23 noviembre, 2020

MANOLETE INVENTA LA ESPADA DE MADERA

Cuando Manolete reapareció, en la Línea de la Concepción, después de su accidente de coche, lo hizo con una venda en la mano derecha y con… la espada de madera (Detalle de fotografía publicada en El Ruedo el 25 de julio de 1944 de una corrida en Valencia pocos días después de la reaparición)

Sólo quedo inédito [en la temporada de 1944] en la feria de Pamplona debido a un accidente de tráfico con consecuencias extrañas para la tauromaquia.

Sucedió que al día siguiente del sonado triunfo ante el toro Ratón, Manolete y Camará se marchan en coche para actuar en Pamplona (…) En esta ocasión les lleva un amigo, Germán Sánchez dueño de la gasolinera Goya en Madrid que estrena, a decir de Clarito un coche “1.100” (…) Les acompañaba también el actor y cantante Mario Gabarrón.

A la altura de Buitrago, el coche derrapa y cae por un terraplén, dando cuatro vueltas de campana (…) Alguna costilla rota y diversas magulladuras, además del coche abollado, son en principio los daños. Manolete parece ileso y aunque el coche puede continuar, aparece el torero Antonio Márquez en el suyo (…) y junto a Camará, el cordobés continúa viaje en el coche de Márquez hasta Pamplona.

Al llegar, de madrugada, Manolete tiene la mano hinchada. Hay fractura. Manolete no actúa en Pamplona y cuando vuelve a los ruedos achacándolo a los daños del accidente, lleva una protección en la muñeca y una espada de madera, de menor peso, para la lidia de muleta.

Lo que, en Manolete, era en principio un recurso, provoca en los demás toreros aceptación e imitación y, por tanto, normativa universal. En poco tiempo todos adoptan un recurso que permite no cargar de tanto peso a la mano derecha que, evidentemente, sufría lo suyo con un estoque de acero cuando toreaba.

A Manolete le llovieron las críticas durante años por ser el causante del nacimiento de lo que muchos creyeron una herejía. Hoy, la espada de madera no se discute, y los toreros han convertido en ritual el acto de ir a las tablas a cambiarla por la de acero, dejando al toro reposar brevemente antes de estoquearlo,