27 julio, 2021

HOY HACE 20 AÑOS
Debuta la dehesa de Medina Ibarra

Hoy se cumplen y ratifican dos décadas del debut de un criadero de bravo aguascalentense, Medina Ibarra. Los carteles que pendían de los muros de la capital hidrocálida anunciaban una novillada de selección con Mario Zulaica, Xavier Ocampo, Raúl Ibarra, Juan Antonio Adame, Claudio Estrada y Andrés González quienes estoquearían reses venidas de la Sierra Fría. La cita, en el viejo coso del barrio de San Marcos.

Hoy se cumplen y ratifican dos décadas del debut de un criadero de bravo aguascalentense, Medina Ibarra. Los carteles que pendían de los muros de la capital hidrocálida anunciaban una novillada de selección con Mario Zulaica, Xavier Ocampo, Raúl Ibarra, Juan Antonio Adame, Claudio Estrada y Andrés González quienes estoquearían reses venidas de la Sierra Fría. La cita, en el viejo coso del barrio de San Marcos.

El paso lento del tiro de mulillas fue la pleitesía para uno de los encastados ejemplares. Primera tarde y primer triunfo.

“Historia breve” pero intensa la de este criadero en el que se dimensiona el concepto diáfano, bien marcado y elogiable de sus dueños: raza, bravura y nobleza, en ese inalterable orden.

“Gordo” retornó a sus potreros.

El antecedente de la dehesa se instala en 1984 cuando los hermanos Reyes Estébanez, Salvador, Rafael y Carlos fundan “El Pardillo”, por allá, en el rancho Kalusal, localizado sobre corteza de la alcaldía zacatecana de Fresnillo. Para el efecto mercaron vientres de Corlomé y Jesús Cabrera, mas dos toros padres, uno con el hierro de San Antonio de Triana y otro con el del propio Jesús Cabrera.

Poco permaneció el proyecto; en el año emblemático del 2000 la familia Medina Ibarra se hace de la vacada por medio de la compra-venta y, al nuevo pie, agregan ganado que ya tenían desde 1997 en cuyo libro de la ganadería se registraron como medio centenar de vientres de El Colmenar, 34 de San Martín y 20 de Roberto Ibarra. Ya tenían, igualmente, toros padres que gozaron del harem: cuatro quemados con el hierro de San Martín, dos de estirpe mexicana, “Culebrillo” No, 38N y “Venadito” No. 100, y los otros dos con sangre española, “Cerilloso” No. 19/5 y “Sargento” No. 17/7 que presumían genes de Coquilla-Santa Coloma.

Quien sea aficionado curioso y quiera encaminarse en el estudio de la ganadería brava en general y de la divisa aquí tratada en particular, quede como llave de sol el que a los feudos refugiados en la Sierra Fría siguió destilando sangre ibérica: en 1999 llegó, en calidad de préstamo, un semental de San Martín que había sido hijo por medio  de la inseminación artificial de una vaca mexicana del hierro acotado y de un toro español, “Marquito”, que lució los listones de Ana Romero en el nimbo de Granada y que fue indultado luego de derramar su casta ante las telas de José Ortega Cano.

Así comenzó un bárbaro y apasionado trabajo con la casta. Si, una labor en tiempos en que la bravura tiene cantidad desmesurada de enemigos dentro del mismo espectáculo, comenzando con los diestros que figuran y mal mandan y terminando con empresarios complacientes y melosos.

En las fojas de anotaciones de la casa ya alumbran muchos triunfos auténticos, devastadores, legítimos y aleccionadores que han generado un odio mojigato en una legión que se dice “taurina”.

Para el 6 de julio del 2008 los patrones del rancho “Sierra Brava” bien seleccionaron de entre su manada seis utreros con el objeto de desembarcarlos en las corraletas de la plaza más grande de nuestro planeta y presentar sus credenciales como ganaderos. Tarde con acertijo habrían de vivir y lo hicieron a lo grande, como ellos se merecen, pues fue la mejor partida de aquella campaña chica y de muchas campañas más. Hoy los nombres de los ejemplares los pongo en marco dorado como pleitesía al juego formidable que ofrecieron: “Compadre”, “Colorado”, “General”, “Tío Salva”, “Gordo”, y “Viejillo”.

“Gordo” mereció, pese a las limitaciones técnicas y artísticas de su matador, el halago del indulto.

Toros con personalidad y desenvolvimiento definidos. Pelajes entrepelados, cárdenos en muchas tonalidades, de bonito fenotipo e inmejorable genotipo son la media filiación que distinguen a las reses de esta notada ganadería. Un goce son para los aficionados entendidos y sensibles.