9 agosto, 2020

PACO CAMINO (I) LA INTELIGENCIA TORERA

El Niño Sabio de Camas

Paco Camino fue un caso de precocidad e intuición taurinas. Su aparición en el toreo sorprendió a todo el mundo. Tanto que lo bautizaron con el remoquete del “Niño Sabio de Camas” al considerar que era “un novillero muy listo”.

Un sonriente y joven Francisco Camino Sánchez, Paco Camino, en 1960 año de su alternativa

El Niño Sabio de Camas

Paco Camino fue un caso de precocidad e intuición taurinas. Su aparición en el toreo sorprendió a todo el mundo. Tanto que lo bautizaron con el remoquete del “Niño Sabio de Camas” al considerar que era “un novillero muy listo”.

Paco Camino recibe la alternativa en Valencia de manos de Jaime Ostos con Mondeño de testigo.

No pude ver a Paco Camino –por edad y circunstancias- en sus primeros años de novillero y matador de toros y, por supuesto tampoco en sus extraordinarias actuaciones mexicanas. Pero en lo que vi, tengo que decir que siempre, siempre me llamó la atención por su inteligencia y poderío ante la cara del toro.

Camino siempre planteaba inteligentemente sus faenasAquí está lidiando con el capote a un toro el día de su reaparición en Manizales, el año siguiente a la muerte de su hermano Joaquín en la Plaza de Barcelona.

Pero además creo que no se agota ahí el tema. Me parece que la imagen que nos ha llegado de este torero está bastante distorsionada por cuatro etiquetas simplificadoras que le adjudicaron algunos críticos de la época. Camino fue más, mucho más, que un torero inteligente y poderoso ante los toros como se comprueba repasando su biografía, leyendo o releyendo lo que sobre él se ha escrito y, sobre todo, viendo fotografías y películas de las actuaciones del gran torero de Camas.

Y aquí está toreando. En el comentario de esta foto, Carlos Abella (el máximo biógrafo de Camino) se demora un buen rato y es lógico. Impresiona el contraste entre la actitud del torero (de elegante desmayo) y la –que se adivina- fiera acometida del toro. Un detalle, sobre el que Carlos Abella, llama la atención: la manera de coger el capote con tres dedos y el pulgar de la mano izquierda.

Y es que, visto lo visto y leído lo leído, la conclusión se impone. Camino es –sin duda- uno de los toreros más inteligentes que creo ha dado la fiesta en toda su historia. Pero a cuya extraordinaria –y precoz- intuición en el conocimiento de los toros hay que añadir un cuidado oficio, una gran clase, no exenta de personalidad y adobada con elegancia clásica más que sevillana (Hasta el punto de que Néstor Luján, por ejemplo, veía en él más un torero esteticista que técnico) y, sobre todo ello, un valor, muy sereno pero tremendo. Con todos estos ingredientes sí creo que tendremos hecho el verdadero retrato de este torero.

Camino fue torero de mucha clase. Un gran torero. No en vano su referente fue siempre Antonio Ordoñez, con quien compartiría muchas tardes de éxito y con quien le vemos dando la vuelta al ruedo en una feria valenciana del ya lejano año de 1960, el de su alternativa.

En resumen, Paco Camino aunaba como torero conocimiento de las reses y conocimiento de las suertes igual que los otros grandes maestros de la historia del toreo: Montes, Chiclanero, Guerrita y Joselito (en cuya línea estaba) por lo que el remoquete de “Niño Sabio de Camas” con el que se le bautizó al inicio de su carrera es más que adecuado al personaje y a la persona.

Camino fue un torero completo con un gran conocimiento de las suertes. Con un extenso repertorio de línea gallista. En la foto está ejecutando en Madrid esta precisa larga afarolada, demostrando su dominio del toreo de capa a una mano tal y como exigía Fernando el Gallo a los toreros importantes.
Y además tenía un enorme e intuitivo conocimiento de las reses. Aquí se dobla con torería y eficacia (Carlos Abella, dixit) en un mero pase de castigo. (¿Sólo de castigo?)

Paco Camino en Blanco y Negro.

Teniendo esos mimbres, uno se pregunta entonces las razones de que su figura histórica no alcanzara la talla que corresponde a sus innegables cualidades toreras, y se mantenga a un nivel algo menor que el de los toreros citados. Creo que las razones básicas que explican este hecho son dos: El carácter del propio torero (su reconocida falta de ambición) y la imagen que la prensa taurina de la época (muy contestataria con las jerarquías del toreo de entonces) dio de él.

La crítica de entonces (de la que Alfonso Navalón fue uno de sus adalides) pretendía deshacer los entuertos de la Fiesta. Empeño loable y del que algo se consiguió, pero que trajo también algunos efectos colaterales (como, entre otros, la incorrecta jerarquización del toreo y de los toreros algo que –en parte- subsiste aún hoy día).

Sobre su carácter hay que recordar, como decía Billy Wilder, que “nadie es perfecto”. Camino, como todo el mundo, tuvo también sus sombras toreras o mejor sus claroscuros que, por cierto, se dedicó a inventariar con mucho esmero el crítico Guillermo Sureda Molina en un interesante libro (como todos los suyos), dedicado al torero y al que tituló “Paco Camino en Blanco y Negro”.

