4 febrero, 2018

Sergio Martín del Campo Rodríguez

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Con tanto hombre (animal macho con órganos sexuales internos y externos normales) que pretende hacer funciones de mujer, y tanta mujer (animal hembra con órganos sexuales internos y externos normales) que pretenden realizar funciones de hombre, con un sistema taurino irreflexivo, soberbio y egoísta y un entramado político hipócrita, siniestro e involutivo, ya no se sabe si reír o llorar.

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La poderosa e inflexible empresa, dueña intolerable de la fiesta, muy pocas veces brava, que nos va quedando en México, “Tauro Plaza México” advirtió que sorprendería con la segunda parte de la campaña 2017-2018 en la vieja plaza de la calle Augusto Rodín; esto al presentar el primer bloque de la misma.

Y no se equivocó, cumplió cabalmente con lo prometido, pues si alguien todavía pensó sanamente que los carteles guardarían congruencia con un lógico dinamismo que generara rivalidad y frescura en las combinaciones, la oferta ya oficial provocó el desencanto casi total entre los aficionados, toda vez que la fórmula usada para concretar las combinaciones, resulta insultante y ofensiva, con el agregado de un egoísmo para con el espectáculo, voraz

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Con una tercia de espadas marginados, que imposible se ve puedan alternar con los que figuran y en combinaciones que generen competencia y emoción en los escaños, se dio la séptima corrida de la campaña 2017-2018 en la vieja y cada vez más sola plaza de la “Ciudad de los Deportes”. Únicamente falta el cartel absurdo y ocioso con tres jinetes que, lamentablemente, provocarán una entrada como para sentarse a llorar.

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El rey de los astros iniciaba a esconderse atrás de los recortes de las montañas; aquellas duras, agrestes, hermosas, pendencieras y retadoras de la faja zacatecana. El tentadero de piedra, su atmósfera y su polvoso suelo habían quedado dorados por los mensajes de lumbre y luz que había remitido, y la última becerra de una extenso versículo aún tenía fuerzas y casta para seguir embistiendo.

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Los museos cultivan, conmueven, desatan la imaginación, promueven, inquietan, educan e iluminan el alma.

Un día, alguien creyó que sería de mayor provecho vender las valiosísimas piezas que componían la colección Domecq; entonces, sin dilación, se puso a subastarlas y así, dramáticamente, invaluables objetos charros y taurinos se atomizaron y fueron a parar a colecciones particulares en quien sabe que domicilios.

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Si oficialmente México logró su Independencia en 1821, muy pronto pseudopolíticos se encargaron de endosar la “nueva patria” al imperio Yanqui. Esta apuesta se siguió reiterando, “sin que se notara”, en los sexenios pasados y aún, presentes.

Si la fiesta brava mexicana tuvo independencia y durante la llamada “época de oro” había una cabal competencia entre nacionales y extranjeros, posteriores organismos se encargaron de entregarla para su beneplácito, a los extranjeros, específicamente a los españoles y a su soberbio y déspota sistema.

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Los vicios del jinete de Navarra, España, Pablo Hermoso de Mendoza –con años bastantes de practicarlos en todos los anillos de lo que aún llamamos patria- resultan ofensivos en alto grado. Meterse a pésimo mercader de ganado, se supone que de lidia, ante la actitud contemplativa del monopolio empresarial, solamente sucede en México y además ante una prensa que todo le elogia, pues está comprometida con el amafiado sistema y no con el espectáculo taurómaco.

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El interesante asunto de los indultos demanda espacios más amplios que los que puede ofrecer una cuartilla.

Cuando es concedido a un toro su retorno a la dehesa, se supone que es, además de con otros objetivos, para dar continuidad a su ya probada progenie.

Si merecía o no el continuar con vida “Maestro” del hierro de Villa Carmela, es tema de otras hojas. Lo cierto es que Luis David Adame nuevamente demostró una intuición muy amplia

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Los sentimientos hondos, gestados en el intocable y sagrado cimiento del alma, rebasan casi todo; dejan atrás perjuicios y prejuicios hasta hacerlos desaparecer.

Su mano izquierda, construida por otras dimensiones, es la mejor, la más natural para manejar la muleta sin ayudado que haya visto en vivo el que esta cuartilla firma. Nunca se marcó en las placas de la historia mundial de la fiesta brava una siniestra tan diestra. “La mano izquierda es la de cobrar”, reza el refrán taurino.

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La semana anterior concluyó su ciclo de existencia terrena un personaje con sonado y célebre nombre en cuanto a la crianza de toros de lidia se refiera: Victorino Martín.

Exactamente la defunción de este criador se registró el 3 de este mes que transcurre y debido a una insuficiencia de tipo cerebral y en su finca campera de Monteviejo.

