8 julio, 2020

¿EXISTIRÁ ACASO UN MODELO DE AFICIONADO IDEAL Y CUYO COMPORTAMIENTO SEA GUÍA Y EMBLEMA?

¿De qué calibre ha sido la respuesta de la familia taurina ante la pandemia? Aunque tengo por cierto que tan “célebre” personaje es inexistente, mucho se acerca a él quien tiene la gracia de saber escuchar con la “sabia” paciencia del adulto, de decir con la prudente mesura de la experiencia, y aconsejar con la imparcialidad de la madurez.

¿De qué calibre ha sido la respuesta de la familia taurina ante la pandemia? Aunque tengo por cierto que tan “célebre” personaje es inexistente, mucho se acerca a él quien tiene la gracia de saber escuchar con la “sabia” paciencia del adulto, de decir con la prudente mesura de la experiencia, y aconsejar con la imparcialidad de la madurez.

En las siguientes líneas, -conceptos desfigurados- habré de refirme a un viejo aficionado que, permitiéndolo, aceptó que utilice su “excelente decir”, más no decir de quién se trata. Todo empezó cuando mi “viejo” amigo preguntó: José, ¿El sueño de la “unidad”, sustento de las familias tradicionales, es en realidad la matriz del concepto “ideal” de la llamada “familia taurina”?

Tomando en cuenta que el término “ideal” alude a una realidad abstracta y subjetiva, me cuesta trabajo tener a la mano un patrón específico de su significado toda vez que su ambigüedad impide su contención. Lo “ideal” puede ser una maravilla inspirada en sentimientos -idea y cultura- tan personales que por su individualidad resultan incompatibles por su naturaleza con los del vecino. Cada quien tiene su concepto de lo “ideal” a su medida. Y cada quien tiene su personal concepto del aficionado “ideal”.

Así las cosas, hay perfiles que pueden, amanera de esbozo, dibujar los contornos de la personalidad de un aficionado ejemplar. ¡Tengo uno! ¿Cómo llegué a él? Muy sencillo. Lo obtuve observando el comportamiento y la actitud de don Alfonso. Él, incorporado a la abigarrada compañía de los reclusos en la prisión de la vejez, al paso de su equilibrado andar va dejando huella tan imperecedera que seguirla en persecución evita tropiezos y resbalones inoportunos.

Él, don Alfonso, sonríe cuando escucha -o lee por ahí- que alguien se refiere a la “familia taurina” pues, según su sereno decir, debiendo ser un marco conceptual, la “familia taurina” no pasa de ser un simple referente que elude la precisión. ¿Quiénes forman la “familia taurina”? Alguna vez le escuché comentar: “¡Qué familia tan desunida!”

La “familia taurina”, así lo dijo don Alfonso, no deja de ser una ilusión en medio de la patética fragmentación de los aficionados que, pese a su inclinación a la corporeidad social, su cuerpo se desvanece sin haber estado nunca liado ni unido. Dice don Alfonso que, curioso cómo es de las causas que producen ciertos fenómenos en el medio taurino, anduvo mucho tiempo en la búsqueda de la–personalidad y esencia inmaterial-de la mentada “familia taurina”, y que, después de su fatigosa búsqueda, tuvo que renunciar con aires de frustración. ¡Buscaba lo que no existe! Por suerte un día llegué a descubrir lo que al paso del tiempo habría de atraerme al mundo de sus ideas y concepciones. Sin protocolos lastimeros don Alfonso expone sus perfiles “ideales”. La “familia taurina” debiera existir toda vez que, dispersos aún los aficionados, “se mueven al compás de un mismo latido”, “están hechos de un mismo polvo”, y “su base está compuesta de un elemento común”, por ello me parece extraño que su marco referencial –sustancia elemental de las familias-, no sea “la unidad”. ¡Qué familia tan desunida! -“Es normal”, afirma don Alfonso, pues en el concierto de la vida de la Fiesta se instrumentan compases discordantes que, sin haber sido invitadas, los producen cuerdas que suenan tan faltas de armonía que su instrumentación produce efectos sonoros tan encontrados y caóticos y que solamente un genio como director podría unificarlas en armonioso conjunto.

Y le doy –aunque no quisiera-, la razón a don Alfonso. A pesar de tener fracturas que ni con el tiempo han soldado, y tener huecos que no has sido llenados por la raquítica y anémica solidaridad del medio, y de las grietas que dan paso a los vientos maléficos de la destrucción, no deja ser un sueño de los idealistas, “que la familia taurina corporice de tal manera que siendo una e indivisible, su unidad sea tan ejemplar tal y como fueron los “atlas” en la mitología griega.”