28 julio, 2021

HOY HACE 27 AÑOS
Ratifica su doctorado Juan Mora

El 24 de junio, “el mero día de San Juan”, de 1984, halagando de paso “el día de su santo”, Juan Mora se atavía de seda y oro para comparecer en la Monumental de Madrid con el objeto de ratificar su doctorado en tauromaquia. Ahora, con la licencia del amable y aguantador lector, me auto cito: “Ratifica su doctorado en las Ventas de Madrid Juan Mora, el padrino fue Manuel Ruiz “Manilí” y el testigo Pepín Jiménez. De toriles apareció un encierro quemado con el distintivo de Jiménez Pasquau. Mora es hasta el 2007 el mejor torero salido de la región de Extremadura, España.” (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, pág. 295, www.fcth.mx).

El 24 de junio, “el mero día de San Juan”, de 1984, halagando de paso “el día de su santo”, Juan Mora se atavía de seda y oro para comparecer en la Monumental de Madrid con el objeto de ratificar su doctorado en tauromaquia. Ahora, con la licencia del amable y aguantador lector, me auto cito: “Ratifica su doctorado en las Ventas de Madrid Juan Mora, el padrino fue Manuel Ruiz “Manilí” y el testigo Pepín Jiménez. De toriles apareció un encierro quemado con el distintivo de Jiménez Pasquau. Mora es hasta el 2007 el mejor torero salido de la región de Extremadura, España.” (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes, pág. 295, www.fcth.mx).

Por la sustancia en la práctica del toreo, Mora merece un recorrido breve sobre las páginas de su biografía.

Su padre había sido novillero, lo que no resulta extraño que desde sus mocedades apreciara y abrazara la bárbara profesión de lidiador de reses.

Justamente su propio progenitor resultó ser su mentor, y de la mano de éste debuta con varilargueros en el coso de Plasencia el 23 de abril de 1977. A dos años del debut, el 1° de mayo de 1979, comparece en la plaza de la capital ibérica para realizar su presentación; de ahí y con el mismo fin, va a pisar otra arena de preponderancia suma, la dorada de La Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

A los cuatro años de aquellos hechos novilleriles, se le prepara la alternativa, y nada menos que en el último coso acotado. El 3 de abril de 1983 se planta en el tercio para que Manuel Vázquez le transfiera los trastos y se responsabilice de la lidia y muerte de “Arriadito”, toro con la divisa de Carlos Núñez, ello ante la presencia de Curro Romero.

1994 y 1995 son importantes años en su trayectoria profesional dentro de los anillos, ya que sale por la Puerta Grande de Las Ventas de Madrid.

Juan Mora, apóstol del toreo clásico.

El 2001 es víctima de una bárbara y severísima cornada; ésta acontece en la plaza de Jaén cuando un burel le parte la femoral del muslo derecho.

No obstante, jamás perdió la ilusión, el valor y la savia torera que posee. El destino le tenía un premio formidable ya que nuevamente en el coso venteño, 2 de octubre del 2010 según calendario, se enfrenta a un lote de Torrealta del que obtiene tres auriculares y, lógicamente, sale en hombros de los más contagiados aficionados y así atraviesa la imponente Puerta Grande.

Para el 2 de junio del 2019 se anunció un cartel en la plaza de Cáceres: Seis toros del Pilar para Juan Mora y Emilio de Justo; Mora, junto a su paisano, se entretiene desorejando al toro soltado en el turno de honor y abandona el edificio por la Puerta Grande acompañado de su alternante en el final diamantino. El prólogo de su quehacer delante del adversario fue un pasaje pintoresco, raro y curioso: encontrándose el matador de toros Antonio Ferrera en el tendido, Mora sube a tal sitio y brinda a su colega la faena…

Tratar de explicar la tauromaquia de cualquier diestro es peligroso, tratar de definirla es pecar gravemente de soberbia.

Mora fue, rotundamente, un coletudo desesperantemente irregular. La causa pocos la saben; tal vez su carácter, quizás su concepto del toreo o, tal vez, la mafia taurina española le marginó. Lo cierto es que no fue apreciado sino hasta el episodio de su veteranía, cuando ya se hallaba en el estado más profundo de su esencia torera.

Jamás le interesaron las estadísticas, sí la esencia del toreo. Puro, nítido y apóstol de las doctrinas más clásicas de la tauromaquia práctica, puede ser el mejor representante de la transición de la época pasada más inmediata al toreo que hoy, sin querer, llamamos moderno.

Aquí, parte de su filosofía:

“Ponerse delante de un toro sin estar loco es un misterio. ¡Sin estar loco…! Ha habido chiflados que en cuanto ha salido el toro han recuperado la cordura. Pero hay personas normales que parecen locos, y esos son los toreros. ¿Por qué lo hacemos? Yo creo que por un sentimiento de amor hacia el toro. Ese es el hilo conductor del toreo. Si no fuera así, la tauromaquia habría desaparecido hace tiempo”. (El País, Antonio Lorca, 13 de enero del 2019).