21 enero, 2021

HOY HACE 59 AÑOSLEAL Y CAMINO ALUMBRAN LA TARDE EN EL TOREO DE CUATRO CAMINOS

Don Mariano Ramírez remarcó a la palabra en más de una ocasión: – “Para ser ganadero de toros de lidia se necesitan dos cosas: mucha afición y mucho dinero”…

Su persona tuvo ambas características.

Don Mariano Ramírez remarcó a la palabra en más de una ocasión: – “Para ser ganadero de toros de lidia se necesitan dos cosas: mucha afición y mucho dinero”…

Su persona tuvo ambas características.

Nacido en la población jalisciense de Encarnación de Díaz, se concentró en las ciencias y ostentó título ingenieril.

Registró ante notario predios rústicos a su nombre, propios para el agostadero, allá, en los dominios de la alcaldía de sus amores.

En el libro de su destino, cierta página indicaba que se entroncaría profesionalmente con el acertadamente llamado Ganadero Poeta Don Eduardo N. Iturbide, cofundador de la dehesa de Pastejé. Proyectos de orden hidráulico en los feudos de éste emanaron del escritorio de aquel, y en pago embarcó para agregar a sus bienes e iniciar su criadero, treinta vientres y un par de toros padres en cuya caliente sangre bullían los terribles genes de su acendrada estirpe. Se arrancaban entonces las hojas de la segunda mitad de la década de los cuarentas.

La fiesta en México todavía era brava. La estética feminoide del ejercicio de la lidia no llegaba a los nimbos con la fuerza de hoy; no iban a las primeras gradas sombreadas los pedantes, arrogantes e hipócritas paga boletos; la tauromaquia práctica se condensaba en la hombría, denuedo y poder de las telas de los actores y ello generaba una honesta, frontal y leal competencia.

Por ello tuvo sonado éxito la dehesa a cuentas. Los triunfos que fueron a dar a los libros de la casa y a alojarse en la memoria de los aficionados son incontables. “Su toro cárdeno” tuvo personalidad y trapío sin escándalos. Tipo definido, denunciante de la columna genética fuerte que le sostenía.  

El 21 de enero de 1962 los carteles anunciaban función de toros en El Toreo de Cuatro Caminos. Había clientela para sostener los dos amplios cosos de la capital de la república. A la letra se observaban los nombres del “niño sabio de Camas”, Paco Camino, quien alternaría la lidia con Alfredo Leal, “El Príncipe del Toreo” y Juan Silveti, “El Tigrillo”; en capilla, y en su momento, aguardarían seis reses de Mariano Ramírez, justamente.

Una vez la aldaba corrida del portón de toriles, se dio salida a “Tejón”, ejemplar encastado que ofreció importante e interesante lidia. Alfredo Leal, quien siempre dio la impresión de tener más de lo que daba, desdobló sus avíos y se dio a torear. Rayas finas y amplias, longitudinales las de su trasteo se fueron presentando sobre el albero cuatrocaminero. Coletudo de perfil clásico siempre lo fue. El ímpetu bestial de la res se absorbió en el mando sutil del esposo de Lola Beltrán. Faena notada resultó ser. Naturales y derechazos bien hilvanados le otorgaron una estructura sólida que los aficionados supieron aquilatar.

El fin del acto resultó ser la imagen del espigado diestro con el de cerdas del antagonista empuñado en su mano y caminando junto con el criador, cuando los restos del bóvido ya se habían paseado alrededor del escenario como pleitesía a su casta, bravura y nobleza.

Francisco Camino Sánchez, nombre artístico Paco Camino, natural de Camas, Sevilla, se granjeó las preferencias del público nacional. Su simpatía, gracia torera, talento y arte le encajaron como uno de los ibéricos más apreciados por México en toda su historia taurómaca.

La fortuna también le sonrió cuando en los papelillos de sorteo le correspondió “Chatito”, cuadrúpedo enrazado y noble al que supo explotar tales cualidades para dar forma a una faena soberbia.