Paco Camino en Blanco y Negro (1ª ed., Palma de Mallorca, 1969) de Guillermo Sureda Molina, el siempre interesante crítico mallorquín. Un análisis de las virtudes (muchas) y defectos (en mi opinión, pocos) del toreo del Camero.

Sobre el libro de Sureda tengo que decir que si bien comparto plenamente el análisis que hace de las virtudes del torero (Inteligencia, técnica y oficio, estética y alegría interior), no estoy tan de acuerdo con el de sus defectos (Falta de casta, personalidad poco diferenciada, zurdismo y rapidez y, finalmente, ambigüedad estilística).

Un ejemplo. Sureda llega a criticar el “zurdismo” del torero (El autor utiliza el término “zurdismo” para referirse a la preferencia del torero por el manejo de la mano izquierda y desde luego para eludir el término “izquierdismo” ya que no hay que olvidar que el texto comentado es de 1969 y en aquellos años  el horno no estaba para bollos y menos para definiciones políticamente incorrectas).

Disiento del gran crítico mallorquín ya que, en mi opinión, nunca la utilización de la mano izquierda en el toreo de muleta puede o debe entenderse excesiva. Al contrario, la mano izquierda (que es, tradicionalmente, la mano de “los billetes”) es la que da categoría a una faena de muleta.

Zurdismo. La mano izquierda de Paco Camino. Madrid, 1972

También disiento de la acusación de rapidez que hace Sureda al toreo del sevillano. Aunque esta última cuestión merece matizarse y lo haremos. Sobre todo, a la vista de las faenas mexicanas del torero de Camas. Faenas que comentaremos en posteriores entradas y que eran poco conocidas entonces en España.

Esta foto del remate de un quite a una mano (precisamente, la izquierda)es muy interesante. No sólo por lo logrado de la composición fotográfica que explica muy bien el momento de la lidia en que se produce el lance sino por la propia elegancia del capotazo (donde parece que se para el tiempo) y sobre todo, por una cuestión técnica. Y es que el concepto que subyace en este lance es, en el fondo, el mismo que en la verónica que insertábamos más arriba. La mano izquierda es la que torea y sostiene todo el peso del capote (aquí va algo más alta para dar salida al toro) mientras que la derecha juega lo mínimo o no juega. Viendo este lance a una mano creo que se comprende mejor el concepto de la verónica que tenía Paco Camino y también su inmensa elegancia torera.

La “mandanga” de Camino

De los aspectos analizados por Guillermo Sureda sobre el toreo de Paco Camino, el reparo más fuerte que hizo (y que se le hizo en general) fue, sin embargo, el de su falta de casta torera. Se le reprochaba una cierta abulia delante del toro que se traduciría –según sus críticos- en falta de ambición en su carrera taurina, lo que se ha querido vincular con las exclusivas que firmó con la casa Chopera.

Camino con su apoderado Manolo Chopera en el Patio de Cuadrillas de Manizales el día de su reaparición (10 de enero de 1974) después de retirarse tras la cogida mortal de su hermano Joaquín.

Algo hubo de eso, y es verdad que el propio torero ha reconocido en alguna entrevista que nunca ha sido ambicioso ni le interesaba ser el número uno, lo que es cuestión de carácter personal y que quizás explica algo o mucho de su papel en la fiesta, pero de ahí a bautizar como “mandanga” su postura hay un trecho excesivamente largo que no deberíamos admitir.

El remoquete fue invención Antonio Díaz Cañabate, quien curiosamente era (supuestamente) partidario del toreo de Camino por lo que el epíteto no iba dirigido a denostar al diestro sino que más bien tendría como objeto motivarle (o eso pensaba el propio torero). Sin embargo, no pasa de ser una etiqueta injusta, como injusta es toda etiqueta (también le corresponde a Cañabate la autoría del “Rincón de Ordoñez”) por lo distorsionadora de la imagen del torero.

Los toreros de su época. Ordoñez, Puerta, El Viti y el Cordobés (Imagen obtenida del DVD “Paco Camino- Sus mejores faenas en España y México”). A Camino le reprocharon también que no hubiese borrado al Cordobés como si los demás no existieran. Claro que la crítica era, en el fondo, elogio pues implicaba que a él se le consideraba el único capaz de hacer frente a Benítez. Y algún rifirrafe hubo…
Como por ejemplo en Aranjuez, donde llegaron a las manos por un quítame allá ese quite. Vicente Punzón (según me recuerda Xavier González Fischer) les brindó el toro lo que les obligó a reconciliarse aparentemente.

El Caña (como se le llamaba cariñosamente) estaba -como buen escritor costumbrista- más interesado en etiquetar con gracejo e ironía, lo que resulta más fácil y hace siempre más fortuna (ahí está el ejemplo del reciente y muy difundido “julipié”) que en tomarse la molestia de analizar las cuestiones técnicas del toreo con cierta profundidad (lo que a él le venía algo largo, dicho sea de paso)

Antonio Díaz Cañabate, en caricatura de José Luís Dávila con el Cossío en sus manos (obra de la que fue continuador): La lectura de su extenso “Panorama del toreo hasta 1979” incluida en esa obra, sólo es apta para aficionados con amplios conocimientos previos en la materia, pero –en mi opinión- nada recomendable en caso contrario.