8 noviembre, 2020

¿LA FIESTA EN PAZ?

¿A quién beneficia extranjerizar la fiesta brava de México? / Invertir sin complejo
Hay noticias trascendentes que tienen mala suerte, que a pesar de la importancia de su contenido son condenadas a la indiferencia, incluso de los sujetos directamente involucrados. Ningún sector de la industria taurina de México osó externar la menor opinión o herir con el pétalo de un calificativo el torpe logro más reciente del monopolio taurino –inquilino de la Plaza México hasta principios de 2021 y propietario del resto de las plazas más importantes del país–:

¿A quién beneficia extranjerizar la fiesta brava de México? / Invertir sin complejo

Hay noticias trascendentes que tienen mala suerte, que a pesar de la importancia de su contenido son condenadas a la indiferencia, incluso de los sujetos directamente involucrados. Ningún sector de la industria taurina de México osó externar la menor opinión o herir con el pétalo de un calificativo el torpe logro más reciente del monopolio taurino –inquilino de la Plaza México hasta principios de 2021 y propietario del resto de las plazas más importantes del país–: lograr que la Suprema Corte de Justicia de la Nación le permita montar corridas de toros con mayoría extranjera. Tan sensibles autoridades consideraron que limitar el número de actuantes por su nacionalidad es discriminatorio, provocando un sicazo (aumentativo de sic, de aquello que es literalmente textual, no descocado invento) que retumbó por todos los confines de España, desde siempre discriminatoria con los toreros mexicanos en particular y con los extranjeros en general.

Ni los ganaderos –la mayoría más perjudicados que los favoritos de las figuras–, ni los matadores –a merced hace tiempo de los criterios del monopolio, por no hablar de las legiones de toreros desaprovechados–, ni los subalternos –siempre encarecidos con quienes los requieran–, ni Tauromaquia Mexhincada –defensora de las políticas del monopolio, no del rencauzamiento de la fiesta–, ni locutores y cronistas con programa –practicantes de un positivismo suicida–, ni peñas taurinas –¡salud!–, ni diestros en retiro, ni partidos políticos metidos a defensores de los trabajadores, ni nadie quiso cuestionar una de las decisiones más indignantes y lamentables tomadas por una corte como justiciera que tiene la función de ser guardián y garante de la Constitución mexicana. Sí, Chucha.

Sin salir de un alarmado asombro, preguntábamos en este espacio: ¿Podrá algún mexhincado (mexicano irreflexivamente postrado ante lo extranjero), asistido por un hispanópata (aquel que se ve aquejado de un hispanismo confundido), defender la acomplejada postura de tener una fiesta dependiente con ases importados porque el monopolio es incapaz de ofrecerla con ases nacionales o, peor aún, no le interesa hacerlo? En tiempos menos enrarecidos, tamaño despropósito habría sido causal de despido de los Supremos Cortos y de revocación de la licencia de funcionamiento a tan imaginativa empresa.

Pero si a esas vamos, se sugiere al monopolio, con el respeto que se merece, importar de España, además de diestros buenos, regulares y malos, de una buena vez el paquete completo: toros, apoderados, subalternos, mozos de espadas, cronistas y locutores, habida cuenta de que el propósito de sudamericanizar la fiesta de toros de México ha sido avalado por la mismísima Suprema Corte de Justicia de la Nación, que no se atrevió a frenar a la poderosa cuanto acomplejada empresa con argumentos como que en lugar de seguir importando figuras que hace años dejaron de ser imán de taquilla, invierta: en el ganado que hace décadas eluden los figurines; en toreros nacionales marginados pero con potencial y bien dispuestos, capaces de atraer de nuevo al público masivo; en publicidad, mercadotecnia y difusión, sin temor a antis, animalistas y partidos políticos impresentables, y en encuestas de opinión para atender y valorar las demandas del público, sus expectativas y hartazgo. Ahora, si el monopolio no tiene interés en recuperar al público y a la fiesta, que siga esperando a que le den luz verde para continuar con su sometimiento, reforzado por su entreguismo.