15 abril, 2021

HOY HACE 96 AÑOS
Nace Manuel Capetillo

El 15 de abril de 1926 en Ixtlahuacan de los Membrillos, Jalisco ve la primera luz del mundo Manuel Capetillo Villaseñor.

Su preparación taurina fue como la de muchos toreros de su generación, es decir, en festejos pueblerinos y jaripeos en donde enfrentaba reses de media casta y de todos tamaños.

La plaza de la “Ciudad de los Deportes” aún olía a jarrito nuevo. El tapatío va a presentarse ante su afición y por su perfil, enjundia y manera de expresar el toreo, se granjeó ser parte de la primera generación de novilleros importantes que lanzara el gran coso, haciendo parte de los célebres “Tres Mosqueteros” junto con Jesús Córdoba y Rafael Rodríguez a quienes, como Dartagnan, se adhirió Paquito Ortiz.

Ya bien popular, se apersona en la plaza de Querétaro el 24 de diciembre de 1948 para que “El Berrendito de San Juan” le doctore bajo la mirada del “Volcán de Aguascalientes”; nada tardó en ratificar la investidura en la plaza de sus mayores éxitos novilleriles, es decir, el coso de la Colonia Noche Buena; ahora el padrino fue el de la verónica más conmovedora, Luis Castro Sandoval “El Soldado” llevando de padrino al denodado Antonio Velázquez. 

Alto, delgado, de largos brazos se hizo distinguir por un toreo, a más de sabroso y aromático, longitudinal, extenso e intenso y sellado con la marca de la escuela mexicana. Las manifestaciones arcanas de Silverio,  

Discuta quien quiera si el cargar la suerte –adelantar cabalmente la pierna de salida- ofrece mayor riesgo, valor agregado, estética o verdad a la suerte, y si el descargarla –atrasar la pierna de salida- ofrece ventaja y resta exposición; lo cierto es que Capetillo, al contrario de lo que hacía Garza, atrasa la pierna, sobre todo en el derechazo, para, según él, dar mayor largueza al muletazo y enredarse más al adversario; aquello que luego practicó, con mayor educación y refinado estilo, Manolo Martínez.

Capetillo, su extenso e interminable trazo muletero.
Capetillo, su extenso e interminable trazo muletero.

Ya retrasada la pierna de salida, quebraba exageradamente la cintura -más bien se inclinaba hacia adelante, a decir de muchos-, y así corría la mano sin pudor, con el ritmo de la buena música mexicana, de un modo que nadie había hecho antes. Se desgranaban entonces las tandas abundantes, inacabables; en ellas se engolosinaba demasiado y eso provocaba que, en algún momento, sobre todo en el último muletazo, se viera al borde del embarullo. Inconforme con el hacerse del adversario un cíngulo, también dejaba la muleta en la cara de éste, y aunque crecía el riesgo del embarullo, lograba, las más de las veces, ejecutar dos derechazos en uno, cuando no hasta tres. Los oles, luego, se cantaban sin espacio de silencio.

Para cada crítica de sus detractores tenía una justificación. Se dice en jerga taurina que “lo bien toreao es lo bien arrematao”, no obstante, Capeto contravenía la sentencia y frecuentemente dejaba las series con la muleta sin la respectiva proscripción: -“Se me hacía que ya el toro había dado demasiadas embestidas y era forzarlo mucho para el de pecho; prefería dejarlo que agarrara aire para luego pegarle otros siete u ocho muletazos ligados”. Con palabras más o palabras menos, argumentaba.

Fama harta ganó como sensacional y original diestro para manejar la tela roja, al nivel que un cronista le colocó el adjetivo de “mejor muletero del mundo”.

El propio coletudo comentó en varias ocasiones que el purísimo Antonio Ordoñez llegó a declarar que “con tal de ver torear a ese hombre no cobraría un centavo para alternar con él, a lo que Capeto sentenció lo mismo…