LA EXPRESIÓN DE PEDRO BILBAO

El edificio taurómaco del barrio de San Marcos en Aguascalientes, esta tarde por nada se registra una entrada de tres cuartos. El público mantiene su entusiasmo y deseos de disfrutar la tauromaquia práctica.

De los potreros del Garambullo, para dar entidad a la función, se embarcaron cinco novillos cómodos de testa, aunque de excelentes cajas que denotaron su edad correcta y sus buenas pilas en el comedero, pero calificados de malos y sosos algunos, y hasta broncos otros. A los montados acudieron topando bruscamente y hasta algún tumbo y varios disgustos causaron a los del castoreño, quienes no perdieron oportunidad de lucir la bella suerte.

El tercero de la tarde procedió de la casa “Castorena”, el cual no desafinó con el mal comportamiento de sus compañeros de patíbulo.

De lo mejor de esta que resultó ser la segunda novillada de la campaña, fue el profundo y aromático toreo del aguascalentense Pedro Bilbao, quien imprimió crecidas sensaciones entre el cotarro.

Para dar apertura la función, abrieron el portón de toriles, por cuyo espacio salió un ejemplar fuerte, de excelente estilo en sus embestidas; no obstante, en la tercera serie inició a regatear y a unir las pezuñas en la arena. Pero cuando hay talento y disposición, no se invocan los pretextos, y el peninsular imberbe José Antonio Lavado (al tercio) firmó sus buenos modos, sus conocimientos y la parte técnica que ha adquirido. Lamentablemente pinchó para dejar luego una estocada tendida, delantera y contraria, perdiendo quizás un auricular.

Un ingrato novillo liberaron en segundo lugar. Manso él, se convirtió en un marmolillo casi imposible de hacerlo pasar. Sin embargo, cuando se es artista y se tiene sentimiento, surge la tauromaquia y se conmueve a la clientela. Así, con irresistible vehemencia y valor apacible, el local Pedro Bilbao (al tercio) obligó al adversario a seguir el trayecto de su muleta, la cual manejó con una expresión plástica estrujante, burilando detalles de hondísima ejecutoria taurina. Pese a sus desatinos al empuñar el alfanje, dejó una impresión muy importante entre los parroquianos.

Cuajado, cabal y derecho novillo fue el tercero de la tarde. Y resultó problemático, áspero y bronco; sin embargo, y aunque sin manifestar progresos notables, el joven Rafael Díaz de León (discretas palmas) se dio afanoso y cumplió apenas para salir del paso y quedar en situación absolutamente neutral.

Para diluir dudas, en cuarto turno apareció otro bóvido bronco, de nervio y abiertamente complejo. Apenas libre en el nimbo, arrolló a cuanto objeto se movía; pero ante él se plantó un joven tlaxcalteca, José Alberto Ortega (palmas), que con torería, talento y recia escuela le obligó imperiosamente a sucumbir en su muleta, no sin sufrir una salvaje voltereta por perderle la cara al duro antagonista al que, ya formada la interesante faena, despachó de un mete y saca accidental.

En esta hoja, por lo pronto, no puede decirse del aguascalentense Jorge Esparza (vuelta por su cuenta tras aviso) más que se dejó observar obstinado, con el claro objeto de complacer a la concurrencia, y cierto buen trazo, sobreponiéndose a una res incierta, que regateaba las embestidas y a la que finiquitó no sin verse en demoras.

El ejemplar menos malo de la partida fue el sexto, y con él algo expresó sus finas maneras el duranguense Eduardo Neyra (palmas tras aviso) quien, según lo soso del bicorne, hubo de emplear más tiempo en acosarlo que en ejecutar muletazos. Luego de tanto machacar y bien poco cosechar, ejecutó una estocada ligeramente pasada.

ECOS FOTOGRÁFICOS DE LA SEGUNDA NOVILLADA

Author: Sergio Martín del Campo Rodríguez