, aunque irregulares de tipo.

Mala resultó la partida de reses según calificación general. Al ser pasados por la importante suerte de varas, la mayoría cumplieron, incluso recargando con poder el segundo y el tercero, sin embargo, en el resto de la lidia manifestaron falta de casta –silbidos se escucharon al ser sacados del escenario los restos del cuarto-. Sálvese de la mala nota el tercero, un cuadrúpedo que embistió con recorrido, franqueza y buen estilo y para cuyos restos se calentaron las palmas cuando eran llevados al patio de carniceros.

No hubo orejas, es cierto, pero los tres alternantes dejaron buenas impresiones a la clientela por sus buenas maneras, disposición y oficio. Son tres chavales para los que se observa buen futuro en esta imposible profesión de lidiar reses.

Miguel Aguilar “simplemente” ratificó que en él se mueve un torero firme, valeroso, con clase y carácter. Alejandro Adame, venido de protagonizar un petardo en la campaña 2019, se observó en mejor estado y mejor concentrado. Sus experiencias en tauromaquia práctica, vividas muchas en la península ibérica, fueron reveladas y mejoró su cartel ante sus paisanos.

Arturo Gilio, mientras tanto, quien se presentó como novillero en Aguascalientes la tarde a cuentas en esta cuartilla, fue quien más cerca estuvo de empuñar algún apéndice. Es entusiasta, variado, fresco e, igualmente, manifiesta oficio. No han sido de balde sus incursiones en el extranjero. Claro quedó.

Presumiendo sus finas hechuras se hizo presente en el nimbo el primero de Cerro Viejo; un bicorne que se entregó con nobleza hechizado por la calidad y temple del joven Miguel Aguilar (al tercio tras modesta petición y palmas), quien primero le lanceó variada y suavemente con la capa y luego le trazó la faena con la muleta, llenando un quehacer pensado, sereno y bien hecho. Ya rajado y defendiéndose el adversario, se arrojó tras el acero dejando una estocada casi entera, tendida y contraria, empero efectiva.

Su segundo le desplegó un examen que aprobó el aguascalentense. Aquel se venía y se retornaba en las delanteras, y éste, firmemente, siempre estuvo correctamente colocado y manejó atinadamente el engaño, proponiendo un desempeño que le dejó bien parado entre los entendidos, cerrando la comparecencia de un espadazo efectivo al segundo viaje.

Con poder y complejidades arribó el segundo de la tarde al último tercio. Alegre y enjundioso lo saludó con la capa el moreno joven Alejandro Adame (división tras aviso y palmas) quien posteriormente, una vez armada la sarga, solventemente, respaldándose en la técnica y sobre todo en su actitud de metal, paulatinamente le sacó las mejores cartas, le arrancó muletazos de alto mérito y le ganó la batalla en aquel su desempeño que merecía mejor acabado con la toledana.

Otro ungulado complejo le correspondió en su segundo turno. Probón como él solo, cuando iba lo hacía calamocheando hasta que finalmente afianzó sus pezuñas sobre la arena, no quedándole al novillero otra opción sino la de proyectarse dispuesto, cumplir con decoro, resumir cuentas y despacharse con un espadazo brillante en ejecución, colocación y efectos.

Formidable utrero veleto soltaron en el turno tercero; su fijeza, buen estilo y nobleza quedaron de muestra en el redondel. Consciente de ello el lagunero Arturo Gilio (al tercio y palmas) desplegó inventiva, creatividad y entusiasmo para ruecar una faena variada y bien hecha con capote, banderillas y sarga, sirviéndola con media estocada tendida y delantera mas un par de golpes con el arma de cruceta.

Su segundo, descastado, le obligó a usar el oficio que tiene muy aprendido y pacientemente logró que el antagonista atendiera la muleta desgajándole pases plausibles, quedando sobre éste, dada la meritoria labor que concluyó de tres cuartos de acero ligeramente delanteros y dos descabellos.