28 julio, 2021

HOY HACE 65 AÑOS
Se presenta en Madrid como novillero José Ramón Tirado

De la mano de Rafael Sánchez “El Pipo”, el 8 de julio de 1956 José Ramón Tirado se presenta en calidad de novillero en la plaza más importante del mundo, La Monumental de Madrid, levantada que está sobre zona urbana del barrio de Las Ventas. Aquella fecha el mexicano despejó cuadrillas en compañía de Fermín Murillo y Francisco Pita para despachar utreros de la vacada de Atanasio Fernández. “El Tiburón de Sinaloa”, mote que bien se ganó, para honrar el importante hecho en su biografía, izó la oreja de uno de sus oponentes.

De la mano de Rafael Sánchez “El Pipo”, el 8 de julio de 1956 José Ramón Tirado se presenta en calidad de novillero en la plaza más importante del mundo, La Monumental de Madrid, levantada que está sobre zona urbana del barrio de Las Ventas. Aquella fecha el mexicano despejó cuadrillas en compañía de Fermín Murillo y Francisco Pita para despachar utreros de la vacada de Atanasio Fernández. “El Tiburón de Sinaloa”, mote que bien se ganó, para honrar el importante hecho en su biografía, izó la oreja de uno de sus oponentes.

José Ramón Tirado Robles, tal fue su nombre completo, llegó a este planeta el 8 de septiembre de 1933 en Mazatlán, Sinaloa.

La inclinación por el peligroso oficio de lidiador de reses bravas, como a todos, le llegó desde muy temprana edad. Comenzó entonces a actuar en festejos menores donde paulatinamente fue adquiriendo oficio hasta, ya con 18 años de edad, tener el rodaje suficiente para debutar de luces en una formal novillada. En tal bloque de su carrera sufrió un par de cornadas severas que pusieron a prueba su carácter y su afición, la cual, desde luego, superó.

Hábil, astuto y arriesgado fue Rafael Sánchez “El Pipo”, si, aquel que supo explotar la personalidad de Manuel Benítez Pérez “El Cordobés” para remitirlo con catapulta al peldaño de insospechada fama. De la mano de aquel es que José Ramón Tirado cruza las aguas del Atlántico para llegar a España y presentarse como novillero; el coso escogido fue el de la localidad cordobesa de Priego, y la fecha el 8 de abril de 1956. Con buen despegue esa tarde, se le contrata para el día 22 del abrileño mes en la importante plaza de Barcelona en cuyo escenario derrama su ser torero y convierte la función en memorable; este nuevo éxito orilla a la empresa a anunciarle hasta en ocho carteles durante aquella su primera campaña en arenas ibéricas. Uno de los dividendos que le dieron sus brillantes actuaciones en la Ciudad Condal fue, justamente, la presentación en la capital ibérica, motivo central de las cuartillas al frente y ya reseñada en líneas anteriores.

El auricular que presumió en su puño diestro esa tarde, le derivó en un nuevo contrato en la Monumental, ahora para el 12 del propio mes de julio.

Alternando con el también americano Pepe Cáceres y el peninsular Victoriano Valencia, reedita el triunfo de su presentación pues se le enjuició con otro apéndice. Después de aquello vendría lo mejor: a los tres días del triunfo se enfunda otra vez el terno de luces para volver a realizar el paseíllo, nuevamente con Pepe Cáceres y “El Trianero, alternantes que vieron como el sinaloense registró dos orejas. Ya el paso del “Tiburón de Sinaloa” era arrollador. Tres tardes, cuatro orejas.

José Ramón Tirado “El Tiburón de Sinaloa”, arrolló en España durante la campaña de 1956. Un valiente y espectacular coletudo que pudo ser figura del toreo.

Semejantes triunfos en Madrid le permitieron fraguar una campaña española de 1956 con cuarenta y dos festejos novilleriles.

El 12 de octubre del mismo año ascendió a la nómina de los matadores de toros; para el efecto, en la zona del tercio del coso de Mérida, Extremadura se apersonó para que el padrino, Miguel Báez “Litri”, le responsabilizara de la lidia y muerte de “Cuellolargo” de la vacada de Manuel González, ante la presencia de Antonio Ordoñez.

Retornó a su patria para actuar en diversos cosos, regresando a España en 1957, año negro para él pues fue de petardo en petardo. Dice “El Pipo” en su libro “Así Fue” que le llegó a encontrar en los cuartos de los hoteles en pleno y franco estado de embriaguez y llorando por un amor mal correspondido.

De cualquier modo, ratificó su título de matador en Las Ventas el 10 de mayo, ahora llevando de padrino a Julio Aparicio y de testigo a Antonio Chenel “Antoñete” con bureles de Eusebia alache. Al día siguiente volvió a torear en el propio coso madrileño solo para protagonizar un nuevo frentazo. Por si faltara algo, el 17 del mismo mayo comparece de nueva cuenta en Las Ventas para agregar otro fracaso a sus estadísticas negras de aquel 1957.

Con cierta ilusión y la esperanza de remontar la senda, se apalabra para la plaza de Barcelona, escenario de pasados triunfos, pero también ahí experimenta el amargo sabor de la derrota y decide regresar a su patria en donde raya una trayectoria lamentablemente irregular. Sus seguidores, un toreo más bien espectacular y el denuedo de que hacía gala, le granjearon cierto cartel para mantenerse activo hasta finales de la década de los sesentas.

Prácticamente fuera del ambiente taurino permaneció hasta el 27 de marzo del 2010 –por ahí alguna que otra corrida durante los ochentas y un homenaje que nadie recuerda-, cuando a la edad de 77 años y por consecuencias de un mal hepático que soportó durante varios años, en la Ciudad de Los Ángeles, California, se registró su defunción.