27 noviembre, 2021

HOY HACE 42 AÑOS
Es alternativado “El Pana”

Hacía lo mismo, pero no lo hacía igual. Nunca tan perfectamente aplicada la oración cuando se lleve a tema Rodolfo Rodríguez González, el hombre cuyo más enconado enemigo fue “El Pana”.

Hacía lo mismo, pero no lo hacía igual. Nunca tan perfectamente aplicada la oración cuando se lleve a tema Rodolfo Rodríguez González, el hombre cuyo más enconado enemigo fue “El Pana”.

Ingenioso y ocurrente, los adjetivos, que tanto le celebraron sus fanáticos, fueron los que más le perjudicaron en su momento: “El doctor Ganona”, “La gorda de Monterrey” o “El media cuchara”.

Novelesca vida la de él. Comienza en el humilde seno familiar. En su “hoja de servicios” se leen los oficios varios que desempeñó: sepulturero, comerciante ambulante y panadero, de donde le llega el mote que ahora es célebre.

Inconforme con lo establecido, ya metido en el bárbaro oficio de lidiador de reses bravas, soltó las amarras a su imaginación y las suertes de la tauromaquia, así con capa, banderillas y muleta quedaron enriquecidas.

Orson Wells definió así a los de coleta: -El torero es un actor al que le suceden cosas reales. “El Pana” tuvo, entre muchos de sus atributos, una capacidad histriónica inigualable.

Con “Rey Mago”, faena “de culto”.

No sin antes haber provocado un impacto de emociones como novillero gracias a sus modos extraños, novedosos, profundos y hasta extravagantes, se imprime su nombre en el cartel de la Plaza México para el 18 de marzo de 1979. El tlaxcalteca recibiría la alternativa de parte de Mariano Ramos llevando como testigo del acto a Curro Leal. El imponente encementado interior del viejo pozo de las ladrilleras estaba cubierto completamente por un público expectante y previamente emocionado. Y apareció en el círculo de arena el primero de la esperada función, “Mexicano”, procedente de la vacada de Campo Alegre.

Largos e intermitentes episodios de “su vida privada” llegaron luego. Ahí el alcohol, la disipación y su destanteado modo de proceder le marginaron, junto con empresas y mandones, y muy esporádicamente apareció su nombre en los carteles. Nunca, empero, dejó de ser y sentirse torero.

Cuando decidió despedirse de la profesión, en la plaza que lo había enviado al estrellato, paradójicamente, como fantasma arcano le ofreció la vida el resurgimiento. Resulta que por el portón de toriles salió “Rey Mago”, toro quemado con la figura ganadera de Garfias, noble y de excelente estilo, que se convirtió en cómplice de bellas apariciones. Y vino lo inimaginable. Inspirado, en gracia de Dios, ensimismado y concentrado trazó una faena complicada de describir con letras. No paró sino hasta dejar sellado un trasteo que ahora se puede enjuiciar como “de culto”. Eso solo lo pueden realizar los genios.

“El Pana”, como premio adicional, pisó muchos anillos de distintas partes de la nación e incluso del extranjero.

Poco después de haber burilado la mejor faena de su existencia, pasó por Aguascalientes y reunió a la prensa especializada. Como fin de acto, el que esta cuartilla firma le cuestionó sobre la muerte, a lo que contestó que le iba a matar un toro. Ya lo había soñado. Lo veía entre brumas. Como todos los aficionados saben, se entroncó después con “Pan Francés” en Lerdo, Durango…

Hombre y torero altamente contradictorios. Estadísticamente modesto, sustancialmente inmenso. Los hombres de la fiesta seguirán hablando de él. Si, Vicente Ruiz “El Soro” me declaró certeramente en una entrevista: -El mejor torero no es el que más torea, sino el que más torería lleva dentro…

Alguna vez me sentenció Paco Martínez –el mejor declamador charro que he conocido-: “El vino es nada más para los muy hombres”. Quizás tuvo razón.

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