25 julio, 2021

HOY HACE 56 AÑOS
“EL VITI” TRAZA DRAMÁTICA FAENA A “LIMONCITO”

-¡Alfredo, regala un toro… pero que lo toreé “El Viti”!…

Fue la ingeniosa y punzante oración que salió de la boca de uno de los del tendido de la plaza más grande del planeta tierra. Santiago Martín estaba propinando “un baño” a Leal, un diestro por naturaleza elegante y que siempre causó la impresión de tener más de lo que daba en los nimbos.

-¡Alfredo, regala un toro… pero que lo toreé “El Viti”!…

Fue la ingeniosa y punzante oración que salió de la boca de uno de los del tendido de la plaza más grande del planeta tierra. Santiago Martín estaba propinando “un baño” a Leal, un diestro por naturaleza elegante y que siempre causó la impresión de tener más de lo que daba en los nimbos.

En su carta de recomendación se pueden leer catorce Puertas Grandes en la Monumental madrileña. Es el diestro que, según estadísticas, más triunfos de tales dimensiones cuenta en la historia del coso de Las Ventas en tratándose de hombres de a pie.

Natural de Vitigudino, Salamanca, España vino al mundo el 18 de julio de 1938.

“El Viti”, se granjeó también el adjetivo de “Su Majestad”. A las vidrieras de su galería fue a presumirse la Oreja de Oro de 1965.

Pese a la negativa de su madre y de su abuelo, el joven Santiago se dio a prepararse para ser lidiador de reses de casta. Abundaban éstas en la zona en donde nació. Y se convirtió en el primer espada más notado de semejante zona ganadera.

Se cubrió por vez primera con el traje de sedas y brocados en el mes de agosto de 1956, allá, en el coso de su natal ciudad. Ya como novillero comenzó su carrera en la plaza de Vistalegre de Carabanchel, Madrid, corriendo el año de 1959. Durante este episodio, actuando en Francia un utrero le volteó de modo malo dejándole una fractura en el brazo siniestro; tal lesión, que de por vida le marcó, evitaba que estirara el brazo totalmente. Se pensaría que ello sería impedimento para que desarrollara su tauromaquia, empero más bien le permitió que subrayara un arte y un estilo único cuando practicaba la lidia por naturales. El impedimento físico generaba que sus adversarios se fueran siempre “hacia adentro”, dando solución al trance con un giro de muñeca sensacional.

Con elevada categoría llegó a Madrid, a su Monumental, el 13 de mayo de 1961 dentro de la Feria de San Isidro. Al enorme redondel salió “Guapito”, primero de la función, quemado con el hierro de Alipio Pérez Tabernero; entonces en el tercio se apersonó Gregorio Sánchez para otorgarle la alternativa ante la presencia torera del valiente Diego Puerta. Tarde brillante al final, pues dados los triunfos de los tres alternantes, se abrió la Puerta Grande para que por su espacio salieran sobre los hombros de los más entusiastas aficionados.

Para el 30 de diciembre de 1962, “El Viti” viene a México con la estrella encendida y ratifica su doctorado en el coso de “La Ciudad de los Deportes”.

A los tres años, justo el 4 de marzo de 1965, en el circo mencionado se puso en disputa “La Oreja de Oro”, cuando el gallardete tenía un valor tremendo y lo ambicionaban las figuras. Lejos estaba de que los propios agremiados le redujeran a una corrida de consolación.

El cartel publicitario que se había colgado de los muros rezaba que alternarían Alfredo Leal, Santiago Martín “El Viti”, Antonio del Olivar, Victoriano Valencia, Manuel Benítez “El Cordobés” y Gabino Aguilar. El portón de toriles se abrió y por él salió “Limoncito”, proveniente de la vacada anunciada, Las Huertas. De la responsabilidad de su lidia se encargaría el “charro” Santiago Martín. Luego vino un trasteo dramático, poderoso, lúgubre si se quiere. Señorialmente –una de las características de su hacer en los anillos- le ganó el partido a la res, y aunque no hubo concesión de trofeos la “Oreja de Oro” fue a dar a las vidrieras de su impactante galería.

Torero tan solemne como los antiquísimos rituales al fuego y tan misterioso y serio como un monasterio. Maestro catedrático y torero para toreros.