HOY HACE 141 AÑOS
SE PRESENTA LA DEFUNCIÓN DE BERNARDO GAVIÑO

Hoy se cumplen 141 años de la patética defunción de Bernardo Gaviño y Rueda: “11 de febrero de 1886: El diestro español Bernardo Gaviño fallece en México a la edad de 73 años, a causa de la cornada que el toro “Chicharrón” del hierro de Ayala le infirió en Texcoco el 31 de enero de ese mismo año. Gaviño está considerado el como el patriarca del toreo mexicano; además de eso, también como el primer torero profesional muerto por asta de toro en suelos aztecas que registra la historia”. (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, pág. 64. Inédito).

El futuro patriarca del toreo mexicano había llegado al Atlas el 20 de agosto de 1812 en Puerto Real, Cádiz, España.

Un buen día este ser extraño y de misteriosas y exóticas aspiraciones decidió determinantemente venir a lo que sus ancestros habían bautizado como Nueva España, pasando primero por Uruguay. Quizás a ambos los alentó la ambición.

Dejemos a la imaginación las diligencias fabulosas de su viaje; anotemos simplemente que construyó relaciones, medio planeó la aventura, hizo equipaje, tal vez pagó el boleto, se embarcó en un buque y atrás de la estela que escribió sobre el Atlántico éste, dejó su tierra a la que no volvería jamás.

No es muy legible lo que tiene escrita la historia a cerca de su llegada a nuestra patria, no obstante, parece ser que la primera actuación que realizó fue el 23 de septiembre de 1836.

¿Qué encontró Gaviño como espectáculo taurómaco en México? Una tauromaquia “desordenada” e ingenua, mezcla de lances arriesgados delante de los bicornes, combinados de ejercicios ecuestres en los que ya amenazaba el hibrido estilo mexicano de los jinetes –charrería en proceso- y, por supuesto ningún torero profesional.

“El Torero Bernardo”, como se refiere a él Madam Calderón de la Barca, había sido pariente lejano, que no alejado, de Juan León “Leoncillo”, de quien aprendió las primeras lecciones de la lidia de reses de casta en el Matadero de Sevilla.

Bernardo Gaviño, patético desenlace del patriarca del toreo mexicano.

Ya con buena preparación técnica, se desempeñó primero a las órdenes del matador Bartolomé Ximénez y del novillero Francisco Benítez Sayol después.

Sin título profesional hizo largo viaje a Uruguay, sitio en donde un notado paisano suyo, Manuel Domínguez “Desperdicios”, le dio la alternativa.

Con intuición y visión, el coletudo azteca Manuel Bravo le convenció para que probara fortuna en el viejo imperio de Moctezuma, lo que logró apalabrándole un contrato por medio del cónsul mexicano en Cuba.

Pronto Gaviño se hizo el poderoso amo del toreo en México. Entre la hoja de sus aportaciones a la nueva era tauromáquica de nuestra tierra se anota el haber puesto orden a las funciones, el haber organizado cuadrillas y el de haber dado protagonismo al toreo de a pie, muy a pesar de que él mismo, como empresario, no desairó a los números ecuestres que tanto gustaban a los públicos, y los propuso en cierta parte de los festejos, incluso, anunciándolos con “negrillas” en los carteles.

Semejante diestro merece un estante completo, solo así se podrían comprimir y mejor entender sus andanzas profesionales y personales, muchas de las cuales resultan, a este nivel de calendarios tachados, pintorescas e interesantes. Quepa en la cuartilla que suscribo el hecho de remarcar que Ponciano Díaz, otro dorado coletudo azteca, recibió el título profesional de manos del gaditano, allá, sobre la arenosa superficie de la plaza El Paseo Nuevo el 13 de abril de 1879 para de este modo registrar la primera alternativa concedida en lo que nos queda de país.

Después de haber pisado arenas de casi todas las villas importantes de México, Cuba, Perú, Venezuela y Uruguay, y contando con cerca de 74 años de edad se vio obligado a firmar un contrato para actuar en Texcoco el 31 de enero de 1886. Estaba viejo y prácticamente en la miseria económica; algunos negocios torcidos y su inclinación a las juergas le habían generado el deplorable estado.

Y ahí, en la plaza de Texcoco se acabó de amalgamar con su suerte.

“Chicharrón”, bicorne proveniente de la vacada de “Ayala” salió al escenario. carente ya de las facultades físicas necesarias para ejercer la tauromaquia práctica, Gaviño tuvo un descuido al tratar de rayar lo que en aquella época se denominaba “pase de pecho”, y el adversario le cogió por la espalda, según opúsculos, lo suspendió en el aire y le propinó una severa cornada en las proximidades del ano, en lo que técnicamente los galenos llaman hueco isquio rectal. No queriendo ser atendido en el cuartucho infecto que hacía de enfermería del coso de Texcoco, viajó a su domicilio particular, Callejón de Tablajeros de la Ciudad de México, en donde se atendió, quizás deficientemente, con su propia mano. Ahí se ofreció el desenlace del grave accidente, la defunción del diestro el 11 de febrero de 1886 a las 9:30 de la noche a causa de una infección por herida en el recto.