28 julio, 2021

Triunfan “El Cejas”, Tláloc y la imprudencia

Sentenció el genial Einstein: “La imbecilidad humana no tiene límites”.

Sentenció el genial Einstein: “La imbecilidad humana no tiene límites”.

La empresa de Alberto Bailleres anunció para este domingo 27 de junio el segundo festival de los cuatro con que se está conmemorando el 125 Aniversario de la Plaza de Toros San Marcos. Con este objeto seleccionó seis toros de muy buena presencia, bien comidos y de hermosa lámina, dos provenientes de la vacada de Los Encinos y dos de la de Santa Bárbara para los de a pie y uno de Bernaldo de Quiros para rejones cuyos restos fueron aplaudidos cuando eran arrastrados al desolladero. Bravo y noble fue, asunto muy raro en tratándose de un toro llegado de donde ya se señaló. Al final de la suma no pudimos apreciar claramente las condiciones de lidia de los dedicados a los matadores de a pie.

Una nube densa, hermosa y policroma se desmoronó sobre el centro de la capital aguascalentense. En pocos minutos convirtió el anillo sanmarqueño en una laguna bárbara que impidió el desarrollo normal de la lidia. Estaba la parte final de la actuación de Arturo Macías “El Cejas”, quien todavía logró contar con una superficie más o menos apta para desenvolver su tauromaquia. Al doblar su adversario ya era prácticamente imposible continuar con el festejo; no obstante ¡soltaron los cuatro bureles restantes! ¿Qué fue lo que obligó a la autoridad a admitir semejante absurdo? La respuesta habría que buscarla en las mayores profundidades de la psicología humana.

¿Qué es, para que está, que debe decidir en esos casos extremos y que criterio debería aplicar el juez y su “gabinete”? A nadie benefició la decisión de seguir hasta el final el festival. El albero era un pequeño mar que aumentaba el riesgo de los actores en un ejercicio de por sí peligroso como es el de lidiar reses bravas. ¿Qué, le seguimos? Parecía preguntar el juez a los matadores; aquel en su balcón “de mando”, éstos en un callejón igualmente convertido en un canal de aguas. Se presentan situaciones en la existencia en que la autoridad no debe pedir opiniones, menos cuando tales provienen más de corazones calientes que de mentes frías y prudentes…

En esas pésimas condiciones vimos como batallaron Arturo Saldivar, Javier Gallardo, José María Pastor y “Platerito”. A los cuatro les batieron las palmas un público que supo apreciar el esfuerzo casi sobrehumano, pero mejor se habría aplaudido y reconocido el que se hubiera suspendido la función.

Con un cielo amenazante se dio libertad al nimbo al primer ejemplar de la tarde. Llegó de los potreros de Bernaldo de Quiros y lo enfrentó el rejoneador anunciado, Emiliano Gamero (vuelta al ruedo bajo su riesgo y responsabilidad). Entusiasta, seguro y maduro se exhibió el jinete defeño, y en esa tesitura, no sin dejar de presumir variada y torera cuadra, hizo el rejoneo correcto y certero proyectándose abiertamente hacia el cotarro a quien agradó su hacer extenso, intenso y hasta barroco, aprovechando la nobleza de su adversario al que despachó, provocando el desagrado entre algunos, con un rejonazo mortal trasero.

Decente en los lances y enjundioso en el quite a la manera de Gaona se vio el aguascalentense Arturo Macías “El Cejas” (dos orejas); luego, muleta en manos, dio un toreo reposado, sereno, modulado y pensante al que imprimió muy buen ritmo a un toro tardo pero que acabó por rendirse en la tela del ardoroso coletudo y al que mató de tres cuartos de espada ligeramente tendida y de consecuencias algo tardías.