ARRASTRE LENTO

Dicen que a las mujeres se les conquista con la palabra; de ahí el sentido del halago, de la expresión oral de la admiración, del arrebato impulsivo de la exclamación “encantada” del “piropo. Elogios que en afortunadas ocasiones “sonrojan” a las causantes -y merecedores desde luego- de los extravagantes devaneos verbales de los galantes que, asombrados, caerían a los pies, adorándola, de la PIEDRA PRECIOSA que deslumbra a sus ojos. Seguro estoy que “ella” me escucha aunque no tenga oídos; estoy seguro que aunque “ella” no tenga pulso, sabe que hay alteración en mi ritmo cardíaco… sabe… sabe tantas cosas de mí que, seguro estoy, me entiende… y aunque no llega sonreír con acento burlesco, su quietud conmovedora parece guiñarme un ojo para aceptar mi incondicional adoración a su ser… PIEDRA PRECIOSA…

Plaza San Marcos.

Mis alabanzas no son el conjunto florido –ramillete de gardenias- de un fraseo emocionado… Es la expresión de un delicioso sentimiento que, experimentándolo desde hace décadas y décadas, me pone de rodillas ante la sencillez de su belleza, hermosura que trueca su ejemplar fisonomía por el hondo sentido y significado que representa… AL GRANO… “CHULA Y RE´QUE´TE CHULA…” El “piropo” que “canto”, “CHULA Y RE´QUE´ TE CHULA”… romántica y emocionada aclamación que, pareciendo tosca y ordinaria, peca por su falta de ingenio, si bien rebosa en simplona sencillez, y careciendo de la sobria elegancia del buen decir, es tan blanco como la fumarola del volcán cuando expele alientos de su corazón adormecido… Brota del corazón… “CHULA Y RE´QUE´TE CHULA…” El “piropo”, alabanza inocua que algo tiene de rústica, algo tiene de campirana, algo tiene de inocencia. ¡“CHULA”, “CHULA”, ¡BIEN “CHULA” QUE TE VES…! Tal vez otros oídos hubieran preferido escuchar el halago con mayor precisión: “Qué bonita luces, plaza de mis amores…”. O tal vez, enfático y garboso, el romance piropeado cantaría… “QUÉ PLAZA TAN “TORERA”, PLAZA DE MIS AMORES…”. Lo cierto es que el cuadro fue un espectáculo maravilloso: la plaza ardiendo de animación; rumor de voces zumbando de entusiasmo; sol de luz sin quemar; calor tibio; colores intensos; amigable acomodo entre codos y caderas que no tenían cabida en las gradas del coso repleto de encendidos admiradores de los novilleros… ¡“QUÉ BIEN LUCÍAS… PLAZA DE MIS AMORES”! Tus pisos limpios… tus muros blancos y amarillo, tus macetas en brote de primavera… y tú ruedo, recién bañado con regadera de ilusiones, exhalando humores de fantasía con tufo torería…

“QUÉ PLAZA TAN “TORERA”, PLAZA DE MIS AMORES…” Lo cierto es que la alabanza formulada en un simulacro de “piropo” no tiene objeción lógica para “cantarse”. Lo cual me llena de orgullo toda vez que tan maravilloso espectáculo parece, según el indicativo de las otras tantas plazas de toros de México, no ocurre más que en AGUASCALIENTES… Lo que vieron mis ojos el domingo pasado en la inauguración de la temporada de novilladas fue un cuadro impresionantemente atractivo, espectacular, “PARA NUNCA OLVIDARTE PLAZA DE MIS AMORES”. ¿Qué se repita la suerte…? Quieran las circunstancias que así sea, empero, en tanto no suceda lo mismo, guardaré en mi memoria el dulce piropo con el que te alabo: “CHULA Y RE´QUE´TE CHULA PLAZA DE MIS AMORES, LINDA PLAZA DE TOROS SAN MARCOS.

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Author: José Caro