21 septiembre, 2021

HOY HACE 91 AÑOS
Luis Freg es cornado severamente en el coso de Barcelona

“El Rasputín del toreo”, “Don Valor” o “El rey del acero”. Vaya el primer mote por cuenta y responsabilidad del que la cuartilla suscribe.

Ese era Luis Freg, un hombre que dedicó su vida a la fiesta brava y manó su sangre hasta como para crecer los mares.

“El Rasputín del toreo”, “Don Valor” o “El rey del acero”. Vaya el primer mote por cuenta y responsabilidad del que la cuartilla suscribe.

Ese era Luis Freg, un hombre que dedicó su vida a la fiesta brava y manó su sangre hasta como para crecer los mares.

Aquel 12 de agosto de 1929 se apersonó en el coso de Barcelona, y fue un toro de la legendaria dehesa lusitana de Palha al que le tocó abrir sus carnes nuevamente. Pero apenas aquella fue una de las cuantiosas heridas que los diamantes de los bicornes le provocaron.

58 cornadas, seis de las tasadas como muy graves, surcaban su castigado cuerpo; aunque entre cornadas y puntazos se le contaban hasta más de noventa cicatrices. Bárbara cantidad de percances que quizás nadie que no fuera él hubiera soportado.

Luis nació en la Ciudad de México el 21 de junio de 1890. Fue de familia torera, es decir, él y dos de sus hermanos abrazaron la carrera profesional dentro de los anillos; hermano mayor del matador Salvador y del novillero, malogrado por cierto, Miguel; igualmente fue tío de Ricardo Romero Freg, inventor de la “Fregolina”.

A temprana edad Luis se sintió atraído por la lidia de reses, y en plazas cercanas a su residencia fue que comenzó a practicar la tauromaquia.

Contaba con 18 años cuando pudo lograr que le permitieran estoquear un novillo, aún vestido en traje de campo. Esto, en su ciudad natal cuando era el 8 de diciembre de 1908. Al año siguiente, el 26 de diciembre, se enfunda por vez primera en el terno de sedas y oros para actuar en el coso de Mixcoac.

El arrojo, valentía y decisión que huérfanos de tacañería mostraba delante de los bicornes, aquella campaña le granjearon la admiración inflamada de los aficionados.

Para 1910, a juzgar por la organización taurina, estaba listo para ascender a la nómina de los matadores de toros; es entonces que El Toreo de la Condesa se le abre, y sobre su albero recibe la borla. Se la otorgó el granadino José Moreno del Moral “Lagartijillo Chico” ante un ejemplar de Piedras Negras el 23 de octubre de 1910.

Con rapidez notada se hizo de un nombre entre la torería azteca y ello le anima para cruzar las aguas del Atlántico e ir a dar a España a manifestar su toreo.

“Don Valor”, una cicatriz todo él.

En redondeles del viejo mundo se presenta en el coso de Plasencia, fue el 15 de agosto de 1911 alternando con Juan Cecilio “Punteret” alternando la lidia ante bureles de Coquilla.

Por aquellos años se exigía a los extranjeros que tomaran la alternativa; no contaba para ellos, en ingrata actitud de soberbia y desprecio, el doctorado fuera de España. Por ello Luis Freg se traslada a la plaza de Alcalá de Henares el 25 del mismo mes y año para que Antonio Boto “Regaterín” le conceda la alternativa ibérica; el acto se consumó cuando le cedió la lidia y muerte del primero de la tarde.

Pronto le llega la oportunidad de confirmar el título profesional en Madrid. El 24 de septiembre de aquella campaña de 1911, Tomás Fernández Alarcón “Mazzantinito” le apadrina ante la presencia de “Punteret” con un toro de Olea.

El 4 de noviembre de 1934, sin saberlo nadie, excepto Dios, “Don Valor” toreó su última corrida en el coso de Ciudad del Carmen, Campeche. Fue en un festejo mixto durante el cual compartió el escenario con el novillero Ignacio González “Armillita IV”.

Como volverían a actuar el día 11, se quedaron en Ciudad del Carmen para disfrutar de los agasajos de los más allegados aficionados. Un día antes de la función programada, se embarcaron en fatal excursión sobre las aguas de La Laguna del Carmen. La lancha en que viajaban fue víctima de oscuro naufragio y perecieron catorce personas, entre ellas el propio Luis Freg, el novillero “Armillita IV” y el banderillero Alberto Pérez “Juanillo”.

Múltiples notas concuerdan en que Freg, siendo un sobresaliente nadador, logró salvar a varias personas antes de ser tragado por las aguas de la laguna.

También se dice que algunas partes de su cuerpo, días luego del accidente, fueron identificadas por las cicatrices de que estaba tatuado.