El inteligente amo de la casa ganadera a la que puso su propio nombre, había nacido en Galapagar, Madrid el 6 de marzo de 1929, es decir, su fallecimiento entonces se dio cuando contaba con 88 años de edad.

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Teniendo la pantalla chica delante, yo vi en su cuadro un “toreo a la Rincón”. Sí, una interpretación práctica y seca de la tauromaquia; una manifestación dura, bien soportada en los cimientos del fundamento, de estructura maciza y conmovedora que no divirtió, como pretenden algunos “taurinos” que provoque a la clientela la fiesta mexicana, sino emocionó de tremenda manera.

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Dolido. Adolorido. Sí, consternado. Aunque quisiera escribir sobre tauromaquia, no puedo. El pesar me ahoga; la pena sincera doma los ánimos, los sofoca, los adormece.

Mal fario, coincidencia o lo que sea, pero el hecho es que el pasado 19 de este mes que embiste de manera devastadora, nuevamente varias manchas de nuestro mapa fueron estrujadas por un sismo que atrás de su energía apocalíptica dejó desolación y muerte, angustia, llanto y dolor profundo.

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La empresa que administra la plaza de toros de Zaragoza, España, estructurada por Ignacio Lloret y Enrique Patón, el pasado martes 12 de este mes que embiste con bíblicos fenómenos naturales, desplegó los carteles que darán vida taurina a la famosa Feria del Pilar. El fascículo comprenderá seis corridas de toros, una de rejones y un par de novilladas.

Para los intereses taurómacos mexicanos, por supuesto, se subrayan las fechas del 8 y 10 del mes entrante. En el papel que anuncia la del ocho, cuelga el nombre de Luis David Adame junto con los de David Mora y Román, tercia que despachará un encierro de Robert Margé.

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Es patética, y en extraña combinación, inspiradora y edificante la tozudez de casi todos los toreros mexicanos marginados por el inclemente e indolente sistema.

Vetada la “Florecita” por un pseudopolítico, plaza levantada en Ciudad Satélite, los empresarios, en otro acto salvífico y de ejemplar afición –la cual debería ser correspondida en más de un sentido por los sectores que forman la fiesta-, trasladaron su temporada “Feria del Toro” al nimbo del Centro Caballar Los Azulejos, registrado en domicilio de Atizapán de Zaragoza.

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Torrecilla, sí, la primera dehesa desgajada en modo directo de la célebre explotación de lidia de San Mateo. Ahí, amparada por la faja montañosa zacatecana, en el rancho El Sauz, matriculado en el municipio de Saín Alto, de cuyos potreros salieron encierros diamantinos, como aquel de la presentación en México del Monstruo Cordobés el 9 de diciembre de 1945 en el Toreo de la Condesa, compuesto por seis finos bureles que, dada su bravura y nobleza, propiciaron el éxito de la tarde. Este episodio, solamente por mencionar el que más rápido llega en la rambla del recuerdo.

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En este país de publicistas-vendedores monstruosos, voraces y apocalípticos, de dúctiles e ingenuas sociedades de consumo, de una televisión astuta, que melosa y paulatinamente quiere convencer al pueblo que los tira patadas –futbolistas- son seres superiores de “otros planetas”, y lo peor, que el pueblo se lo comienza a creer, y de organismos y medios de comunicación que callan intencionalmente las hazañas de los auténticos héroes que formaron la patria, aún sobrevive el espectáculo taurino.

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La noticia que ganó planas y titulares de los múltiples medios informativos la semana anterior, fue el retiro de Morante de la Puebla, quien para ello blandió absurdos, ridículos e inadmisibles argumentos: “se hartó de los veterinarios y de los jueces”… Seguramente se refirió a los españoles, pues de los mexicanos no podrá nunca quejarse, toda suerte que las autoridades y sus derivados le complacieron y le licenciaron para que estoqueara bóvidos sin trapío y descastados, siendo sus preferidos los “agradables teofilitos”.

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Hoy más que nunca la fiesta brava mexicana demanda apoyo, difusión y propaganda positiva. Así lo sienten cronistas, empresarios, toreros, apoderados y otros personajes que están sumergidos en su mundo y/o viven de él. Sin embargo la insinuación es clara que hacia la fiesta brava que tenemos, padecemos y consumimos, y no a una mejor; sí, a una fiesta más canteada al público que aguanta todo y es quien paga. Una fiesta más honesta, más cabal, más derecha y ética y menos chapucera, menos amafiada, menos autocontrolada, menos sobreadministrada

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A partir de 1947, el mes de agosto se grabó en alto relieve en las amplias fojas de la madre tauromaquia mundial y se colgó en su parte alta el título de Manolete.

De este personaje se ha escrito mucho, demasiado, libros enteros, artículos, crónicas, biografías, ensayos, etcétera, sin embargo da la impresión que aún con los galones de tinta