EN TANTO NO SURJA EL NOVILLERO SENSACIÓN EL ÁNIMO DE LA AFICIÓN MODERNA SERÁ FLAMA DEBIENDO SER INCENDIO

12 de marzo 2019

“Espera”, paciente “espera”, siguiendo el paso de los días, la “espera” existe resignada sin que la dilación se convierta en tormento.

“Espero”, en paciente “espera”, siguiendo los pasos de la esperanza, “espero” que no dilate en hacer su aparición el novillero “sensación”. Novilleros hay muchos, pero no todos, ni siquiera el uno por cierto de ese “montón”, se perfilan a manifestarse como revelación que, sorprendiendo, merezca ser titulado como “sensación”.

Platicaba de mi espera. Y cuando lo hacía me di cuenta de cuánto añoro los días en los que, impresionado con las novedades, me sorprendían los toreros de ayer. No eran una calca unos de otros; no eran imitaciones unos de otros; no eran calcomanías unos de otro; el papel carbón era un estorbo para la imaginación. Cada novillero se sabía diferente, cada novillero hablaba por sí mismo. Y en su diferencia había algo de “sensacional”; y en su hablar su abecedario tenía algo de “sensacional”.

La modernidad mató la esencia dadora de espontaneidad

Platicaba de mi espera… Y cuando lo hacía me di cuenta de que son los recuerdos los que me tienen encadenado a un pasado imposibilitado para renovarse. Platicaba de mi espera… y cuando lo hacía me di cuenta de que mi atadura al pasado me impide “gozar” con los brotes del renuevo.

¿Cómo me siento? En la “espera” me siento atado a un abismo sin fondo en el cual no se puede dar un paso para atrás ni para adelante. Inmóvil, sigo en resignada “espera”.

Platicaba de mi espera… ¡Cuánto te dilatas novillero “sensación”! Y cuando lo hacía, tocado ya por una irreprimible sensación mortificante, me di cuenta de que había errado la estrategia para desligarme de las amarras del pasado, y el resultado me produce bochorno. Tengo sed, mucha sed. Sed que solo podrá mitigar la fantasmal presencia de un caballero audaz que abra nuevos y vastos horizontes. Tengo sed, mucha sed, siento que en la “espera” a mi espíritu se le reseca el paladar. Siento como si mi espíritu se desplomara agotado reviviendo en los recuerdos a aquellos ídolos del ayer que ya no responde a las expectativas del presente…

Platicaba de mi espera… ¡Cuánto te dilatas novillero “sensación”! Y cuando lo hacía recordé que fueron aquellos grandes toreros, presos en mi memoria, lo que se significaron

por haber sido guía e inspiración para muchas generaciones de aficionados; recordé que aquellas luminarias fueron luz en el paraíso de las fantasías, y que por ello los recuerdo sin poderlos despertar para que se dan su lugar al tan esperado novillero “sensación”.

Platicaba de mi espera, y esperando comprendí que los toreros, los grandes toreros del ayer sólo tiene sentido si se les ubica en el sitio que corresponde: EN EL PASADO, Y LO PASADO, PASADO PORQUE SE FUE… PASADO PORQUE YA NO PUEDE REGRESAR…

Tengo sed… ¡Mucha sed! ¡Cuánto te dilatas novillero sensación!

Platicaba de mi espera. Y platicando entendí que los tiempos actuales tienen otros reclamos: el primero de ellos es dejar en claro que, al menos como aficionados a los toros, somos “flama debiendo ser incendio”. Me reclama el tiempo… El segundo de ellos tiene carácter normativo y sugerente; apostrofando que, si bien no es un desprecio a los antiguos toreros, puesto que de ellos me he nutrido, pese a su sana evocación, la vida moderna de la Fiesta parece trunca toda vez que su renovación se reduce a calcar su imagen dando luz a héroes fantásticos de humo… ¡CUÁNTO TE DILATAS NOVILLERO SENSACIÓN!

Me queda claro que el aficionado moderno debe respetar y admirar a la cultura clásica del toreo, lo cual implica que se les venere como grandes ídolos a los gigantes del pasado, máxime que, como se consigna renglones a atrás, ellos nutrieron el mundo moderno, pero, siguieron el paso de los días quedando reducidos en el fantasma de su sombra,

EL PASADO ME DAJA CON SED EN EL PALADAR… ¡CUÁNTO TE DILATAS NOVILLERO SENSACIÓN!

Author: José Caro