19 junio, 2021

HOY HACE 47 AÑOS
Exhala su postrer aliento Rodolfo Gaona

El inmenso Rodolfo Gaona, el “Petronio del Toreo”, “El Sumo Pontífice” –y otros motes gloriosos bien ganados- lanza su último suspiro el 20 de mayo de 1975 en la Ciudad de México.

León de los Aldama, Guanajuato, la sede de los “panzas verdes”, la capital cuerera había visto el natalicio de este mestizo el 22 de enero de 1888.

El inmenso Rodolfo Gaona, el “Petronio del Toreo”, “El Sumo Pontífice” –y otros motes gloriosos bien ganados- lanza su último suspiro el 20 de mayo de 1975 en la Ciudad de México.

León de los Aldama, Guanajuato, la sede de los “panzas verdes”, la capital cuerera había visto el natalicio de este mestizo el 22 de enero de 1888.

Saturnino Frutos “Ojitos”, personaje que tiene páginas especiales en la historia mundial de la tauromaquia, por azahares del destino llegó a instalarse en la ciudad acotada rayas anteriores, y ahí monta una escuela de toreo. En ella se matricula Rodolfo y bebe todos los conocimientos sobre la lidia de reses de casta.

Para 1905 viste por vez primera de luces en la localidad de su nacimiento. A dos años de su primera función va a la capital de la patria y debuta como novillero en “El Toreo de la Condesa”.

Corría marzo de1908 y “Ojitos” decide llevarle a España.

Hábilmente, a sabiendas de la capacidad de su pupilo, el viejo banderillero de “Frascuelo” organiza una presentación especial a donde convida a diversos personajes del medio taurino, incluida la crítica taurina. El recinto escogido fue la plaza de Puerta de Hierro de Madrid, en cuyo anillo Gaona enfrenta a dos toros quemados con la marca de Bañuelos. Exitosa resultó la presentación; el leonés se destaca y enseña ampliamente el concepto que tenía de la tauromaquia práctica; es por ello que “Ojitos” decide conducirle a la tarde del 31 de mayo de tal año para que reciba la alternativa. Ahora, la plaza señalada fue la de Tetuán de las Victorias en donde adquiere la borla de matador de parte de Manuel Lara “Jerezano”, con quien sostiene un mano a mano. El burel de la alternativa fue anunciado como “Rabanero”, berrendo de pinta, procedente de la dehesa de Basilio Peñalver. El corolario de la función fue la salida en hombros del mexicano. Sensaciones más que gratas dejó entre los aficionados ibéricos.

Gaona, un indio sin complejos ni miedos.

El 28 de junio del mismo año, retorna al coso de su ascenso al escalafón mayor; ahora se encierra con cuatro ejemplares de Peñalver, ante los cuales ratifica sus alcances técnicos y artísticos. Aprobada ampliamente esta especie de examen le llega el premio: confirmar el doctorado en Madrid. Contrata la tarde para el 5 de julio; entonces llevó de padrino a Juan Sal “Saleri” quien ante la mirada de Tomás Alarcón “Mazzantinito” le cede a “Gordito”, toro procedente del criadero de González Nandín. El mexicano había subido a la escala mayor y ya no se bajaría. El triunfo de aquella fecha le lleva a sostener un mano a mano en la propia plaza de la capital con Vicente Pastor en otra fecha cercana.

Proponer un recuento de sus triunfales tardes, para estas páginas resulta titanesco; baste, con mucho agrado, rememorar, por ejemplo, la del 21 de noviembre de 1920 cuando en El Toreo de la Ciudad de México les quitó el rabo a sus dos adversarios del hierro de Zotoluca; o la del 8 de julio de 1915 en el coso de Pamplona, durante la segunda corrida de la Feria de San Fermín, en donde buriló el celebérrimo “Par de Pamplona”, que quedara prisionero en una oportuna gráfica autoría de Aurelio Rodero. El cómplice de aquel instante inaudito fue “Cigarrito”, toro procedente de la dehesa de Concha y Sierra. Y ello ante la mirada, además de la del público, de sus alternantes, Serafín Vigola “Torquito” y José Gómez Ortega “Joselito”…

La que se ha considerado, empero, mejor faena de su vida fue la que sobre la arena del Toreo de la Condesa le ruecó a “Revenido”, bicorne de la legendaria ganadería tlaxcalteca de Piedras Negras. Era el 17 de febrero de 1924 y acabó el acto con un Gaona empuñando el rabo del antagonista a pesar de que le señaló un par de pinchazos y otro tanto de golpes de descabello.

Según críticas, Gaona fue quien terminó de universalizar el toreo mexicano. Y le correspondió una época por demás complicada, ya que el toreo español estaba mandado por un par de monstruos: Joselito “El Gallo” y Juan Belmonte. Pero con ellos alternó cuantas veces fue menester y se puso a su inmensa altura. Aquello fue algo tremendo.

“El indio” americano se desenvolvió sin temores ni complejos y se puso a hacer lo que muy bien había aprendido: torear.