21 septiembre, 2021

HOY HACE 48 AÑOS
“Cantarito” retorna a los corrales de la plaza de la “Ciudad de los Deportes”

Era el 19 de agosto de 1973 y en el anillo de la vieja plaza de la “Ciudad de los Deportes” se celebraba una novillada de aquella campaña. Se jugaban utreros quemados con la figura ganadera de Campo Alegre; y tocó el turno a “Cantarito” salir al escenario. Sobre la arena del gigantesco coso, hoy tan venido a menos como en general está la fiesta en el planeta, el novillo manifestó un comportamiento sensacional. Bravo y noble fue incontables ocasiones a las telas que le retaban. La responsabilidad de la lidia de aquel ejemplar le correspondió a Carlos Serrano “El Voluntario” quien, a su capacidad, le hizo una faena que terminó en feliz cuadro: retornando el bovino a los corrales tras ser decretado el indulto desde el balcón del juez.

Era el 19 de agosto de 1973 y en el anillo de la vieja plaza de la “Ciudad de los Deportes” se celebraba una novillada de aquella campaña. Se jugaban utreros quemados con la figura ganadera de Campo Alegre; y tocó el turno a “Cantarito” salir al escenario. Sobre la arena del gigantesco coso, hoy tan venido a menos como en general está la fiesta en el planeta, el novillo manifestó un comportamiento sensacional. Bravo y noble fue incontables ocasiones a las telas que le retaban. La responsabilidad de la lidia de aquel ejemplar le correspondió a Carlos Serrano “El Voluntario” quien, a su capacidad, le hizo una faena que terminó en feliz cuadro: retornando el bovino a los corrales tras ser decretado el indulto desde el balcón del juez.

Hasta esa fecha la dehesa se registró como la única en contar en sus libros con dos novillos indultados en la historia del “Cono de la Nápoles”. El anterior logro se había dado el 30 de noviembre de 1958 con “Tramposo”, ungulado al que toreó Emilio Rodríguez.

La apertura de esta divisa viaja en el tiempo hasta la agonía del siglo XIX, cuando Don Ramón Tapia, manando afición por la fiesta brava, se echa en sus hombros la aventura desquiciada de criar toros de lidia. Para dar efecto al asunto merca veinte vientres y un par de sementales criollos quemados con la marca de la Hacienda de Queréndaro.

En episodio romántico, Don Ramón arrea su ganado por tierra dos días con sus noches, hasta llegar a sus feudos, que se registraban en la base del cerro de “Las Doncellas”, en el encaje acuático del Lago de Cuitzeo. En esos agostaderos se alimentarían muchos años los bóvidos de casta de la Hacienda La Labor.

Don Alfredo Ochoa Ponce de León y Emilio Fernández decidieron estructurar una sociedad, y a mediados del siglo pasado compran a Don Ramón Tapia una considerable porción de sus tierras en las que se incluía el casco de la hacienda. Es entonces que ahí, en su nueva propiedad fundan la dehesa de Campo Alegre. Buenos apreciadores de la casta, y para dar curso a su actividad, este par de hombres entablan relaciones de compra-venta con los

señores Madrazo y les compran ganado de la legendaria ganadería laguense de La Punta.

Repentina fue la muerte de Emilio Fernández. Establecido por el destino semejante nuevo derrotero, Don Alfredo Ochoa abona a la manada ejemplares del encaste San Mateo. Ello por vía de San Miguel de Mimiahuapam, propiedad entonces de Don Luis Barroso Barona, con quien Don Alfredo llevaba estrecha amistad.

Es a partir de este nuevo episodio que la ganadería de Campo Alegre va escribiendo sus mejores años hasta convertirse en una de las divisas preferidas por las figuras.

La madre historia taurómaca demanda que se recuerde en esta cuartilla a “Saltillero”, toro formidable quemado con la figura de Campo Alegre que fue indultado por Curro Rivera en la Plaza México el 9 de julio de 1978. Rivera desplegó aquella tarde toda su gracia torera delante de la comprometedora res. Su alegre, entusiasta y regustada tauromaquia se hizo ver y valer en el coso de la calle Augusto de Rodin en sus extensos, muy extensos trazos de muleta, ya en la diestra, ya en la siniestra. Tras el indulto vino al redondo escenario la apoteósica vuelta al ruedo del coletudo en compañía del criador.

Otra historia es la que posteriormente se dio a raíz del deceso de Don Alfredo Ochoa, la cual que merece páginas especiales.