JUAN PEDRO, ADMIRADO POR SUS PROPIOS TOROS. 1942-2011.

Quizás no fueran los mejores tiempo del ganadero Juan Pedro Domecq Solís, quizás sus toros no le estaban dando demasiadas satisfacciones, quizás para los publico –débiles de memoria- eran tiempos en que estaba fuera de lo que un ganadero debe de pedirle a sus toros. Quizás, quizás, quizás… pero lo que sí es cierto, sin quizás, con rotundidad meridiana, es que ha sido una persona enamorada del toro bravo, que ha vivido para y por el toro bravo y que desde que en 1978 se hizo cargo de la parte de la ganadería que le dejo su padre, ha querido que sus reses tuvieran las cualidades que su abuelo Juan Pedro Domecq Núñez de Villavicencio, primero y más tarde su padre, Juan Pedro Domecq Diez, deseaban “Un toro que embistiera una y otra vez a la muleta, y solo a la muleta, sin desfallecer nunca”.
Lo busco por todos los medios a su alcance, y de la investigación hizo su cruzada. Desarrolló, junto con la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, estudios informáticos para fijar los caracteres de los toros, a través de la selección genética de su ganadería. Estos esfuerzos le permitieron dotar a su vacada, de una personalidad, tanto física como psíquica, que hicieron del toro de Juan Pedro, el toro ideal para crear espectáculo y para servir de base a otras muchas ganaderías de bravos.
Juan Pedro Domecq, ha sido un ganadero que jamás ha pasado desapercibido, por su personalidad y por las originales formas de sus pensamientos. Por sus ideas avanzadas y por sus inquietudes en pro de la fiesta, estas inquietudes le llevaron a ser Presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia desde 1984 a 1994, donde realizó una gran labor de cambios en sus estructuras, que la pusieron a la altura de los tiempos que corrían y que algunos no entendieron demasiado. Fue durante su mandato, Marzo de 1990, cuando La Unión, a través de un arduo acuerdo ministerial, se hizo cargo de la gestión del Libro Genealógico de la raza bovina de lidia.
El lunes, la carretera, ese toro marrajo, incierto y reservón, le propino una cornada mortal de necesidad. Quiso el destino que este morlaco le asestara el ultimo achuchón, muy cerca de “Lo Álvaro”, su finca emblemática, donde se creara el primer torodromo de la dehesa de bravos y donde pasta el ganado del que orgullosamente presumía.
Descansa tranquilo y en paz, ganadero, que hoy tus toros, serán más artistas que nunca, y con su reburdeo lanzaran a los cuatro vientos del mundo taurino, la admiración que sentían por su criador.

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Author: José Luis López Marín

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