ARRASTRE LENTO.

ESPEJOS NUEVOS… MENTIRAS VIEJAS EN EL TOREO MEXICANO. ¿QUÉ PASARÁ CON LUIS DAVID EN SU REAPARICIÓN EN MADRID?

El miércoles me dormí teniendo en la mente -imaginación- la espectacular solemnidad y honda gravedad de Madrid. Afortunadamente los medios electrónicos, como la televisión y la internet, están facultados para trasmitir realidades; y realidad es que Madrid, pese a cualquier oposición que se manifieste en sentido contrario, es la plaza más importante en el universo del toreo; y es realidad es que en dicho “teatro” se produce el espectáculo del toreo como “UN ARTE ESCÉNCIO DE ALTO NIVEL”.

Ayer -miércoles-, al incorporarme para iniciar mis actividades de todos los días, y luego de sacudirme la fatiga del fuego apagado del tórrido ajetreo que sostuve con la seductora almohada de mi cama, me vi en el espejo y, la verdad, sentí compasión “por el rostro de enfrente”. Compasión traducida como la consecuencia de ver una cara feamente garabateada, dibujada en moldes de tentativas no logradas.

La imagen que tenía ante mis ojos era la de una grotesca forma facial ensanchada que, ante la interrogante planteada por el murmullo de la somnolencia, no encontraba respuestas a las preguntas formuladas en la somnolencia. Sentí compasión misericordiosa al verme en el espejo: y si bien sentí compasión, también experimenté regocijo al ver que el espejo, resistente como el acero, no se deshacía en pedazos maltrechos. Y hasta sonreí cuando recordé el episodio de la espantosa bruja aquella que, ignorando ciegamente su fealdad, le conminaba al espejito para que el trance de horror, viéndose a sí misma, lo convirtiera en dulce mentira.

Me vi en el espejo, y en un derroche ensimismado de conciencia salí al encuentro de la realidad para preguntarle ¿EL TORERO MEXICANO TIENE LA “CATEGORÍA” SUFICIENTE PARA PARTICIPAR EXITOSAMENTE EN UN ARTE ESCÉNCIO DE ALTO NIVEL? Alguna limitante tiene el mexicano pues hace “añales” que no “cala hondo” ninguno en la meca consagrada del toreo. ¿Por qué?

Luego hice oídos sordos a la voz del espejo, ignoré los garabatos del rostro que gesticulaba y continué riéndome de la tierna bruja que le quiso escamotear la verdad al espejito resignado del cuento aquel. Entendí que ante el espejo y el toreo no hay horror más escandaloso QUE LA MENTIRA.

Cuando me acicalaba la cabellera desordenada comprendí las bondades de mirarse en el espejo; ante él se desprenden mentira y preguntas. Y mientras daba un manotazo virtual a la imagen del espejo, y ya de camino al sitio donde escribiendo y escribiendo trato de eliminar la oxidación y la polilla del tiempo, me dispuse a retozar con la pregunta que desde la noche anterior me inquietó: ¿EL TORERO MEXICANO TIENE LA CATEGORÍA SUFICIENTE PARA PARTICIPAR COMO PROTAGONISTA ESTRELLA EN UN ARTE ESCÉNICO DE ALTO NIVEL Y TRIUNFAR APOTEÓSICAMENTE?

La frescura matinal me hizo afirmar categórico. ¡SÍ!, el torero mexicano está facultado para ser estrella en cualquier plaza del mundo. “Espejito”, dime la verdad, ¿qué les pasa a los mexicanos en Madrid?

Escribía y escribía, y haciéndolo me quedó claro que el espectáculo del toreo en Madrid tradicionalmente ha sido un acontecimiento tan solemne que, pintado en hirientes colores, la razón se resiste a devaluar. “Asalta” por la multiplicidad de actos repletos de gravedad, y “conmueve” por la severa eficiencia con la que convence. El toreo en Madrid es un fenómeno sensual en el que el sudor frío estremece. Tan es así que el espejito en el que se miran los diestros en el hotel antes de ir a la plaza parecer reír cuando se dibujan en el semblante de los toreros los rasgos de un “responsable apuro”. Señal de inquietud son sus labios resecos, y su mirada en conflicto acusa aflicción. ¿Por qué?

-“Espejito”, “espejito”, dime tú ¿QUÉ LES PASA A LOS TOREROS MEXICANOS EN MADRID? Dime ¿QUÉ PASARÁ CON LUIS DAVID EN SU PRÓXIMA REAPARICIÓN EN DICHO COSO? El espejo guardó silencio. Finalmente, y sin dar con la respuesta para contarla, lo único que pude escuchar fue la carcajada en burla de la bruja malvada que escuchaba el diálogo que yo sostenía con la luna -espejo- de fantasía.

Author: José Caro