SI HEMOS LIMPIADO NUESTRA TIERRA, Y RENOVADO NUESTRO CIELO, NUEVAS SERÁN LAS ESTRELLAS DEL TOREO MEXICANO

Lo escuché con agrado. Veíamos ayer por la televisión lo que ocurría en el ruedo de Las Ventas –Madrid-, cuando una voz repelona, comparando un espectáculo con otro, alababa al de la capital iberia, y entre lamentos criticaba “lo mexicano”. Fue cuando se pronunció la razón: “España tiene su Fiesta, y México la suya, y aunque literalmente es la misma, las maneras de entenderla y realizarla son diferentes, PERO ALLÁ Y ACÁ LA FIESTA BRILLA, DESLUMBRA, CONMOCIONA, EXCITA Y ATRAPA”.

Fue cuando otra exclamación acotó: “Que los aficionados “viejos”, los que creen que la Fiesta se acabó, se vayan con su cuento… El toreo, especialmente en Aguascalientes, ¡ESTÁ MÁS VIVO QUE NUNCA! y honores y respeto habrán de merecer las nuevas constelaciones de astros agrupados en torno al sol que les dio origen…”

¿Por qué las generaciones de aficionados “viejos”, en los que las sucesivas -generaciones- que les han sucedido depositaban en ellos todas sus confianzas para aprender y dejarse llevar por su guía como si acaso fuesen superiores -a muchos niños los “viejos” los llevaron de la mano a las plazas de toros- le parece dar por concluido el fenómeno del toreo?

Hoy me pregunto: ¿Es cierto que los aficionados de principios del siglo pasado –y sus inmediatos sucesores- creyéndose graduados en la ciencia del toreo, en realidad fueron más juiciosos -¿y sabios?- que los nacidos en el presente siglo? Cierto es que la experiencia sabe más que la novatez, empero… ¿?

Lo cierto es que parecida réplica, la cual suena a “lamento” –suspiro con toque de tristeza y fatiga- se deja escuchar por ahí en las voces de los pocos aficionados “viejos” que subsisten en Aguascalientes y que con doliente palabrería afirman que el toreo de hogaño es una pálida sombra del de antaño. Y sin proponérselo, vuelven a sentenciar que, por lo menos en el toreo mexicano, “todo pasado fue mejor”, al grado de hacer creer que el actual vive en “una noche negra”.

Luego de que mis ojos han sido testigos de las “excelentísimas” entradas que se han registrado en las últimas temporadas de novilladas realizadas en la plaza San Marcos, lo cual manifiesta el interés que el toreo sigue despertando –especialmente entre jóvenes y niños-, así sea como producto de una moda afortunada, me queda la idea –convicción de que mi pensamiento pueda ser error, más no delito- de que los grandes señores –los “viejos” aficionados-, reculados en el ayer, no estiman prudente aceptar que el toreo si bien ha –está- “envejeciendo”, también ha –está- “madurando”.

“No les cabe”, -ruego la indulgencia del amable lector por recurrir a una expresión popular que en este caso nada tiene de prosaica ni vulgar -sí, no les cabe- que el toreo es una “sucesión hereditaria” sujeta a las permutas que obliga la necesaria adaptación a los tiempos, modas y costumbres.

“No les cabe”, a los aficionados remilgosos que al aceptar las maneras y condiciones del toreo moderno no se destruye ni la majestad ni la reputación de los grandes héroes del toreo que fueron base y principio de una “herencia” que ciertamente ha cambiado de aires, tonos y matices –ambientales- culturales, pero que no deja de ser efecto y sucesión de un mismo tronco.

¿Por qué los aficionados “viejos buscan el paraíso del toreo a tan grande distancia y lo quieren encontrar en el pasado que ya se fue? ¿Por qué cambiar el presente por el pasado que ya no existe, ni por el futuro que no llegará más que en forma de “novedosa herencia”?

Author: José Caro