LA EMOCIÓN Y EL PELIGRO –SENTIMIENTO DE RIESGO- SON EL MEDIO MÁS EFICIENTE, PRIMERO EN LAS NOVILLADAS, DESPUÉS EN LAS CORRIDAS DE TOROS, PARA LOGRAR UNA COMUNICACIÓN DIRECTA CON EL “BUEN AFICIONADO”

El “buen aficionado” sabe que los novilleros que se están abriendo camino en cada actuación hacen una íntima ofrenda de su vida, y para ellos no hay nada más duro que abandonar el ruedo, como la trinchera los guerreros, con los brazos caídos y la mirada en el piso.

El “buen aficionado” sabe que el verdadero novillero, de rasgos firmes y decididos, tenedores del brío de los titanes, es la fiel estampa de su alma. El “buen aficionado”, potencial poeta imaginario de corazón ha podido ver que cuando al novillero -de verdad novillero- le acompaña la desgracia en el fragor de la escaramuza y resulta herido, las arenas se ven teñidas de sangre, pero de sangre pura, aquella que por no haber tenido aún contacto con la inmundicia del mercantilismo, han bebido los dioses para su fortalecimiento y complacencia.

El “buen aficionado” sabe que el metal es purificado pasándolo por el fuego; el “buen aficionado” sabe que los novilleros se purifican cuando se desborda su sangre por las heridas y los golpes. El “buen aficionado” sabe que el novillero necesita rociar el jardín de sus ilusiones, ¡con su propia sangre!

Así son los “buenos aficionados”; y son ellos lo que en primera instancia le brindan un tratamiento serio y respetuoso a todo aquel novillero que sale al ruedo a jugarse la vida sin escatimar entrega.

El “buen aficionado” sabe lo que es una novillada; sabe que es un evento en el que los actores, carentes de experiencia, ponen en juego su vida con la disposición de un mártir. Y esa disposición y entrega se traduce en “emoción”. El “buen aficionado” sabe que la “emoción” es un movimiento excitante que conmueve a los espectadores. Así de persuasiva y adictiva la “emoción taurina”. El “buen aficionado” sabe que la “emoción” es una experiencia dentro del alma del espectador conmovido por las manifestaciones físicas y psicológica de toros y toreros.

Así las cosas, los “buenos aficionados” han de decir que es la “emoción del riesgo” la que le da calor y vida al espectáculo del toreo: el “buen aficionado” sabe que es ella, la “emoción”, la que hace atractivo o repulsivo las tardes de toros.

Séame entonces permitido aclarar que el “buen aficionado” se excita más por el influjo de las “emociones” y sentimientos que por razones. Quede entonces entendido que las “emociones” son más tenaces que las ideas, y que son manifestaciones que se traducen como medios de comunicación.

EL TOREO SE COMUNICA TRANSMITIENDO “EMOCIONES”, Y SI AL TOERO LE FALTA LA CAPACIDAD PARA GENERARLAS SIMPLEMENTE NO SE COMUNICA CON LOS ESPECTADORES, EL “BUEN AFICIONADO” QUEDA CON UN RARO VACÍO EN EL ALMA…

Author: José Caro