28 enero, 2021

HOY HACE 32 AÑOS
INICIA SU DIVINO DESMAYO PEPE ALAMEDA

Hoy se cumplen años del deceso de uno de los cronistas taurinos más populares.

Fue bautizado como Luis Carlos José Felipe Juan de la Cruz Fernández y López Valdemoro. Como si dos apelativos y un nombre no bastaran. Extensos como su obra.

Hoy se cumplen años del deceso de uno de los cronistas taurinos más populares.

Fue bautizado como Luis Carlos José Felipe Juan de la Cruz Fernández y López Valdemoro. Como si dos apelativos y un nombre no bastaran. Extensos como su obra.

La primera luz del astro rey la ve en Madrid el 24 de noviembre de 1912.

Y viajó a México como exiliado político en 1939, una vez que la Guerra Civil Española concluyó. Por fin terminaba otra vergüenza humana, aunque estallaría muy pronto otra, más vergonzosa aún, más ingrata, más cruel y menos entendible: la Segunda Guerra Mundial de cuyas heridas aún se queja el planeta.

Este país le sentó bien y para 1943 adquiere la nacionalidad mexicana.

Pero ya traía enmarcado el título de licenciado en derecho por la Universidad Central de la capital ibérica y en su currículum, experiencias con las letras, ya que había colaborado en La Gaceta Literaria, revista editada en su ciudad natal. Entre 1936 y 1939 había visto publicados en Valencia sus primeros ensayos sobre derecho internacional. Durante un par de años radica en Bruselas y París en donde de modo independiente estudia filosofía y letras y derecho constitucional.

…Como se puede bien y claramente observar, su cultura fue basta…

Ya en la capital mexicana, aclimatado, decidido y quizás resignado alegremente a permanecer de por vida como un ciudadano, trabajó en la oficina de Francia Libre. Se desempeñaba ahí como traductor, pero la batuta de su destino indicó que se concentraría en la crónica taurina. Sus entronques primeros con las ondas hertzianas, en 1941, se ofrecieron en la XEBZ-AM, de ahí continuó en la XEQ-AM pasando a la XEW-AM (1945), para culminar en la pantalla chica en lo que fue Telesistema Mexicano, hogaño la infame y poderosa Televisa o TPI (Televisión Para Idiotas).

Su narración, ya en radio, ya en televisión, tenía ritmo, son y amenidad.

No padeció el miedo hacia el idioma español y los usó muy completo para catalizar su pensamiento sobre la tauromaquia. Lució su amplio y florido léxico, también, cuando deslizó el manguillo en las páginas de los rotativos Excélsior (1946), “últimas Noticias” (1949), El Universal y El Heraldo de México.

El pobre planeta del libro taurino se vio poblado con sus obras. Como ejemplo “La verdadera evolución de la fiesta”, “La pantorrilla de Florinda o el Origen bélico del toreo”, “Los heterodoxos del toreo” o “El hilo del toreo”.

Sus poesías fueron, unas, de profundidades casi imponentes, certeras y exquisitas otras, como aquella en donde hace alusión del “esqueleto de Manolete”.  Véase uno de sus libros: Seguro asar del toreo.

De entre sus navegaciones filosóficas se vertió una sencilla pero devastadora y certera sentencia: “El toreo no es graciosa huida, sino apasionada entrega”.

Su solo nombre ha causado terror a los que han pretendido analizar su obra. Les ha representado un sacrilegio el siquiera cuestionar su labor, por lo menos en la pantalla chica. Es el profesor intocable, nada más. No le tuvo miedo al español, ya lo dije rayas anteriores, pero sí a la parte obscura del entramado taurino; fue parte de la mafia, ésta lo absorbió o por lo menos la encubrió. Pecado de omisión el de él al callar deliberadamente los vicios y abusos de un sistema taurino que fue creciendo y que hoy es un gigante de hierro.  

Todos los que hemos osado empuñar el micrófono o pulsado la pluma hemos sido víctimas de severas cornadas. Alameda no fue la excepción. Confiado en la ingenuidad y docilidad de la mayoría de los televidentes dijo en una transmisión: – “Ahí están los toros de “mengano”, demostrando su bravura saltando al callejón…” O, de modo absurdo y parcial tituló así una de sus crónicas: “Joselillo llenó la plaza de gente, Fernando López de arte…”  Ingenioso enunciado para unos, pero una actitud proteccionista para con su poderdante, el llamado “Torero de canela”, en la realidad. Llenemos nuestro acervo con su obra; disfrutemos su ensayo sobre la historia y evolución de la tauromaquia y paladeemos su poesía, pero a la vez aceptemos sin resentimientos ni apegos que resultó muchas veces impuntual para con la parte moral del espectáculo y no fue del todo sano para la fiesta, por lo menos para la de su momento.