ARRASTRE LENTO

LA FORMACIÓN DE LOS NOVILLEROS ES UNA RELACIÓN DE ACIERTOS Y ERRORES.

¿Por qué descalificar a quien, como Miguel Aguilar, está haciendo sus pininos?

Seguramente así ocurrió: luego del trajín de las ideas que se agolparon en mi mente acalorada, y vencido por el sueño, debí dejar el libro que leía sobre el costado de mi almohada, a su vez “calientita” por la cercanía de la lámpara encendida. Lo mismo ocurre en las suaves noches en la que el sueño se dilata en activar sus efectos dormilones, dando con ello oportunidad a que la vigilia me permita vagabundear alegre entre libros y revistas. Hoy por la mañana, sin sorpresa alguna, encontré el libro abierto en la misma página que leía antes que los párpados bajaran dulcemente el telón del día.

Me gustan las noches como la de ayer: noches de desvelos, gracias a la morosa actitud del sueño me ha sido posible escudriñar con avidez y curiosidad entre los libros, las revistas y los periódicos que se apilan con grosero amontonamiento en mi habitación.

La vigilia nocturna  

Me gustan las noches como la de ayer: noches de desvelos, noches en las que el minutero del reloj gira con acompasado ritmo hasta indicar que ya es de madrugada. Me gustan las noches como la de ayer. En vigilia son noches de descubrimientos, y de madrugadas que sorprenden. En la madrugada de hoy, leyendo el mentado libro, encontré el párrafo en el que el autor descubre que hay toreros que al menor roce de un soplido de paloma se ven tendidos en tierra, para no levantarse nunca más. Me gustan las noches así, pero sobre todo las madrugadas en las que las ensoñaciones y las somnolencias se asocian para vencer a la razón creando fantasías.

Me gustan las noches como la de ayer; noches que me hacen dormir con el convencimiento de que la trayectoria de los novilleros debe ser un como el mecanismo que engarza las perlas en el collar, y que si se extravía una, ya habrá tiempo de recuperarla…

¿Por qué la obsesión de lastimar a Miguel Aguilar reclamándole que no haya estado técnica y artísticamente a la altura de su tercer novillo el domingo pasado en la plaza San Marcos? ¿Por qué –me preguntaba- habrá supuestos calificadores de toros y toreros que se creen actores sin darse cuenta de que en realidad su papel está muy por debajo de los protagonistas que se visten de luces para armarse de valor, crecer emocional y espiritualmente, formarse -como hombres y toreros- y llegar a construir una historia que hable de su dignidad profesional?

Con ese ácido saborcillo desperté hoy, y en tanto mis ojos, restregado por los dardos de la luminosidad hiriente de la mañana se acostumbraban a la luz, me vi torero, acaso porque así me recordé, y recordé cuando, de aspirante a novillero ya había quien amenazadoramente me reprobaba por no haberle cuajado una obra de arte a un cebú, y recordé el escandaloso petardo de Manuel Benítez “El Cordobés, notable celebridad que cual fenómeno y revolucionario, causaba lastima y pesar en sus inicios. En la regadera llegue a la conclusión de que este colosal personaje –don Manuel- tiene mucho de mí, o que tal vez yo quisiera tener mucho de él.

Pero de quien no aspiro a tener algo de ellos es de quien se auto alaba en su propia ignorancia y presunción…

Author: José Caro