10 abril, 2020

¡NO LO PUEDO CREER!

CUANDO LA CABELLERA BLANCA NO PRUEBA CIENCIA NI VIRTUD EN SU COLOR, POR LO MENOS AFIRMA QUE HAY “EXPERIENCIA”

Tengo claro que la experiencia es sinónimo de prudencia. Ojalá y sea ese el perfil de mi comentario: la prudencia.

CUANDO LA CABELLERA BLANCA NO PRUEBA CIENCIA NI VIRTUD EN SU COLOR, POR LO MENOS AFIRMA QUE HAY “EXPERIENCIA”

Tengo claro que la experiencia es sinónimo de prudencia. Ojalá y sea ese el perfil de mi comentario: la prudencia.

Y con prudencia me pegunto ¿La realidad es cómica, o la comicidad se torna realidad?

Me llama la atención que, viviendo -Viernes Santo- en la cumbre de los días en los que por salud el mexicano –término generalizado y no particularizado- se desenvuelve dentro de los “perfiles de purificación”, bajo el rostro mustio del perdón y la oración se escondan intenciones tan vulgares que el rostro de éstos causa risa. ¿La realidad del corazón de algunos seres humanos es cómica, o su comicidad se torna realidad?

Lo cierto es que a pesar de la “experiencia” que me ha dado el recorrer a trote los caminos del mundo… ¡No lo puedo creer!

He sumado las noches en las que, sorprendido por el asombro, no pude conciliar el sueño… me asustan todavía las sombras fantasmales de la perfidia… ¡No lo puedo creer!

Y habiendo sumado los días en los que, enceguecido por los rayos del sol, no pude sino apenas ver la silueta de la falsedad y la hipocresía humana. ¡No lo puedo creer!

Me arde la herida, pero me consume el incendio del tormento.

¿Por qué hay seres así? Nunca he logrado entender cómo es posible que existan individuos que se deleitan poniendo lodo y basura en la bolsa de los caramelos de los niños que, crédulos en poder saborear profundamente el azúcar de la golosina, con dolor se encuentran que su paladar se llena de estiércol…

¿Pudo haber sido el coronavirus una maniobra humana –de los poderosos con verdaderos poderes- con claras intensiones no declaradas?

¡No lo puedo creer!

Particularizo mi inquietud y protesta…

No puedo creer que sin haber interés de mi parte por dañar, ofender, o delatar a nadie en particular, existan personas que, apropiándose de la contraseña de mí correo, modificando textos, han multiplicado una serie de ofensas a terceras personas que no están en mi necesidad de lastimar y ofender.

A todas aquellas personas que se han sentido lastimadas por palabras que, puestas en mi boca -o textos- se han sentido lastimadas por expresiones que nunca he ideado, ni escrito ni pronunciado, les comunico que no soy yo quien ha cometido tan absurda bajeza.

No se crea que, dado el aire de arrepentimiento que esparce el día –Viernes Santo-, imploro clemencia. Lo que solicito es la comprensión de aquellas personas que, creyendo lo que yo no he dicho, escrito o pronunciado, se dejan influenciar por quienes, usando mi nombre en las redes, se sienten heridos por las balas de la maledicencia humana.

Mi conciencia se siente tranquila, aunque ciertamente apenada por saber que hay personas que siendo parte central de mi estimación, admiración, reconocimiento y respeto -aún aquellas a las cuales no conozco- se han sentido lastimadas por ideas, opiniones y comentarios de sujetos que, valiéndose de mi nombre, en la cobardía del anonimato han trasmitido para ofender con palabras que yo nunca he pronunciado.

(Por ejemplo, ayer por la tarde, encarándome un viejo conocido, me espetó iracundo: ¿“José es cierto que publicaste que yo estoy recluido en casa no por el virus, sino para cachar a mi vieja cuando le llegan extrañas visitas…”?)

No, No. En verdad que “no lo pude creer”…