16 septiembre, 2021

Eduardo Rodríguez Diez

¡QUÉ DECEPCIÓN TAN GRANDE!

De esto hace ya muchos años, por lo menos treinta y tantos, cuando siendo un niño con seis, siete años encima, soñaba con ser torero.

Como todos los que amamos esta hermosa fiesta, siempre tuvimos a alguien que nos inculcó el amor a los toros; fue mi abuelo paterno, el que tuvo mucho que ver con mi afición a la más bella de todas las fiestas. En casa, además del principal tema de conversación sobre el natural odio a la dictadura franquista y sus estragos; sólo había otro tema de igual importancia; los toros. Y cuando me preguntaban mis abuelos maternos, mis tíos, mis primos y mis amigos que ¿Qué quería ser de grande? La respuesta era obvia, ¡Voy a ser torero!, les contestaba.

PAGAR EL PRECIO…

“Para conseguir algo importante uno debe pagar un precio. Son las normas de este mundo”, Haruki Murakami.

Con esta frase del novelista japonés, quiero comenzar este artículo el cual nació al ver una fotografía hace unos minutos en una de las redes sociales, en ella aparecen varias figuras del toreo, en una imagen en la que si no mal recuerdo, se juntaron en defensa de la fiesta. Y bueno, tengo la costumbre de dejar volar mi cabeza y me pregunte:

Sinceramente, ¿Qué tan dispuestos estamos los seres humanos para pagar el precio que conlleva cumplir nuestros sueños cualquiera que este fuese?