VICTORINO DIVISA EL TITANIC.

Una deplorable corrida de Victorino Martín en Madrid arruina una tarde en la que Diego Urdiales, “El Cid” e Iván Fandiño sólo pudieron dejar constancia de su entrega… Una decepción en toda regla. Un hundimiento de Victorino en Madrid que va a traer cola por el alarmante vacío de bravura y casta de los seis bellos ejemplares con el que el ganadero de Galapagar quiso enjuagar ayer la infame corrida de la pasada feria de Abril sevillana. Con tardes así, Victorino da la sensación de que empieza a coquetear con el Titanic, a deslizarse por una senda de descastamiento e intrascendencia impropia de un hierro legendario que se salvó sólo por el nombre de que algún astado hubiera acabado en los corrales al calor de la tropa de bueyes de Florito. Y en medio del descalabro ganadero, Diego Urdiales, que vio pasar a su lado una tarde en la que tenía depositadas muchas esperanzas tras sus prometedoras actuaciones en una plaza que lo esperaba con ansias de que ratificara todo lo anteriormente realizado. Pero no pudo ser. El torero riojano lo intentó en sus dos toros, tanto en el soso primero como en el cuarto, un pavo muy armado que acabó espectacularmente rajado buscando el refugio de las tablas de puro manso. Tampoco corrieron mejor suerte ‘El Cid’, que logró los mejores momentos de la corrida con el capote en el segundo, y el vizcaíno Iván Fandiño, que se libró por los pelos de sendas cornadas en los dos toros que despenó: todo voluntad y entrega la del valiente torero vasco que dejó el sello del valor pero también de una alarmante falta de recursos. Diego Urdiales comenzó por bajo, consintiendo mucho al primero de la tarde; intentando empujarle para que metiera la cara y no se acabara pronto. Hubo un momento en el que la faena parecía que iba a tomar vuelo hasta que el astifino ‘Madriles’ dijo basta. Se puso por la izquierda, el toro escondía la cabeza entre las manos y embistió con especial peligro, quedándose corto y rebañando. A pesar de todo Diego lo intentó y la porfía quedó en nada. No anduvo fino con la espada y tras tres pinchazos despenó al burel con una estocada caída. El segundo de su lote fue sencillamente imposible por acobardado y rajado. El toro estaba renqueante de los cuartos traseros y a pesar del arrimón que se pegó para demostrar valor, disposición y recursos, la faena nunca tomó el anhelado sendero del triunfo. El toreo es así de duro y complicado: todo el año esperando semejante pastel para estrellarse después ante un muro granítico e infranqueable: el de la mansedumbre y el descastamiento. Algo parecido tuvo que pensar ‘El Cid’, que venía a Las Ventas, que es su feudo, con el cuchillo entre los dientes. Y parecía que iba a ser tras el emocionante tercio de pica de su primero, en el que el toro derribó con estrépito en varas quedando el varilarguero a merced de unas astas que se entretuvieron con el peto hasta que el diestro de Salteras se sacó el toro a los medios con guapeza. Parecía que iba a ser, pero no, corazón. El morlaco se paró en la segunda tanda y a partir de ese momento la corrida se despeñó en el sumidero de la decepción. Acabó San Isidro y Urdiales se va reforzado de Madrid pero con el sinsabor de la impotencia.

Author: Pablo G. Mancha. toroprensa.com

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