17 octubre, 2021

HOY HACE 56 AÑOS
Exhala su aliento postrero Antonio Bienvenida

7 de octubre de 1975: “El maestro Antonio Bienvenida fallece como réditos negros de las lesiones que le causó “Conocida”, el anterior día cuatro en la plaza de tientas que en El Escorial posee la dehesa de Amelia Pérez Tabernero. Irónico fin de tan pundonoroso diestro. Lo que no lograron los toros en varias cornadas graves, lo logró una vaquilla” (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes: www.fcth.mx).

7 de octubre de 1975: “El maestro Antonio Bienvenida fallece como réditos negros de las lesiones que le causó “Conocida”, el anterior día cuatro en la plaza de tientas que en El Escorial posee la dehesa de Amelia Pérez Tabernero. Irónico fin de tan pundonoroso diestro. Lo que no lograron los toros en varias cornadas graves, lo logró una vaquilla” (Martín del Campo Rodríguez Sergio, Tauroefemérides, la historia mundial de la fiesta comprimida en más de 4,700 fechas importantes: www.fcth.mx).

El 25 de julio de 1922 en Caracas, Venezuela ve por vez primera la luz del rey de los astros Antonio Mejías Jiménez, mejor conocido en el Atlas taurómaco como Antonio Bienvenida.

Antonio fue el cuarto hijo del matrimonio formado por Manuel Mejías Rapela, célebre que fue con el mote de “Papa Negro del toreo”, y Carmen Jiménez.

Hermano de cinco varones, todos que peinaron coleta, fue sin duda el más destacado en los anillos y delante de los toros de casta.

Desde su tierna infancia abrazó apasionadamente la carrera taurina; ya de novillero impactó en los dos cosos más importantes de la península ibérica; Madrid y Sevilla. En aquella se rememora con agrado su faena, el 18 de septiembre de 1941, a “Naranjito” del hierro de Antonio Pérez, conocida que es como “la de los tres pases cambiados”.

Para el 9 de abril de 1942 y despachando reses de Miura en el coso de Las Ventas, toma la alternativa de parte de su hermano “Pepote”.

Un par de meses luego del doctorado sufre, en la Monumental de Barcelona, una de las cornadas más severas de su carrera, la cual lo mantuvo casi tres meses en la inactividad.

Su campaña más gloriosa se instala entre 1953 y 1957; de este episodio se destaca la tarde del 3 de julio de 1955 cuando se encerró en Madrid con seis toros de Galache, toreando gratuitamente a beneficio de los matadores necesitados.

Antonio Bienvenida, un maestro.

Otra cornada grave en su hoja de servicios sufre por “Cubitoso”, de Sánchez Cobaleda el cual le hiere en el cuello en el coso Venteño.

Vendría lo que la crítica ha tasado como “mejor faena de su vida”; se la cuaja a un burel de Cembrano en 1964, ahora sobre la carpeta arenosa del coso de San Sebastián de Los Reyes.

En 1966, a los cuarenta y cuatro años de edad, anunció su retiro de los ruedos, y el 16 de octubre, tras lidiar seis toros, su hermano Pepe le cortó la coleta en Las Ventas ante su hermano Ángel Luis. Seguiría actuando en festivales hasta 1971, año en el que volvió a los ruedos. Su reaparición se verificó en la plaza de la capital española, el 18 de mayo, para confirmar la alternativa del mexicano Curro Rivera. El 5 de octubre de 1974 se retira definitivamente en la plaza de Vista Alegre. Quedaron entonces en sus estadísticas 775 corridas y 54 novilladas; 113 novillos y 1,628 toros estoqueados.

Pero llegó el 4 de octubre de 1975, aniversario luctuoso de su progenitor; luego de asistir a misa se dirigió a la finca de Amelia Pérez Tabernero con el fin de tentar algunas vaquillas.

Después de muletear a varias aspirantes a futuras madres de la bravura, “Conocida”, astipuntal y bien armada hembra, se volvió al ruedo de la plaza de tientas luego de que se le había dado puerta hacia los agostaderos; cogió desprevenido al maestro y le propinó una aparatosa y mortal voltereta de la que sacó severísimas lesiones vertebrales. El fin de este accidente absurdo fue la defunción del diestro en Madrid el día siete de octubre.

Bienvenida está considerado como uno de los diestros más destacados del siglo pasado. No siendo propiamente una “vara de nardo”, sino más bien fornido, poseía una habilidad física envidiable, incluso para responsabilizarse del segundo tercio con eficacia, elegancia y suficiencia. Dominó los terrenos de él y del toro; es uno de los que con mayor legitimidad ganó el título de “maestro” y luchó con hombría en contra del afeitado, deshonesta diligencia que proponía “institucionalizar” Julio Aparicio.

WP2Social Auto Publish Powered By : XYZScripts.com