ARRASTRE LENTO

7 de marzo de 2019

“A PARTIR DE ENTONCES”… SOÑÉ CON SER TORERO

Era todavía un chaval que había dejado de ser niño –cursaba el cuarto año de primaria –colegio Alcalá-. Si bien no recuerdo con precisión la fecha exacta de tan glorioso acontecimiento, fue “a partir de entonces” que pasaba las horas recreándome en la indescriptible emoción que me causó LA PRIMERA VEZ que, osado, con la garganta hecha nudo, las tripas en saltarina revolución, y mi lengua con sabor a tierra reseca, con muleta y ayudado en la mano, me puse delante de una becerra.


“A PARTIR DE ENTONCES”… SOÑÉ CON SER TORERO

Fue una tarde cálida, íntimamente serena y amorosa, en la añosa haciende de Garabato cuando, excitado por mi atrevimiento, entre indomables balbuceos de mis labios, y en medio de un natural ensanchamiento del pecho, pronuncié las mudas palabras que, como si fuera entre sueños, afirmaron el proyecto “iluso” de convertirme en torero. “A PARTIR DE ENTONCES SOÑÉ QUE SOÑABA”…

“A partir de entonces”, al morir la luz del día, en sereno recogimiento que precedía al sueño, fui construyendo mis fantasías vigilantes… “Soñando”, y sin medir la grave dimensión de mis ocurrencias, me di cuenta del grosero descuido que le hice al mundo que me rodeaba las aulas del colegio –estudiante-, y la sacristía del templo –monaguillo- del Rosario –La Merced- para concentrarme exclusivamente en el pacto que en secreto había signado con la tauromaquia. Empecé a “soñar”… “Soñaba” que toreaba en la plaza de toros San Marcos, y después en las tantas otras plazas que servían de castillos para mis fantasías… Mi familia entró en sospechas… ya sospechaba que algo no andaba bien en mi turbada cabeza…

“A partir de entonces…” estreché la mano a la estremecedora experiencia de torear. Al hacerlo me supe privilegiado pues “a partir de entonces” el toreo había clavado su mirada en mí turbándome con la hondura del misterio y la magia que en él se guardan. “A partir de entonces…” A partir de LA PRIMERA VEZ, mi espíritu se estremeció con el glorioso encantamiento de torear; y en la vorágine de un fiero impuso, ansia impositiva e irrenunciable, me lancé al vacío para embriagarme con el liviano azul de mi fantasía. Y por primera vez me vi toreando, en la Plaza San Marcos… “A partir de entonces” “soñé que soñaba”…

Dichosos instantes aquellos en los que vivía contemplando los lejanos farolillos de las estrellas celestes de las ilusiones… la emoción se había convertido en canto, y el canto en sagrada emoción… Por eso ahora, pese al tiempo transcurrido, la dulce tonadilla del recuerdo me hace vibrar. Por eso ahora, aún cuando sean otros –como los novilleros que torearon el domingo pasado en la inauguración de la temporada en la San Marcos- los que torean, siento como si lo hiciera yo mismo.

“A partir de entonces”, con el espíritu henchido de alegría, en el palenque de mis pensamientos se reproducen recuerdos, y se multiplican tanto el respeto por el toreo como la admiración por los novilleros CUANDO DE VERDAD QUIEREN SER TOREROS.

Por eso me encanta GARABATO, escenario de “MI PRIMERA VEZ”, Y ME ENCANTA EL RECUERDO DE MI DEBUT COMO NOVILLERO EN LA PLZA SAN MARCOS… “A partir de entonces” supe que el rumor coral de los tendidos se asemeja a las plegarias comunitarias en los templos, o en su caso, y sin profanar la plaza de toros, al alegre murmullo de los mercados. “A partir de entonces”, y “soñando que soñaba” con torear en la San Marcos, el lucero fugaz del toreo convirtió mi vida en una fiesta viva y reinante. “A partir de entonces…”

Author: José Caro