21 septiembre, 2021

HOY HACE 108 AÑOS
Se registra en la Ciudad de México el natalicio de David Liceaga

El 22 de julio de 1913 en la hermosa y grandiosa pero convulsa Ciudad de México, nace David Liceaga, miembro de la dinastía de coletudos más larga de lo que nos queda de patria.

“Picado” por el misterioso ejercicio de lidiar reses bravas, Liceaga inició su carrera en los ardientes anillos siendo aún niño; la plaza de Mixcoac fue el escenario en donde se marcaron sus primeras huellas taurinas en calidad de banderillero.

El 22 de julio de 1913 en la hermosa y grandiosa pero convulsa Ciudad de México, nace David Liceaga, miembro de la dinastía de coletudos más larga de lo que nos queda de patria.

“Picado” por el misterioso ejercicio de lidiar reses bravas, Liceaga inició su carrera en los ardientes anillos siendo aún niño; la plaza de Mixcoac fue el escenario en donde se marcaron sus primeras huellas taurinas en calidad de banderillero.

Con la experiencia suficiente, debuta como novillero en la plaza de León, Guanajuato en 1929. Pronto asienta su nombre en este rango, y la campaña de 1930 la llena con 56 festejos, once de ellos en “El Toreo” de la Condesa.

Las tardes brillantes que tuvo, sobre todo en el coso capitalino, le llevan a una primera alternativa; justo en “El Toreo”, el 11 de enero de 1931, Manuel Jiménez “Chicuelo” le cedió la lidia y muerte de “Palillero”, toro con el hierro de Zacatepec, ante la presencia del gran Carmelo Pérez.

El mismo año del primer doctorado viaja a España en donde renuncia a tal, y nuevamente como novillero debuta en el hermoso coso de Sevilla el 3 de mayo ante reses de Santa Coloma. El éxito obtenido esa tarde le redunda en una repetición en el mismo ruedo, ahora el 10 de mayo, repitiendo el triunfo y saliendo en hombros del coso. La misma escena protagonizó, pero en la plaza de la capital ibérica. Todos coincidían en que Liceaga se veía sobrado ante los novillos; se trataba de un joven con facultades, entendimiento y completo, ya que con las banderillas también se desempeñaba de modo formidable y original, muy “a la mexicana”, dando todas las ventajas a los adversarios. Fue entonces que se programa su segunda y definitiva alternativa. La fecha apalabrada fue la del 21 de junio de aquel 1931; el coso, el de Barcelona, el toro, “Chuponero” de la vacada de Guadalest y el padrino, Manolo Bienvenida.

Pronto y bien le llega la confirmación del doctorado en Madrid, ésta se da el 25 de septiembre de parte de Nicanor Villalta, es decir, padrino de categoría.

De vuelta a su patria anotó en su foja profesional 11 actuaciones en 1932, sin embargo, Liceaga tenía el proyecto de internacionalizarse definitivamente; para abril, la tarde del 17 reaparece en la capital española alternando con sus

paisanos Fermín Espinosa “Armillita” y Heriberto García, cartel que generó tremenda expectación. México producía toreros de exportación.

Lamentablemente el sexto de la función, desembarcado de parte de Alipio Pérez Tabernero, le hiere de manera muy grave, según parte técnico de los galenos. Esto le obligó a desistir de realizar campañas en España los años de 1933 y 1934, prefiriendo incursionar en la fiesta sudamericana, específicamente en Perú, Colombia y Venezuela.

La plaza de Barcelona, tan pródiga para los diestros aztecas, fue el escenario en donde se lidió el toro más grande que ojos hayan visto. David Liceaga fue quien le enfrentó con un escalofriante denuedo. Corría la tarde del 24 de julio de 1932 y el portón de toriles dejó escapar una mole procedente del criadero de “Arranz” que, según las notas de la época, dio en la pesadora ¡950 kilos!

Liceaga en Barcelona con el toro de Arranz.

“El segundo tercio inmortal” fue completado por Liceaga: salió al nimbo de “El Toreo” de la Colonia Condesa un burel quemado con la marca de Zacatepec que correspondió al “Joselito Mexicano”, quien invitó a sus alternantes a adornar el morrillo del adversario; Arruza abrió el espectáculo con un insuperable cuarteo; Liceaga continuó con un par en el que cambió sobre el viaje los terrenos del bicorne, bajando el telón el “Sabio de Saltillo” con un par al cambio en los meros medios del círculo. Aquello fue la locura. Se trataba de tres de los mejores banderilleros del planeta de toda la historia de la tauromaquia profesional.

Su biografía se observa atestada de triunfos notados y ejemplares, como el del 13 de diciembre de 1942 en “El Toreo” al burilar a “Zamorano”, de San Mateo un trasteo formidable que le valió el rabo del adversario y vueltas al anillo con sus alternantes Garza y Pérez y el criador zacatecano Antonio Llaguno González; o el del 18 de febrero de 1945 en el mismo círculo, honrando el reinicio de las relaciones taurinas entre España y México; alternaba con Antonio Bienvenida y “El Faraón de Texcoco” ante bicornes de Torrecilla, ruecándole semejante faena a “Flautista”, cuarto de la tarde. La muleta pudiente que poseía lució por naturales sin mácula de la diestra, misma que solamente empleó en la suerte suprema y para empuñar el de cerdas de la res.

Liceaga no fue un diestro de cuerpo propiamente esbelto, sin embargo, tenía una agilidad tremenda y unas facultades para moverse con dinamismo tremendo en el segundo tercio; con las telas aplicaba poder y precisión y todo

en conjunto le llevó a etiquetarse como figura del toreo en una época en la que México contaba con varios y muy señalados toreros de altos vuelos.

El maestro Liceaga entregó su alma al infinito el 2 de noviembre de 1996 en León, Guanajuato como consecuencia de una deficiencia en los pulmones.