14 junio, 2021

HOY HACE 99 AÑOS
Fallece Manuel Varé “Varelito”

El 13 de mayo de 1922 Manuel Varé García, tal su apelativo materno, “Varelito” exhalaba su postrer aliento; el anterior 12 de abril había sido víctima de bárbara cornada.

El 13 de mayo de 1922 Manuel Varé García, tal su apelativo materno, “Varelito” exhalaba su postrer aliento; el anterior 12 de abril había sido víctima de bárbara cornada. 

El29 de septiembre de 1893 los rayos del astro rey le bañaban por vez primera en Sevilla.

Iniciadas apenas sus mocedades fue invadido por el sentimiento hacia las labores taurómacas; en este sentido se incorporó a una cuadrilla de chamacos soñadores que fue conocida como “Los Niños Sevillanos” en la que destacaban, entre otros, “Pacorro” e “Hipólito”.

Cumplida esa su primera aventura, el 13 de septiembre de 1912 se presenta como novillero en la Real Maestranza de Sevilla; al siguiente año, exactamente el 27 de julio, comparece en Madrid. Su etapa novilleril resultó exitosa, siendo novillero puntero en la campaña de 1918, y como consecuencia retorna a la capital ibérica para ascender en el escalafón. El 26 de septiembre de 1918, sobre semejante arena, José Gómez Ortega “Joselito” le cede la lidia y muerte de “Flor de Jara”, toro quemado con la marca de García de La Lama ante la mirada de Domingo González Mateos “Dominguín”, quien esa fecha también adquiría la borla de matador de toros.

Por su parte, el padrino de la ceremonia protagonizó tal función con un arrollador éxito.

A “Varelito” le correspondió vivir una época de feroz lucha torera en la que “Joselito” y Belmonte lo sofocaban casi todo, no obstante, sus virtudes y facultades para la lidia le otorgaron las vigas necesarias para ser un coletudo destacado.

Valiente era Manuel Varé, y muy a pesar de que los toros le abrieron frecuentemente sus carnes mantuvo intactos su ánimo, su carácter y su pundonor.

La crítica de la época afirma que se trataba de un estoqueador formidable, más en su forma que en su fondo; si no era tan eficaz con el arma, sí que era un estilista a la hora de plantear y ejecutar la suerte suprema. La afición deseaba que pinchara para así poder verle nuevamente, con su manera refinada y artística, irse tras el acero.

Manuel Varé, “Varelito”, víctima de las astas de los toros.

La campaña de 1922 le abría un amplio horizonte; la comienza actuando en Valencia y firma hasta cuatro tardes para la serie sevillana de las sesenta que tenía guardadas en su portafolios. El último contrato de esa feria abrileña, que constituiría también el de su vida, quedó apalabrado para el 21 de abril. Se corrieron lo cerrojos del departamento de toriles y apareció en escena el quinto de la tarde, “Bombito” de nombre, quemado con en No. 33 y procedente de la vacada de Guadalest. Durante la lidia el público adquirió una actitud intransigente; “Varelito”, engallado, expuso hasta la imprudencia. Dicen las crónicas que narran aquella corrida que la muerte del adversario se la brindó a uno de sus peones con estas palabras en voz alta: -¡Este es el último toro que voy a matar en Sevilla. A ver si se entera esta gente de lo que soy capaz de hacer!

Aquella sentencia, lejos de mermar la bronca, inflamó el enojo colectivo del público.

Luego de una serie de muletazos, en actitud de desprecio hacia el toro y hacia el cotarro, volvió la espalda a aquel; luego giró y se tiró a matar señalando un pinchazo por todo lo alto; “Varelito” creyó que bastaría con eso para que el adversario doblar y volvió a darle la espalda, sin embargo, el bicorne que aún se mostraba muy entero, embistió al hombre de tan mala suerte que le asestó la cornada en el ano. Manuel Varé se derrumbó sobre la arena malherido; con la rapidez humanamente posible, las asistencias le levantaron y le condujeron a la enfermería. Cuando el conjunto iba amparado por el callejón se escuchó decir al diestro: -“!Ya me la ha “pegao”! ¡Ya se han salido ustedes con la suya!.

Una vez en la enfermería, los galenos le descubrieron una tremenda cornada que presentaba desgarro del esfínter y de la pared anterior del recto, a más de lesiones severas en músculos y vasos.

Una vez que le practicaron las primeras curaciones, los médicos le remitieron a su casa a pasar la convalecencia, pero vino la septicemia tras una infernal agonía. El humano no conocía la penicilina.

Finalmente, el denodado diestro lanzó su postrer aliento la fecha indicada en las primeras líneas de la presente cuartilla.