27 noviembre, 2021

“ARMILLITA IV”, UN ARTISTA
Reseña del Tercer Festival Taurino
125 Aniversario de la Plaza de Toros San Marcos

Esta media nublada tarde dominguera del 29 de agosto que inició su agonía se ofreció el cuarto, último y desairado festival del 125 Aniversario del coso del barrio de San Marcos de Aguascalientes. Acaso un cuarto del aforo fue ocupado por una clientela, eso sí, entendida y conocedora.

Esta media nublada tarde dominguera del 29 de agosto que inició su agonía se ofreció el cuarto, último y desairado festival del 125 Aniversario del coso del barrio de San Marcos de Aguascalientes. Acaso un cuarto del aforo fue ocupado por una clientela, eso sí, entendida y conocedora.

Para dar curso práctico a la función se jugó un encierro quemado con la marca ganadera de Espíritu Santo. Fueron seis toros rematados, con cuajo, trapío, bella lámina y despuntados decentemente. Se vendieron caros; la mayoría presentó complejidades y sometieron a prueba a sus lidiadores. Incluso el primero fue recibido con aplausos al hacer presencia en el nimbo.

Todos fueron a recargar en los petos: el segundo permitió al “Nono” Cobos coprotagonizar un formidable puyazo por el cual abandonó el redondel envuelto por las palmas del respetable y el cuarto le propinó semejante tumbo al vástago del “Nono” del cual salió airoso, ya que aguantó como los meros buenos en todo el peligroso bloque.

El triunfador fue, al sumar cuentas, Fermín Espinosa “Armillita IV”; dejó sobre la corteza arenosa pasajes de 24 quilates. Bello fue su trasteo y quedó muy en el ánimo de los aficionados.

El hermoso y cuajado burel primero de la función, dado el sentido agudo y lógico, propio de su edad –quizás más de cinco años- propuso demandas técnicas bárbaras. Y el experimentado coletudo aguascalentense Fabián Barba (palmas tras aviso y palmas en el que despachó por Román Martínez) las hizo ver en una labor interesante, muy para aquellos aficionados cultos que entienden que la tauromaquia, trágica en esencia, no solo es pegar pases bonitos por ambos flancos. La testa del bicorne siempre remitió a las nubes guadañazos terribles tratando de encontrar carnes, pero por la inteligencia torera de Barba, afortunadamente jamás las encontró. Dos pinchazos precedieron a la estocada caída que dio fin a la maciza muestra del diestro.

El que cerró plaza siempre estuvo atento al cuerpo del diestro; tenía agilidad felina y negras intenciones; empero el hombre sabe lidiar y lo demostró cabalmente, en nueva edición, esgrimiendo su tela roja con oficio consumado y ganó la partida de manera más que torera. El público lo entendió y apreció en todo lo que valió sus diligencias ejemplares. Un leve descalabro vino con la espada y no acabó con la vida del adversario sino hasta el tercer viaje.

El hidalguense cuarentón Luis Gallardo (silencio), que por milagro ha visto su nombre impreso en algún cartel, también por gracia divina saldó con decoro su situación y sorpresivamente hasta ciertos muletazos templados se le observaron. Tal vez, para mayor provecho del toro, habría tenido que envolverlo con paciencia y quietud, toda suerte que se dejó meter mano.

Las espadas sí que hicieron sufrir al veterano diestro.

Con variedad y enjundia, más que nada, Antonio García “El Chihuahua” (palmas tras aviso) recibió capoteramente a su adversario; luego, con alegría, se dio a clavar banderillas. En armando la muleta puso bastante de sí con disposición, deseos y determinación y, no sin muchos trabajos y embarullamientos, logró pases mencionables y atrajo la atención de la clientela haciendo fiestas, pese a lo soso y topón de su antagonista al que mató luego de sufrir varios episodios erráticos.

Buenas fueron las verónicas de buenas tardes de Gerardo Adame (al tercio); sin embargo, lo de mayor intensidad vendría con la sarga. Se trató de un toro de medias embestidas que nunca tragó y sí que amagó resistiéndose y tanteando cualquier error del hombre; pero se trata de un joven torero evolutivo, inteligente, con oficio, firmeza y notado poder en su engaño. Dadas estas cualidades fue que extrajo provecho en donde parecía no haberlo. El vaso amargo vino al usar el alfanje, ya que no mató al burel sino hasta el tercer viaje.

A pesar de la debilidad y sosería del quinto ejemplar, el nieto del “Joselito mexicano” Fermín Espinosa “Armillita IV” (dos orejas) aromatizó el escenario con las esencias más finas y delicadas. En él palpita un artista. Con suavidad, sin hostigar lo más mínimo al cuadrúpedo, dándole amabilísimo trato lo mantuvo en pie y luego le buriló derechazos y remates con sellos muy probados de arte y estética. Hondo es de verdad este joven y aunque la estocada resultó de tardías consecuencias, la ejecución se mantuvo en consonancia con lo que había realizado mientras tuvo la tela roja en sus manos.

Román Martínez vio frustradas sus pretensiones de enlistarse en este concluido ciclo de festivales. Luego de recibir en el centro del anillo al sexto bicorne sobre gaoneras atrabancadas, intentó un quite y en la segunda suerte aquel le ejecutó tremenda voltereta de la que sacó la fractura de uno de sus

codos. Fue llevado a la enfermería por las ayudas, de la que ya no le fue posible retornar al albero dado su mal estado físico.

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