28 julio, 2021

Exitoso primer festival de aniversario

Con el fin de honrar el CXXV Aniversario de la inauguración del coso San Marcos de Aguascalientes Espectáculos Taurinos de México S. A. de C. V. Diseñó cuatro carteles de otros tantos festivales taurinos. Esta tarde del 13 de junio, nublada y con soplos de viento discreto en ciertos momentos, se ofreció sobre la superficie del añoso edificio el primero de ellos.

Con el fin de honrar el CXXV Aniversario de la inauguración del coso San Marcos de Aguascalientes Espectáculos Taurinos de México S. A. de C. V. Diseñó cuatro carteles de otros tantos festivales taurinos. Esta tarde del 13 de junio, nublada y con soplos de viento discreto en ciertos momentos, se ofreció sobre la superficie del añoso edificio el primero de ellos.

Según las normas ordenadas por la oficialidad se admitió el 60% del aforo, mismo que se cubrió por un público entusiasta, sediento de ver toros y noble que dejó sin billetes de entrada los “talonarios”. Esta clientela no debió salir decepcionada dado que los seis matadores de toros dieron todo de sí para en distintas medidas agradar ampliamente.

Seis toros, si, toros simplemente para festival, se arrearon desde los potreros guanajuatenses de Santa María de Xalpa, cuyo patrón bien supo escoger de entre su partida. Encierro de acusado tipo Parladé, acaso de discretos pesebres pero que a criterio global cumplieron unos y recargaron otros al momento de ser demandados por las nuevas almendras de los de castoreño.
Destacaron en comportamiento el cuarto, “Güicho” según cartón, No. 522 de 460 kilogramos para el que hubo arrastre lento de más; y el quinto, “Febo” de nombre, No. 519 y de 481 según báscula y que merecía el paso lento a sus despojos pero para el que no hubo premio oficial, no obstante el entendido público le rindió honores batiendo sus palmas.

Pese a que el primer burel de la función se adhirió a la arena, el arcano diestro poblano Jerónimo (palmas tras aviso) muy sabio de las distancias y el son que había que aplicar, imprimió varias tarjetas postales de aquel su toreo casi religioso; por acá una media de brazos muertos, por allá un natural y más allá un derechazo expandieron en la atmósfera su aroma profundamente artístico. El mal uso de las armas, no obstante, le privaron de anotarse algún trofeo.

Después de tramitar con el capote, Antonio Romero (oreja) se entroncó con un toro que poderosa y peligrosamente se vencía sobre el cuerno derecho; y por ese flanco precisamente, usando mandona sarga, hizo el toreo -sin falta del natural- imponiendo su ley en lo que fue un trasteo claramente interesante y culminado por estocada un tanto delantera y tendida pero suficiente.

Al dinástico hombre de Irapuato Diego Silveti (palmas) le correspondió un burel soso y escaso de energía; ante ello se observó pensante, reposado y paciente logrando buenos instantes de su concepto vertical de la tauromaquia, amén, igualmente de extender su empeño. Lo malo llegó a la hora de la suerte suprema, ya que señaló un pinchazo, media atravesada y doce descabellos para sus estadísticas.

Si con la jerga rosa no logró acomodo Angelino de Arriaga (dos orejas exageradas), cuando empuñó las banderillas realizó forjó una exhibición de valor, caligrafía, tino y facultades físicas sobradas. El melocotón, ojo de perdiz aquel, fue un toro enrazado y fijo que embistió con energía, y aunque el tlaxcalteca adicionó su labor con denuedo y empeño no puso descifrar el son y la distancia que demandó el adversario al que hizo acabar sus días ejecutándole una estocada punto defectuosa sin embargo de dividendos inmediatos.

Y saltó en quinto turno un bicorne bravo. Pero también una fiera herida que lo enfrentó. Eso fue el tlaxcalteca Sergio Flores (dos orejas) quien rotundamente defendió su envidiable posición actual entre la torería azteca.
Acaso un poco tardo el negro, al acudir a las telas lo hizo con franqueza y buen estilo; entonces el coletudo le burló variadamente con capa y muleta, rubricando en cada serie el sitio sólido y recio que trae. Luego de haberse pronunciado tan toreramente tomó la espada dejándola caída y perpendicular en el cuerpo de su oponente, el cual se derrumbó prontamente sobre el albero.

De exquisito gusto es el juncal joven aguascalentense José María Hermosillo (oreja); ese entender de la lidia lo traslució de modo intermitente en su faena de redaños; la hizo a un jabonero sucio, noble aunque débil, y al que desgranó formidable partido basándose en las columnas de su valor y actitud de exponer sin reservas el físico. Una vez hecha la faena se fue tras el acero dibujando un pinchazo antes de la estocada caída pero definitiva.